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Cualquiera sea el triunfador en la elecciones de junio en la ciudad de Buenos Aires, el resultado político será el mismo. Los tres candidatos con mayores posibilidades de acceder a la jefatura de gobierno disputan el derecho a administrar una institucionalidad fundada en la desnaturalización de la soberanía popular, y sometida a la opinión prevaleciente en los círculos tradicionales del poder económico.
En Buenos Aires, así como en la Nación, impera el orden de los grandes negocios, y puestos al mando de la gestión comunal, Filmus, Macri o la alianza Telerman-Carrió, aceptan esta verdad de “sentido común”, cuya expresión más apropiada es el kirchnerismo gobernante.
El reflujo que sucedió al movimiento de masas de diciembre de 2001, ante la ausencia de un programa, una organización y una dirección política, le permitió a una de las dos fracciones que disputaban la conducción del bloque dominante en los meses finales de la convertibilidad, salvar la crisis de representatividad que afectaba al conjunto de las instituciones y proceder a una restauración del antiguo status quo. La presidencia de Duhalde y posteriormente la de Kirchner, demostraron que a partir del 2002 la gran burguesía exportadora era la que dictaba las medidas fundamentales del programa gubernamental, sin que sufriera cambios de fondo el modelo de la dependencia; mientras que las elecciones de 2003 pusieron en evidencia que el “que se vayan todos”, había terminado en un retorno masivo de las viejas figuras repudiadas por la rebelión popular.
En las próximas elecciones de junio la candidatura del ministro Filmus expresa la promesa de un alineamiento pleno de su gestión respecto al gobierno nacional. Su victoria es importante para consolidar el grado de centralización institucional que necesita el kirchnerismo con vistas a negociar con los distintos círculos del poder económico. Se trata de un gobierno tramposo, propagador del doble discurso, comprometido en mantener el programa estructural del neoliberalismo de los 90 (privatización de las empresas públicas, apertura económica y financiera a favor de las fracciones más concentradas del capital local y extranjero, entrega de los recursos naturales, “flexibilización laboral” según la matriz heredada del menemismo…), y firmemente alineado con el imperialismo norteamericano en asuntos estratégicos, como lo demuestra su papel en los planes de ataque a Irán por parte de los fascistas de la Casa Blanca, su seguidismo hacia la burguesía sionista del país del norte, su aval a la patraña judicial en la investigación del ataque terrorista a la AMIA.
¿Pero acaso las candidatura de Telerman o de Macri ofrecen una alternativa a esta continuidad? Telerman es un oportunista, ayer menemista y hoy políticamente kirchnerista, peleado con kirchnerismo, pero con intención de llegar a un acuerdo con Kirchner de lograr mantenerse en la jefatura de gobierno. Su socia Elisa Carrió no es mucho mejor, según lo demuestra su “contrato moral” con Patricia Bullrrich, ex montonera, ex menemista, ex cavallista, ex encargada de aplicar la Ley Banelco en el gobierno De la Rúa, ex… La alianza cívica que la señora Carrió preside es el moralismo tradicional de la pequeña burguesía transformado en programa político, que se horroriza de la corrupción y la monopolización de poder en las esferas gobernantes, pero pasa por alto que estas “deformaciones” reflejan la naturaleza profunda de un orden político institucional, ajustado al interés de las grandes corporaciones locales y el capital extranjero.
A su vez, Mauricio Macri es la expresión de la derecha de los años 90, aunque reciclada en las condiciones del nuevo siglo. El grupo económico del que procede consolidó sus negocios en la época de la dictadura, integró la “patria contratista” en los 80 y participó del festín de las privatizaciones en la década menemista. Ex socio de Sobisch y aliado de López Murphy y Blumberg, la producción más notable de su fuerza política en Buenos Aires ha sido el código de convivencia urbana, aprobado en connivencia con el ibarrismo, y destinado a imponer en la ciudad el orden clasista y represivo, contra las distintas manifestaciones de la protesta social.
Más allá de sus diferencias, Carrió, Macri, y en otro orden Lavagna, expresan plena continuidad con los fundamentos del modelo económico-social vigente. En esto no se diferencian del gobierno de Kirchner, y en esto reside su imposibilidad de sostener una oposición que vaya más allá de los juegos parlamentarios.
Mientras tanto la crisis de representatividad, clausurada provisoriamente con la restauración del 2002, no está resuelta. Las luchas de los petroleros ayer, y de los docentes y municipales hoy en Santa Cruz, de los docentes en Neuquén; las movilizaciones en Salta contra la autocracia del gobernador Romero, las acciones sindicales de los trabajadores en defensa del salario y de las condiciones de trabajo, la batalla de los campesinos por la tierra en provincias como Santiago del Estero, son la manifestación de que un realineamiento por abajo se está produciendo en lo profundo de la sociedad argentina. Más allá de la democracia institucional, una democracia colonial de políticos domesticados, confiscada por las maquinarias electorales tradicionales y desnaturalizada por el negocio capitalista de los grandes medios de difusión, un nuevo ciclo de experiencia colectiva ha abierto su cauce. Las luchas y movilizaciones de hoy no tienen aún expresión política; constituyen la primera respuesta de las líneas avanzadas del movimiento popular ante un modelo político, económico y social dirigido a consolidar la concentración de la riqueza y la dictadura del gran capital. Señalan el camino hacia la construcción de un amplio Frente Nacional Antiimperialista, expresión política de una voluntad popular militante, decidida a terminar con todas las manifestaciones de desigualdad, explotación y discriminación, y a poner fin a un régimen de dependencia que ha convertido al país en una semicolonia del capital trasnacional.
Las organizaciones firmantes de la presente declaración señalan, en consecuencia, que la abstención, el voto el blanco, la anulación del voto marcarán en estas elecciones la presencia de un realineamiento de base, orientado hacia la acumulación de fuerzas necesarias para terminar con el presente sistema de dominación de clase y enfeudamiento nacional; implican, sobre todo, un corte radical con una institucionalidad que es negación de la soberanía popular y mecanismo de perpetuación del orden existente.
Grupo Socialismo Latinoamericano
Partido Socialista de la Izquierda Nacional (2da Época)
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