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  • Entrada del 14/10/2008 - 00:12

Sobre la violencia IX

Lucas Paulinovich

Jorge

Al hablar de la concordancia en la versión histórica, precisamente, trataba de aludir al acuerdo respecto de la interpretación de los hechos. Quizá mi expresión, le asumo una vez más, no fue la apropiada. Pero mi intención mas pura fue esa, ya que esta en ciernes la conformación, o formalización, de un grupo militante, establecer un marco objetivo-interpretativo común, en base del cual, todos, postreramente, podamos extraer nuestras propias deducciones subjetivistas. Teniendo una base de referencia, las conclusiones de apreciación, muy seguramente, no distarán demasiado. Los datos y hechos concretos y mensurables, deben ser la argamasa constituyente de ese suelo sostenedor, no hay dudas de ello; el entendimiento dado a ellos, sin embargo, es el que debemos conciliar, al menos en sus elementos más centrales, entre nosotros, para lograr solventar una matriz ideológica-política. A eso me refería, a esa conciliación.

Discrepo, de todas formas, con tu afirmación respecto a la imposibilidad de discusión con quienes sostienen una mirada histórica antagónica, amparadora de la dominación oligárquico-burguesa. Creo, precisamente, que la tarea revolucionaria, o una faz muy sustantiva de ella, radica allí. La discusión, o tal vez el préstamo del oído para humear qué dicen, con los sectores opuestos, pese a que sostengan intereses de grupo, clase o casta y pugnen por la profundización de las condiciones de opresión, es una labor fundamental en el desarrollo revolucionario de las condiciones subjetivas. Permite eso fortificar los conceptos libertarios, y además, tal vez poner en marcha una maquinaria proselitista, siempre en el buen sentido, que lo tiene, de este término, en suma, al conocimiento de los fundamentos ajenos. Pero son apreciaciones, en este caso, menores. 

Coincido con lo dicho sobre los sucesos del ’55. Las especulaciones, asimismo, reflejadas de los hechos históricos concretos, no las considero como contraproducente al análisis de los hechos. El psicologismo, no arrancado y a parte del contexto objetivo, me parece un aditamento, considerable o no, al vistazo histórico. Es una dosis de opinión que el analista propina, y verdaderamente, veo como venerable la aparición de opinión traslúcida en cualquier manifestación. La objetividad, al ser imposible, no puede ser falsificada; por eso mismo, me resultan, al menos, importunos, quienes, haciendo gala de cierta imparcialidad, derrochan grotescas expresiones y caen en torpezas estrafalarias. No es el caso, afortunadamente, este foro. Así, entonces, el análisis especulativo sobre las dubitaciones o evaluaciones de Perón, siempre y cuando se atengan al marco histórico-material concreto, no son desdeñables. No le brindo, tampoco, principal relevancia. Deben ser vista como lo que son: agregados decorativos que enmarcan al receptor del análisis según la perspectiva del analista. Un fundamento más. Perón abandonó un proceso de tinte emancipatorio ante una tímida y aislada sublevación, cuando las bases sociales de sustento le reclamaban fervorosas la consolidación de la liberación, ese es el suelo innegable, lo histórico-concreto, lo que debemos concordar en primera instancia. A partir de allí, en efecto, es factible realizar los supuestos psicologistas o ideologistas que se deseen, pues se muestran como juicios valorativos propios del autor. Esta en el buen lector de los eventos saber comprenderlos. Un exceso de rigurosidad que conduzca a la eliminación tajante, a diestra y siniestra, de estos elementos, también, puede devenir en un cientificismo, pecando entonces de múltiples deficiencias, que carcomen tanto la historia como cualquiera de las expresiones polares. Ponernos de acuerdo en la interpretación dada, también, será importante, y para ello necesitamos discutir. En buena hora que eso ocurra.

Saludos. 

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