• BloginDebate sobre la Izquierda Nacional
  • Entrada del 20/03/2008 - 23:42

Sobre la fe religiosa

Ya que la síntesis en 4 puntos que realicé sobre tus planteos te parece correcta, comenzaré a referirme a ellos. Lo haré “paso a paso”, a fin de no sobrecargar cada envío.

En este envío tocaré el tema de la “fe religiosa” (el marxismo) que en tu opinión animó a la Izquierda Nacional en los 60. Dejaré de lado una cuestión importantísima que habría que considerar: si la Izquierda Nacional se constituyó a partir de aquella “fe religiosa” y a ésta hoy nosotros la abandonamos, ¿qué queda entonces de la Izquierda Nacional? Es un problema que ya se le presentó a Ramos. En un primer momento, él construyó su “cosmovisión teórico-política” derivándola del marxismo. En un segundo momento, pretendió abjurar del marxismo. Pero, ¿cómo abjurar del marxismo sin que ello significara tener que abjurar de su cosmovisión político-ideológica derivada de ese marxismo?  Es decir: ¿cómo abjurar del marxismo sin abjurar al mismo tiempo de la Izquierda Nacional? Tal vez la respuesta a esto haya sido práctica y no teórica: el Ramos del “primer momento” construyó un partido político y una corriente ideológica; el Ramos del segundo momento destruyó todo lo que había construido. Y no deja de ser instructivo el hecho de que la destrucción final de su partido Ramos la haya efectuado en nombre de la lucha contra “los doctrinarios” que anteponían (anteponíamos) los principios de la Izquierda Nacional a su decisión de sumarse al menemismo. Pero dejaré esta cuestión.

Quiero ahora hacer una referencia a la supuesta “fe religiosa” de la Izquierda Nacional de los sesenta.

¿Qué quieren significar los académicos postmarxistas, muchos de ellos más o menos lacanianos, cuando hablan de la “fe religiosa” de los marxistas a los que califican como “dogmáticos”. Lo que quieren significar es que ese marxismo “dogmático” carece de rigor científico. Es “apenas” una fe, una mera creencia, sin basamento racional ni empírico. Al llamar “fe religiosa” a la adhesión a ciertas concepciones teórico-políticas sobre lo social, quieren descalificar simultáneamente a esas concepciones teórico-políticas y a quienes las sustentan.
Una primera respuesta sería negar que el marxismo sea una “fe religiosa”. Y con más énfasis negar que tengan derecho a llamar despectivamente al marxismo “fe religiosa” precisamente aquellos que creen en las elucubraciones de los lacanianos franceses o afrancesados.

Pero yo ensayaré otra respuesta: ¿qué tiene de malo la fe religiosa?

Consideremos lo siguiente. En nuestros días, el eje de la lucha de clases a nivel mundial parece situarse en Oriente Medio. Allí, los mejores luchadores populares enfrentan al imperialismo con acciones tan heroicas, entre otras, como inmolarse con los explosivos que llevan en su cintura. Los imperialistas y sus aliados sionistas llaman “terroristas” a estos luchadores populares. ¿Cómo los llamarán los lacanianos? Vaya uno a saber. Pero lo que sí sabemos es que si los jóvenes combatientes en Palestina o en Irak se inmolan en nombre del Islam y de Mahoma, no hay nadie en ninguna parte que vaya a inmolarse en nombre de Lacan y del Psicoanálisis. Este solo hecho bastaría para que respetáramos más el sistema de creencias de los musulmanes que el que profesan los psicoanalistas de Buenos Aires o París (Entre paréntesis, tal vez María Laura Méndez encontraría material más valioso para su búsqueda del “sujeto” entre los palestinos de Hamas, por ejemplo, que entre los zapatistas del mediático subcomandante Marcos).

Ya que mencioné al Islam, mencionaré ahora al cristianismo. San Agustín, el padre de la filosofía cristiana, decía que “la fe es el peldaño de la intelección y la inteligencia es la recompensa de la fe”. Es decir: la fe debe completarse con el entendimiento, pero el entendimiento presupone la fe.

Lo que acabo de decir debe resultar perfectamente comprensible. Las personas no somos computadoras con cerebro electrónico. Nuestro cerebro está anudado al sistema endócrino y eso impide que tengamos “ideas puras”. De carne somos: lo que “sentimos” colorea lo que “pensamos”. Solamente “sentir” no alcanza para aprehender un fenómeno. Pero “pensar” solamente, sin “sentimientos” que envuelven al pensamiento, resulta imposible. Es decir: somos a un mismo tiempo “afectos y razón”. Nuestra compañera Mariela, que está estudiando el feminismo, podría decir, seguramente, que esta “doble dimensión” que a todos nos atraviesa, sirvió para “ontologizar” en las sociedades patriarcales una mujer/afecto, de un lado, y un varón/razón, del otro.

En cualquier caso, los que hemos militado en el FIP experimentamos muchísimas veces esta imbricación entre lo emocional y lo racional. ¿Acaso no nos hipnotizaba el Colorado Ramos con sus discursos plagados de metáforas y de falacias pero, al mismo tiempo, de originalidad intelectual? ¿No tenían las palabras de Ramos la capacidad de interpelar no sólo nuestra esfera racional, sino también la emocional? ¿No nos proporcionaba Ramos una “fe”, además de un convencimiento meramente intelectual? En este sentido, podría decirse, la Izquierda Nacional Militante era una “fe religiosa”. No exactamente “religiosa”, por supuesto. Era, la Izquierda Nacional Militante (el PSIN, el FIP, hasta cierto punto el MPL), una entidad politica constituida al calor de una convicción que incorporaba elementos racionales y emocionales. ¿Y podía ser de otro modo?

No, no podía ser de otro modo. Librada a sí misma, la “fe” de la que hablaba San Agustín no va más allá de un “primer peldaño” y muere finalmente. Pero la inteligencia, la razón, sólo llegan a emerger en el humus de la “fe”. La Izquierda Nacional Militante de los sesenta sintetizaba la “fe” en un mundo distinto, sin opresores ni oprimidos, y la convicción racional en los postulados de un marxismo latinoamericanista. El desmoronamiento de la Izquierda Nacional Militante sobrevino cuando se apagó el fuego de la fe en sus dirigentes y militantes. Los golpes de la contrarrevolución contribuyeron seguramente a que la fe se apagara (¿Acaso el mismo Cristo -perdón por estos ejemplos tan exóticos- no se creyó abandonado por Dios cuando era torturado en la cruz? Una realidad hostil hace dudar hasta al más firme de los creyentes). Pero lo que se apagó fue “la fe”, el “optimismo de la voluntad”, parafraseando a Gramsci. Y sin ese “primer peldaño”, todo lo demás se puso en cuestión. Sobrevino entonces el tiempo de las preguntas sin respuestas: ¿cuál es el sujeto de la revolución?, ¿está vigente el partido leninista?, etc.

De lo que acabo de decir concluyo lo siguiente: para que la Izquierda Nacional Militante se reconstruya, debemos hacer pie en las nuevas generaciones. A esas nuevas generaciones debemos proporcionarles una “fe religiosa”, es decir, un saber teórico-práctico fundado en convicciones alimentadas de lo emocional y lo racional. No se va a reconstruir ninguna Izquierda Nacional rejuntando a los desencantados sobrevivientes de viejas batallas, que han perdido la fe, la confianza (intelectual y emocional) en la lucha revolucionaria.

Al contrario de lo que proponen los posmarxistas (ellos mismos sobrevivientes “sin fe” de las viejas batallas), no hay que repudiar la “fe religiosa”. Hay que reconquistar un saber (teórico-práctico) que tenga toda la fuerza de una fe religiosa. Llegará el momento en que nosotros, los argentinos, también necesitaremos, como los palestinos o los iraquíes, de jóvenes patriotas y revolucionarios con el alma templada para matar o morir cuando haga falta. No es con los Butler, Zizek y Laclau que conseguiremos esto.

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