- BloginDebate sobre la Izquierda Nacional
- Entrada del 26/03/2008 - 11:32
Yo me animo a meter la cuchara en las interesantes polémicas que el compañero Mayer viene sosteniendo con el compañero Cangiano. Carezco del arsenal conceptual postestructuralista, postmarxista y/o psicoanalista de los compañeros aunque me voy a animar a opinar, en primer lugar, sobre Laclau y el “significante vacío”. Es cierto, la propuesta de Laclau está indisolublemente asociada a la tradición teórica gramsciana, fundamentalmente a la hegemonía como dirección moral e intelectual de un bloque histórico.
El peronismo, como cualquier otra experiencia histórica y sobre todo como cierta cosmovisión puede considerarse un significante vacío susceptible de ser “articulado ideológicamente” para decirlo con Gramsci, a una basta heterogeneidad de alternativas políticas. Desde el punto de vista de la construcción de poder la problemática del significado vacío y la articulación ideológica es muy interesante y productiva, sobre todo para una organización atomizada, dispersa y fragmentada como la nuestra.
Sin embargo, desde el punto de vista histórico y social el peronismo no es, en definitiva, un significante vacío, sino en nuestro caso un significante “saturado”. Toda alternativa de articulación discursiva de elementos ideológicos (distintos significantes vacíos) supone, sin embargo, un significante preciso para cada uno de ellos en la medida en que tal operación tienda a la generación de nuevas identidades contrahegemonícas. Quiero decir, podemos concebir estrategias de construcción de poder que articulen en su seno a una amplia diversidad de identidades que, de una u otra manera, rescaten la experiencia antiimperialista del peronismo; éste último sin embargo, no va a adquirir, por ejemplo, otro significante histórico ni social que el que determina su naturaleza de frente antiimperialista policlasista de hegemonía burguesa. El vacío de un significante es relativo, en última instancia, a su naturaleza de clase y sus avatares históricos. Sé que al compañero Mayer no le simpatiza este grado de ortodoxia, pero no se me ocurre otra forma de expresarlo.
Si el resultado de la articulación ideológica finalmente dotara al vacío peronismo de otro significante, un socialismo burocratizado y fascistoide aggiornado como centro izquierda y sometido a la internacional socialista por ejemplo, simplemente significaría que no fue la in la que hegemonizó dicho proceso. Podríamos preguntar en este sentido: ¿es en la actual coyuntura el kirchnerismo un significante vacío?, ¿puede generarse una alternativa política que tienda a consolidar un proceso de liberación nacional acaudillado por Néstor y/o Cristina? Una respuesta afirmativa sería fabulosa, justamente por lo fantástica. Los límites políticos del actual proceso están determinados por la hegemonía de la burguesía industrial y agro-exportadora que ha caracterizado al proceso post 2001. Aquí se entiende precisamente porque otros significantes vacíos, el che Guevara o evita por ejemplo, flamean en nombre de la liberación social latinoamericana en los actos de la pequeña burguesía progresista encargada de reestablecer el status quo de la dependencia semicolonial.
Es ortodoxia, pero es la única que, al menos por el momento, tiene quien escribe. Sin embargo, a diferencia de lo que se planteó también en el debate, no creo que se trate de una fe cuasireligiosa. Se trata de argumentaciones racionales que yo me resisto a subestimar. No conocí a Ramos ni, como muchos de los compañeros, milite en ninguna de las expresiones históricas de la IN. No carecía de carisma ni invocaciones emocionales quien me acercó a la IN, como no carecen de esos atributos los compañeros del resto del país. Los libros de la corriente tampoco se caracterizan por su asepsia objetivista ni su academicismo y no carecen, sobre todo en el caso de Ramos, de graves tergiversaciones, sin embargo, si hay algo que sobra en la Argentina son simpáticos y carismáticos oradores de barricada dispuestos a chamuyar a la gilada al servicio de las clases dominantes y el capital extranjero. La IN, a pesar de su evidente fracaso político conserva aún hoy una vigencia ideológica y teórica exasperante para quienes recién nos estamos incorporando a su seno.
Lo que falta, al menos por ahora, son militantes lúcidos y comprometidos con el país y Latinoamérica dispuestos a transitar el duro camino de la liberación. Forjarlos, en definitiva y más allá de invocaciones religiosas de sabelotodo, exige lograr que la militancia popular haga suya aquella invocación scalabriniana de que “todo el secreto de la vida consiste en creer”. ¿O no?
Un abrazo fraternal.
Comentarios:
Carlos A. Zelada dijo:
”...rescaten (las estrategias de construcción de poder) la experiencia antiimperialista del peronismo; éste último sin embargo, no va a adquirir, por ejemplo, otro significante histórico ni social que el que determina su naturaleza de frente antiimperialista policlasista de hegemonía burguesa”
El antiimperialismo de la experiencia peronista fue una resultante de su ideología política que se condensa en la “verdad” Nro. 9:
“La Política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.”
Como esta página, presuponemos, no es para admitir solo posiciones sino para tratar de desbrozar una acción viable de la Política desde una cierta perspectiva que es también una visión del mundo, estimamos conveniente comprimir esa “cosmovisión” que legitima la ruta que se elige cuando se hace militancia política.
La Patria, que el internacionalismo socialista relativiza, ya que en el horizonte anímico, la Humanidad pareciera al alcance de la mano, no es sino el “significante” de un grupo social llámense tribus, naciones, países, etc.—homogéneo o heterogéneo –que habita en un territorio delimitado de donde provee sus necesidades y hace posible su continuidad histórica.
Esa voz, Patria, que como muchas quedan desgastadas y tergiversadas por el manoseo a las que se las somete, está expresando sintéticamente la voluntad de vida de un pueblo que no se plantea las razones que pudieran asistirle ya que la vida no se justifica, se defiende con las armas en la mano y la voluntad de pervivir.
Su contenido que es su razón de ser no varía, así como el Estado al que Hegel elevó a la máxima instancia racional, no es un significante vacío solo porque haya variado su contenido a través del tiempo desde el conservador Estado prusiano de su época
La Política que es ante todo la discusión del Poder y solo en segundo término el acordar con algunos grupos afines, siempre es hegemonizado por una clase lo que no significa que deba hacer desaparecer a las demás. El famoso “a los enemigos ni justicia” puede ser una forma de enfervorizar a los propios partidarios dándoles una inequívoca sensación de pertenencia pero no tiene nada que ver con los fundamentos genuinos de una política que, ante todo, debe consolidar la permanencia de sus logros.
Lo que queremos decir es que todas las clases, en cualquier sociedad, aunque divididas por diversos factores, conforman esa necesidad de todos llamada Patria. Claro, siempre hubo y habrá sectores que quieren usufructuar el esfuerzo ajeno con prescindencia de lo que habitualmente llamamos “justicia”.
El Estado, cuando la clase social que lo hegemoniza es conciente de su función y aspira a continuar liderando una sociedad, aglutina a todas las clases permitiendo que todas tengan oportunidades de sentirse parte de la Nación. Y no es excluyendo como se cohesiona la Nación sino haciendo que todos sientan que forman parte de una unidad y que en esa unidad, el Estado es una instancia superior a la individual, sea esta privada o pública.
Por eso lo que dice Lucas, a nuestro juicio no es pertinente: “El peronismo, como cualquier otra experiencia histórica y sobre todo como cierta cosmovisión puede considerarse un significante vacío susceptible de ser “articulado ideológicamente” para decirlo con Gramsci, a una basta heterogeneidad de alternativas políticas.
El “significado” del Peronismo como ideología, se llame así o de otra forma, pervivirá en la acción política argentina sea cual fuere el “significante” que el Tiempo llame a la forma de organizar a la Nación a través del Estado. Porque en tanto haya pueblo argentino será porque disponemos de un territorio y si ese pueblo y ese territorio tienen que ser administrados habrá Estado. Desde luego, sin hacer ninguna futurología, se descuenta que el Estado será la expresión de la clase con mayor peso específico que el momento histórico determine. Pero de lo que es seguro es que ese Estado deberá expresar las necesidades de la Nación o será reemplazado. Así ocurrió en 1916 cuando el Radicalismo dio por finalizada la época del Patriciado transformada en oligarquía, para usar el giro de Abelardo Ramos, así pasó cuando las masas entraron en la Historia en 1945 y así ocurrirá cuando alguna otra coyuntura decisiva obligue a reestructurar la organización de la Nación. Pero todos, los que fueron y los futuros, serán la expresión de la vitalidad de un Pueblo que no se resigna simplemente a sobrevivir.
Enviado el 19/11/2009 a las 00:39