- BloginDebate sobre la Izquierda Nacional
- Entrada del 22/03/2008 - 12:54
Quiero ahora hacer una referencia a la supuesta “fe religiosa” de la Izquierda Nacional de los sesenta.
¿Qué quieren significar los académicos postmarxistas, muchos de ellos más o menos lacanianos, cuando hablan de la “fe religiosa” de los marxistas a los que califican como “dogmáticos”. Lo que quieren significar es que ese marxismo “dogmático” carece de rigor científico. Es “apenas” una fe, una mera creencia, sin basamento racional ni empírico. Al llamar “fe religiosa” a la adhesión a ciertas concepciones teórico-políticas sobre lo social, quieren descalificar simultáneamente a esas concepciones teórico-políticas y a quienes las sustentan.
Correcto, pero apuntemos algo: el marxismo clásico se apropiaba de ‘un valor de verdad objetivo’ con fundamento como argumento en su método científico. Se cuestionó que ni aún las ciencias duras (física- matemática) es ‘objetiva’.
Una primera respuesta sería negar que el marxismo sea una “fe religiosa”. Y con más énfasis negar que tengan derecho a llamar despectivamente al marxismo “fe religiosa” precisamente aquellos que creen en las elucubraciones de los lacanianos franceses o afrancesados.
Cualquiera a condición de ser coherente tiene derecho a la crítica. Epistemólogicamente, si le sacamos el valor de verdad objetiva como detritus positivista y le adunamos que las hipótesis centrales del marxismo clásico no se verificaron históricamente, la pregunta es ¿que queda?. Para Ramos el análisis de clase. Para mí solamente un discurso. Un discurso más o menos coherente de algunos autores y políticos. ¿Pero ese discurso es válido en las condiciones de latinoamérica?, hay que preguntarle a Soliz Rada que hacen los guardianes del método con las nacionalidades aborígenes en Bolivia.
Pero yo ensayaré otra respuesta: ¿qué tiene de malo la fe religiosa?
Habría que analizarlo en casos concretos. Pero desde el marxismo clásico (que vos te empeñás en defender) tiene todo de malo: es la negación de la civilización, de la civilización occidental ya que Marx pensaba y actuaba como un hombre brillante pero eurocéntrico, como no podía ser de otro modo. Y si no, como se explica cual era el fundamento del ateísmo militante en Marx??, ¿cual era el fundamento de que a la etapa capitalista sucedería el socialismo científico? así presentado como una evolución de la naturaleza del hombre. Queda claro entonces que sirve dialogar con Marx, que sus aportes a la filosofía y al entendimiento de la naturaleza humana, es decir al hombre en la historia, han sido brillantes. Pero también sirve dialogar con Nietzche, con Kierkegaard, con Heydeguer, etc. y más próximamente, con Foucault, con Deleuze, con Derrida, con Levy Straus, con Freud, Lacan, etc.. Desechar la lectura de estos pensadores contemporáneos nuestros muchas veces constituye una deformación intelectual: se establece una especie de censura fundada en que el otro no entiende o que algún texto lo desviará y lo hará perderse. Muchas veces los más implacables censores eran intelectuales de valía.
Consideremos lo siguiente. En nuestros días, el eje de la lucha de clases a nivel mundial parece situarse en Oriente Medio. Allí, los mejores luchadores populares enfrentan al imperialismo con acciones tan heroicas, entre otras, como inmolarse con los explosivos que llevan en su cintura. Los imperialistas y sus aliados sionistas llaman “terroristas” a estos luchadores populares. ¿Cómo los llamarán los lacanianos? Vaya uno a saber. Pero lo que sí sabemos es que si los jóvenes combatientes en Palestina o en Irak se inmolan en nombre del Islam y de Mahoma, no hay nadie en ninguna parte que vaya a inmolarse en nombre de Lacan y del Psicoanálisis. Este solo hecho bastaría para que respetáramos más el sistema de creencias de los musulmanes que el que profesan los psicoanalistas de Buenos Aires o París (Entre paréntesis, tal vez María Laura Méndez encontraría material más valioso para su búsqueda del “sujeto” entre los palestinos de Hamas, por ejemplo, que entre los zapatistas del mediático subcomandante Marcos).
Con todo el respeto que me merece la lucha en el Medio Oriente de los pueblos oprimidos creo que el argumento cae en el absurdo por resultar abstracto: en todo caso habría que plantear concretamente como abordar el estudio de éste nuevo soldado que entra en la universalidad: un sujeto que rompe una regla que subyace en la guerra, EL VALOR DE LA PROPIA VIDA. La fortaleza de los combatientes de hamas o al qaeda reside en el quebrantamiento del pensamiento occidental: en la guerra resulta ganador el que menos bajas (traumas posteriores) tiene. El hecho que no importe el número de bajas porque donamos nuestra vida (hamas) por una causa justa que nos vale el pasaporte a ‘la verdadera vida’ a la vida eterna, es la causa que rompe la concepción tradicional en occidente de la guerra.
Sin embargo, en las circunstancias históricas actuales el hombre latinoamericano dista mucho de su par de medio oriente. Basta ver el aflojamiento y pérdida de terreno del catolicismo, como creencia y fé con reminiscencias orientales. Por el contrario aparecen numerosas iglesias evangélicas por todos los barrios, que apelan al show, a la verba inflamada de un predicador, a las luces y la música…
Las creencias de los psicoanalistas de Baires-rosario-paris están entramadas en lo que ha podido dar lo mejor de la cultura europea en el S. XX, así como el marxismo entró como un producto de importación por el puerto de baires en el S. XIX y su primer gran traductor fue el Dr. Juan B. Justo. El problema no es el objeto en sí, sino lo que hacen los manipuladores de la herramienta: la ‘leen’ críticamente, apartando lo que sirve de lo que no sirve o bien, la toman como una moda que sepulta todo y así ellos ‘los manipuladores’ se constituyen en nuevas piezas del sistema de dominación cultural.
En este sentido, si bien no he leído la producción de María Laura Mendez, me genera confianza su paso por el partido: sus búsquedas tienen algún anclaje con las discusiones que se presentaron en el partido. Creo que esto suma, aporta.
Ya que mencioné al Islam, mencionaré ahora al cristianismo. San Agustín, el padre de la filosofía cristiana, decía que “la fe es el peldaño de la intelección y la inteligencia es la recompensa de la fe”. Es decir: la fe debe completarse con el entendimiento, pero el entendimiento presupone la fe.
Lo que acabo de decir debe resultar perfectamente comprensible. Las personas no somos computadoras con cerebro electrónico. Nuestro cerebro está anudado al sistema endócrino y eso impide que tengamos “ideas puras”. De carne somos: lo que “sentimos” colorea lo que “pensamos”. Solamente “sentir” no alcanza para aprehender un fenómeno. Pero “pensar” solamente, sin “sentimientos” que envuelven al pensamiento, resulta imposible. Es decir: somos a un mismo tiempo “afectos y razón”. Nuestra compañera Mariela, que está estudiando el feminismo, podría decir, seguramente, que esta “doble dimensión” que a todos nos atraviesa, sirvió para “ontologizar” en las sociedades patriarcales una mujer/afecto, de un lado, y un varón/razón, del otro.
En cualquier caso, los que hemos militado en el FIP experimentamos muchísimas veces esta imbricación entre lo emocional y lo racional. ¿Acaso no nos hipnotizaba el Colorado Ramos con sus discursos plagados de metáforas y de falacias pero, al mismo tiempo, de originalidad intelectual? ¿No tenían las palabras de Ramos la capacidad de interpelar no sólo nuestra esfera racional, sino también la emocional? ¿No nos proporcionaba Ramos una “fe”, además de un convencimiento meramente intelectual? En este sentido, podría decirse, la Izquierda Nacional Militante era una “fe religiosa”. No exactamente “religiosa”, por supuesto. Era, la Izquierda Nacional Militante (el PSIN, el FIP, hasta cierto punto el MPL), una entidad politica constituida al calor de una convicción que incorporaba elementos racionales y emocionales. ¿Y podía ser de otro modo?
No, no podía ser de otro modo. Librada a sí misma, la “fe” de la que hablaba San Agustín no va más allá de un “primer peldaño” y muere finalmente. Pero la inteligencia, la razón, sólo llegan a emerger en el humus de la “fe”. La Izquierda Nacional Militante de los sesenta sintetizaba la “fe” en un mundo distinto, sin opresores ni oprimidos, y la convicción racional en los postulados de un marxismo latinoamericanista. El desmoronamiento de la Izquierda Nacional Militante sobrevino cuando se apagó el fuego de la fe en sus dirigentes y militantes. Los golpes de la contrarrevolució n contribuyeron seguramente a que la fe se apagara (¿Acaso el mismo Cristo -perdón por estos ejemplos tan exóticos- no se creyó abandonado por Dios cuando era torturado en la cruz? Una realidad hostil hace dudar hasta al más firme de los creyentes). Pero lo que se apagó fue “la fe”, el “optimismo de la voluntad”, parafraseando a Gramsci. Y sin ese “primer peldaño”, todo lo demás se puso en cuestión. Sobrevino entonces el tiempo de las preguntas sin respuestas: ¿cuál es el sujeto de la revolución?, ¿está vigente el partido leninista?, etc.
Con todo lo reseñado estoy de acuerdo. Sin embargo, como solían decir los curas de mi infancia: ‘a la fé hay que alimentarla’… Ese es el problema, hace dos mil años la iglesia lo resolvió en el misterio de la fé, la muerte y resurreción y el enclavamiento de ‘tu iglesia’, re-viviendo en cada misa el misterio de la fé, la comunión y los demás sacramentos. Pero la iglesia dirige su accionar al reinado universal del papa por el mantenimiento de la fé, fé en la vida eterna y en la salvación de la propia alma.
En cambio, nuestra fé está enancada en el cambio de las condiciones de existencia en éste mundo y protagonizar un proceso tal que permita al hombre desarrollar plenamente su humanidad, persiguiendo el valor justicia, la equidad, en definitiva dotar de un sentido a la vida terrena asumiendo de antemano, que el cambio de organización social no cambiará la naturaleza humana, que no se eliminará el campo de batalla de las fuerzas libidinales y tanatológicas.
De lo que acabo de decir concluyo lo siguiente: para que la Izquierda Nacional Militante se reconstruya, debemos hacer pie en las nuevas generaciones. A esas nuevas generaciones debemos proporcionarles una “fe religiosa”, es decir, un saber teórico-práctico fundado en convicciones alimentadas de lo emocional y lo racional. No se va a reconstruir ninguna Izquierda Nacional rejuntando a los desencantados sobrevivientes de viejas batallas, que han perdido la fe, la confianza (intelectual y emocional) en la lucha revolucionaria.
Al contrario de lo que proponen los posmarxistas (ellos mismos sobrevivientes “sin fe” de las viejas batallas), no hay que repudiar la “fe religiosa”. Hay que reconquistar un saber (teórico-práctico) que tenga toda la fuerza de una fe religiosa. Llegará el momento en que nosotros, los argentinos, también necesitaremos, como los palestinos o los iraquíes, de jóvenes patriotas y revolucionarios con el alma templada para matar o morir cuando haga falta. No es con los Butler, Zizek y Laclau que conseguiremos esto.
Decís: “a esas nuevas generaciones debemos proporcionarles una fé religiosa”… En Paraná, si algo ofreció resistencia dentro del grupito que nos reunimos para el asado es esa actitud de saber que ostentamos (me incluyo). Esto me ha hecho reflexionar. La discusión encabezada por Sergio Peralta, viejo amigo y militante peronista luego engrosó las filas del MPL, finca precisamente allí: para Sergio las masas no solo en la actualidad tienen el saber si no también, en cuanto pueden se expresan muy bien. Su conclusión es que el ‘intelectual’ es el que tiene que aprender (creo que de buena gana nos mandaría a trabajo de base con la expresa prohibición de abrir la boca). Esto en sintonía con eso de la ‘inteligenzia’ jauretcheana.
Ahora bien, en la teoría de fines de los 70’, en un diálogo sobre el poder entre Foucault y Deleuze, el primero dice: ‘...los intelectuales han descubierto, después de las recientes luchas, que las masas no los necesitan para saber; ellas saben perfectamente, claramente, mucho mejor que ellos, y además lo dicen muy bien. Sin embargo, existe un sistema de poder que intercepta, prohíbe, invalida ese discurso y ese saber. Poder que no está tan solo en las instancias superiores de la censura, sino que penetra de un modo profundo, muy sutilmente, en toda la red de la sociedad. Ellos mismos los intelectuales, forman parte de ese sistema de poder, la propia idea de que son los agentes de la ‘conciencia’ y del discurso forma parte de ese sistema. El papel del intelectual yo no consiste en colocarse ‘un poco adelante o al lado’ para decir la verdad muda de todos; más bien consiste en luchar contra las formas de poder allí donde es a la vez su objeto e instrumento: en el orden del saber, de la verdad, de la conciencia, del discurso.’
Este diálogo se da a escasos cuatro años del mayo francés. Y se da como un punto de vista crítico respecto del rol que jugaron los estudiantes del mayo francés.
Creo que esta expresión es la que apoya la tesitura de Sergio Peralta que desde que lo conozco (antes de Malvinas) padece de alergias respecto de la función de ‘nosotros ir a esclarecer’ a los compañeros de los barrios, tal como él lo expresa.
En la conclusión, que hay que reconquistar una conciencia como saber y como sujeto (frente único antimperialista) obviamente coincidimos. Pero la práctica nos está demostrando que no se trata de elaborar un catecismo sino más bien de escuchar ésa conciencia, encontrar un camino de práctica compartida y por fin, resolver el problema de la organización. El lugar que yo adjudico a los Laclau, Zizek, etc… es la de tipos que vienen a desmentir que existe una verdad totalizadora para siempre. Capaz que subidos a los hombros de éstos podamos mirar un poco más claramente, para establecer un diálogo masivo y no caer en el desatino de terminar hablando solos.
Que así sea.