- BloginParo del Campo
- Entrada del 28/03/2008 - 20:43
Los distintos puntos de vista que se han expresado en Amauta sobre el paro agrario, han traído al primer plano la discusión en torno a la caracterización del gobierno, la naturaleza social de su política y, en consecuencia, la definición de una línea de izquierda nacional frente a las fuerzas en presencia. Las diferencias existentes al respecto es lo que dificulta la redacción de un pronunciamiento conjunto. Dos posiciones se recortan con suficiente claridad. La que sostiene que la administración kirchnerista expresa, en lo fundamental, el interés de una parte del bloque dominante, y otra que afirma que se trata de un gobierno vacilante, pero que por la composición de las fuerzas que lo sostienen, reviste un carácter nacional.
Este segundo punto de vista —que no comparto— ha sido planteado por los compañeros Mauricio Mayer y Hugo Rivas. En uno de los últimos correos de MM escribe que la naturaleza social y política del sistema de fuerzas que apoyan al gobierno es muy distinta de la del bloque agrario que se le opone. El carácter de clase de este bloque está perfectamente definido a la luz del apoyo que le brindan La Nación y la Sociedad Rural y, además, recuerda, con acierto, que la identidad del sujeto político es una identidad relacional: no se define sólo por lo que ese sujeto expresa de sí, sino también por lo que expresan de él otras identidades.
Todo esto es cierto, pero es sólo una parte del problema. El kircherismo se ha ganado la oposición del diario La Nación y de Sociedad Rural, pero ha conquistado el apoyo pleno de la Unión Industrial, apoyo que se hace extensible en primer término a la Cámara de la Construcción. Y estos posicionamientos también inciden en la caracterización del sujeto en cuestión. El gobierno de Duhalde y luego los de Néstor Kirchner y Cristina Fernández han orientado el eje de su política según los intereses de un bloque de clases dirigido por la gran burguesía industrial, bloque del que forman parte la agroindustria, las corporaciones petroleras y los capitales invertidos en minería, y en el cual el capital extranjero ocupa posiciones gravitantes. El origen de estos gobiernos tiene que ver con el nuevo balance de fuerzas que arrojó la crisis de diciembre de 2001, y con el desenlace de las tensiones y enfrentamientos que se desarrollaron en el interior de los círculos tradicionales del poder. En este sentido en el kirchnerismo hay elementos de ruptura y a la vez de conservación respecto a las políticas neoliberales de los 90’. Su programa no es la del menemismo, política dictada por las exigencias de los negocios del capital financiero y del capital extranjero invertido de las empresas públicas privatizadas. Sin embargo, mantiene sin cambios los elementos estructurales de la reconversión capitalista iniciada por la dictadura y consolidados y profundizados por los sucesivos gobiernos constitucionales.
Incluso la forma como se han aplicado los derechos de exportación al agro, muy justos para limitar las ganancias extraordinarias de la oligarquía terrateniente, pooles de siembra, acopiadores, etc. es demostrativa de la naturaleza de la política gubernamental. Su aplicación indiscriminada, lejos de atemperar la formidable concentración de la propiedad agraria existente, ha tendido a acentuarla. Al mismo tiempo el mecanismo de cálculo de la relación precio/derecho de exportación ha significado un jugoso negocio para los monopolios de comercio exterior, según una denuncia de Ferrari Etcheberry, ex presidente de la Junta Nacional de Granos, que llegó a Amauta enviado recientemente por Mariela.
En un pasaje de su correo Mauricio sostiene que estamos en presencia de un “gobierno vacilante, cuya legitimidad está dada por el hecho que fue impuesto por las clases populares como eje aglutinador”. No creo estemos en presencia de un gobierno vacilante, si por vacilante se alude a una posible debilidad. El gobierno actual como los dos anteriores cuenta con el respaldo del núcleo dominante del capitalismo argentino y mantiene un firme acuerdo con la dirigencia de los grandes aparatos gremiales; acuerdo que obra como factor compensador y le permite ampliar su margen de negociación. En ningún momento el enfrentamiento con el campo encerró la posibilidad de un golpe de Estado, más allá de la ilusiones de algunos nostálgicos. En definitiva, Mauricio nos propone que apoyemos a la autoridad presidencial y que al mismo tiempo, desde el sistema de fuerzas que la sostiene formulemos las críticas pertinentes al programa de gobierno, “como una posición diferente esgrimida entre hermanos”. Por lo que puedo ver se trataría de una suerte de “apoyo crítico” al gobierno, difícil de acordar entre nosotros vistas las diferentes interpretaciones que tenemos a cerca del papel político del kirchnerismo.