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  • Artículo cargado el 04/09/2008 - 01:15

El pago al Club de París consolida el modelo de la dependencia semicolonial

El gobierno resolvió cancelar el total de la deuda con el llamado Club de París que reúne a los grandes países capitalistas, acreedores de la Argentina. Los casi 7 mil millones de dólares saldrán de las reservas de libre disponibilidad. La decisión es similar a la adoptada por el gobierno de Néstor Kirchner en diciembre de 2005, al ordenar el desembolso de casi 10.000 millones de dólares para pagar el total de la deuda al Fondo Monetario, deuda que en el 80% de su totalidad tuvo origen en el “blindaje” con el que la administración de Fernando de la Rúa financió la fuga de capitales en 2001.

En ese entonces el pago de una deuda fraudulenta fue presentado por el gobierno kirchnerista como un acto se soberanía. Esta vez la presidenta Cristina Fernández dio fe de la responsabilidad de su administración: “Esta decisión reafirma la voluntad de pago de la Argentina”, dijo. Un instante antes había hecho suya la convicción del presidente del Banco Central, según el cual “el pasado nos condena”, refiriéndose la opinión que tiene del país la reputada “comunidad internacional”, es decir la opinión dominante en las esferas de poder de las naciones imperialistas.

La crónica periodística señaló que el anuncio, formulado por la presidente en la Casa Rosada, fue celebrado de pie, con una exclamación, por empresarios, ministros y gobernadores. Basta tener presente la reacción elogiosa que provocó la decisión en la Unión Industrial y en la Asociación Empresaria Argentina, las cámaras donde se agrupan las mayores corporaciones locales y extranjeras, la aprobación que concitó en los grandes medios de difusión y en la “oposición”, por no mencionar el respaldo del Departamento de Estado y de sus socios europeos, para comprender la naturaleza de la medida.

La iniciativa fue presentada por sus apologistas como el punto de inflexión que reinstalará plenamente al país en el concierto de las relaciones internacionales, lo que es lo mismo que decir que reabrirá el acceso a los mercados de la usura imperialista y profundizará el ciclo de endeudamiento. Posibilitará, entre otras cosas, una mejor carta de presentación a la presidente en su inminente visita a los prestigiosos ejecutivos de Wall Street, así como la obtención de los créditos para la construcción del tren bala, “el salto a la modernidad” que se propone dar el kirchnerismo.

En realidad, lo que esta decisión hace es confirmar que el actual modelo está directamente centrado en el pago de una deuda externa de carácter ilegítimo, deuda cuya tramitación irregular ha sido girada por la justicia al Congreso en 2002 para su investigación, y archivada por oficialistas y opositores en completa complicidad.
Esta línea es congruente con la realización de un programa que desde el desenlace de la crisis de diciembre de 2001 mantiene su continuidad, sin que los sucesivos gobiernos de Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández hayan adoptado medida alguna destinada a quebrar los fundamentos estructurales del modelo semicolonial implantado por al contrarrevolución de marzo de 1976, y consolidado en los años 90 por el menemismo.

Ni por este gobierno ni por una oposición miserable, únicamente interesada en hacerse de los puestos de mando gubernamentales para administrar los negocios de los círculos dominantes, pasa la línea de defensa de los intereses del país y del pueblo. Por el contrario, desde abajo, en el curso de las luchas de los trabajadores y las grandes masas explotadas se irá construyendo el destino de los argentinos. Un Frente Nacional Revolucionario, guidado por las divisas nacionales, democráticas y antiimperialistas, se forjará en esos combates y avanzará en dirección a la unidad de la patria grande latinoamericana y el socialismo.

Socialismo Latinoamericano

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  • Artículo cargado el 04/09/2008 - 01:03

Del desendeudamiento y el buen sentido popular

Una vez más, las decisiones de las más altas esferas del poder K desorientaron a sus seguidores “nacionales-populares”. Acudiendo al habitual y frívolo doble discurso que ha caracterizado las apariciones públicas de la pareja presidencial, la presidenta no tuvo mejor ocurrencia que, prosiguiendo la tradición de su marido, presentar la claudicación ante el capital financiero trasnacional como un patriótico gesto de “desendeudamiento”.

Una vez más, las decisiones de las más altas esferas del poder K desorientaron a sus seguidores “nacionales-populares”. Acudiendo al habitual y frívolo doble discurso que ha caracterizado las apariciones públicas de la pareja presidencial, la presidenta no tuvo mejor ocurrencia que, prosiguiendo la tradición de su marido, presentar la claudicación ante el capital financiero trasnacional como un patriótico gesto de “desendeudamiento”.

La “menemización” de las peroratas centroizquierdistas oficiales no pudo ser más explícita. El nuevo jefe de gabinete, Sergio Massa sostuvo en la señal oficial de C5N que el pago al club de París no lo había sorprendido, en tanto se trataba de una acción perfectamente esperable si se considera a un gobierno que ha demostrado siempre su voluntad de honrar, como definió el ex funcionario de la UCD, la “deuda soberana”.

Mientras la cáfila usuraria imperialista en todas sus variantes ha festejado la decisión presidencial, los lenguaraces del oficialismo de izquierdas todavía no han salido a la palestra con sus habituales tergiversaciones sociológicas y políticas para legitimar el camino de la entrega que han apuntalado ideológicamente durante los últimos años.

Sin embargo, los auténticos beneficiados de esta política, quienes han evidenciado su carácter de bloque dominante en la Argentina del post 2001 tras todas y cada una de las políticas públicas, ha sido el núcleo duro del capital nativo trasnacionalizado y el capital industrial extranjero.

El establishment local no pudo ocultar su beneplácito frente a la política de desendeudamiento. Banqueros, Industriales, intelectuales orgánicos de las clases dominantes han festejado la decisión oficial. No podía ser de otra manera, la careta centroizquierdista y filo peronista del oficialismo nacional no puede ocultar datos decisivos sobre el proceso de crisis y recomposición del patrón de acumulación dependiente y periférico que caracteriza al post 2001.

Además de la política presidencial de desendeudamiento, el capital imperialista tienen razones de sobra para festejar, de las 500 empresas más grandes de la Argentina, el 72% son propiedades extranjeras.

Tiene razones de sobra para festejar el capital nativo trasnacionalizado, dos de las compañías pertenecientes a Techint figuran entre los diez grupos industriales de mayor facturación en la Argentina K.

El presidente de FIAT Cristiano Ratazzi se sumó a los festejos oficiales y tiene buenas razones: el “modelo productivo” de súper explotación de la fuerza de trabajo ha ofrecido a los sectores más acomodados de la pirámide social argentina la posibilidad de renovar su flota automotora multiplicando los beneficios de la burguesía italiana, francesa, alemana y yanqui.

Buenas, muy buenas razones tienen los sectores más concentrados de la industria, las finanzas y el comercio exterior.

Lo que no puede entenderse sin enredarse en complejas elucubraciones históricas, sociológicas y hasta filosóficas, es por que razones aplaudían los autodenominados representantes de la clase obrera argentina.

Uno más de esos confusos fenómenos que caracterizan al sindicalismo argentino y que sólo son entendibles desde la menos científica de las aproximaciones a la vida social: el sentido común y la espontánea moral que aflora en el común de los televidentes. La declaración de un circunstancial televidente permitió comprender sin poner tanta cesera en juego la auténtica naturaleza del contradictorio fenómeno: ¡la puta que los parió, mira como aplauden!

Nada de aristocracias ni burocracias, nada de historicismos sobre la dependencia estatal con que se consolidó el sindicalismo argentino, ninguna consideración sobre el proceso de entrega y trasnacionalización de la economía argentina y sus derivaciones hacia la práctica sindical, ninguna crítica ética ni política contra los gordos y sus variantes: ¡la puta que los parió! Pero viste como aplaudían…

Buen sentido que le dicen… cuando éste aflora en su máxima pureza se impone con la evidencia de una incuestionable verdad… ¡qué hijos de puta!

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  • Artículo cargado el 04/09/2008 - 00:03

La zoncera del genocidio

Un par de semanas atrás me encontré con un correo electrónico que desarrollaba una idea bastante quisquillosa: negar el carácter genocida de la última dictadura militar. El planteo, ríspido y difícil, tiende a generar un cierto rechazo ante la primera lectura, pero, sin embargo, al avanzar, notamos la justeza de sus cuestionamientos, no tardando en convencernos de que, efectivamente, la idea de “Genocidio” hoy no hace más que ocultar la verdad histórica, negando la verdadera naturaleza del Golpe Cívico-Militar de 1976 y despojando de su identidad a los compañeros caídos en la resistencia contra aquella dictadura.

Un par de semanas atrás me encontré con un correo electrónico que desarrollaba una idea bastante quisquillosa: negar el carácter genocida de la última dictadura militar. El planteo, ríspido y difícil, tiende a generar un cierto rechazo ante la primera lectura, pero, sin embargo, al avanzar, notamos la justeza de sus cuestionamientos, no tardando en convencernos de que, efectivamente, la idea de “Genocidio” hoy no hace más que ocultar la verdad histórica, negando la verdadera naturaleza del Golpe Cívico-Militar de 1976 y despojando de su identidad a los compañeros caídos en la resistencia contra aquella dictadura.

El citado correo giraba en torno a una nota publicada por “Prensa Obrera” el 14 de agosto de 2008, en esta, se realizaba un reportaje a Emilio Guagnini, integrante de la Agrupación HIJOS de Tucumán y de la Comisión de Derechos Humanos del Colegio de Abogados, donde, refiriéndose al juicio realizado contra Antonio Domingo Bussi, sostenía:

“La verdad histórica es ni más ni menos que existió un plan sistemático, diseñado, puesto en marcha en función de los intereses de estos represores y del poder económico que los sustentó, y con el principal objetivo de eliminar a un grupo de la sociedad que se oponía a este plan. Esto no es ni más ni menos que un genocidio, y no sólo por el número sino por la intención de eliminar a todo ciudadano que se oponía a ellos”.

Sin dudas que la primera parte de la declaración corresponde a esa “verdad histórica”, pero, también, es justo señalar, que la segunda parte la distorsiona, haciendo que el resultado final sea una mentira que poco nos puede extrañar en las páginas de “Prensa Obrera”

La verdad histórica

Efectivamente, el accionar represivo de la última dictadura se fundó en un plan sistemático, en función de los intereses del poder económico, con el objetivo de eliminar a un grupo determinado. Sin embargo, esto no constituye, ni por asomo un genocidio.

Decir que el golpe militar intentaba “eliminar a todo ciudadano que se oponía a ellos” es, al menos, una exageración que se contradice con la fría planificación de su accionar represivo. Nunca se actuó contra “todo ciudadano” sino contra el emergente concreto de un proceso un proceso de profundización de la lucha social, política y económica en Argentina que se inicia, a grandes rasgos, el 17 de octubre de 1945.

Desde esa fecha se da la concreta confrontación entre dos proyectos: el uno de los sectores populares, que tenía su anclaje en la realidad vivida durante los gobiernos peronistas de 1946-55, y, el otro de los sectores del Bloque Dominante, los cuales no pretendían otra cosa que la total subordinación nacional a los designios del imperialismo. De este proceso, extremadamente violento, surgen a principios de lo 70 sectores de clara tendencia revolucionaria que ejercen, en los hechos, la labor de vanguardia.

Esta vanguardia no se limitaba a las organizaciones armadas (Montoneros, ERP, FAR, etc.) sino que tenía una vasta inserción social, exponiendo referentes en los más diversos ámbitos de la vida política argentina. Precisamente, el accionar represivo de la última dictadura estuvo dirigido sobre esa vanguardia y no sobre “todo ciudadano”, es más, a diferencia de lo que sostiene “Prensa Obrera”, el número de compañeros caídos lejos está de ser excesivo. Si, de hecho, se lo compara con la vasta inserción de aquellas organizaciones, resulta notablemente exiguo, demostrando precisamente la fría racionalidad y minuciosa planificación tras la represión, la cual se limitó a la eliminación sistemática y específica de los cuadros políticos de dicha vanguardia.

Efectivamente, en la última dictadura no hubo nada de odio irracional, sino que todo lo contrario. No fue genocida, fue la reacción imperialista para desactivar a la vanguardia político-revolucionaria surgida hacia los 70.

¿Qué es el genocidio?

La Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, adoptada por la Asamblea General de la ONU el 9 de diciembre de 1948, define en su Artículo II:

“...se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpretados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional étnico, racial o religioso como tal…

Mientras que en su Artículo III señala:

“Serán castigados los actos siguientes: a) El genocidio; b) La asociación para cometer genocidio; c) La instigación directa y pública a cometer genocidio; d) La tentativa de genocidio; e) La complicidad en el genocidio”

Para disgusto de Prensa Obrera, la tipificación del Genocidio no habla ni del número de víctimas, ni, mucho menos, se comprende entre los grupos susceptibles de sufrirlo a algo tan difuso como el de los “opositores políticos”. Ni tan siquiera importa que la criminalidad genocida ocasione víctima fatal alguna, lo cuál es asunto de la eficacia criminal más que de otra cosa, sino que el carácter genocida viene por la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional étnico, racial o religioso como tal.

En los hechos, los juicios que se llevan adelante en la Argentina no tienen nada que ver con el genocidio, sino que se refieren a Crímenes de Lesa Humanidad. El Estatuto de la Corte Penal Internacional o Estatuto de Roma, aprobado el 17 de julio de 1998 por la Conferencia de Plenipotenciarios de las Naciones Unidas, define en su Artículo 7:

“1. A los efectos del presente Estatuto, se entenderá por ‘crimen de lesa humanidad’ cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque: (…) h) Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género definido en el párrafo 3, u otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional, en conexión con cualquier acto mencionado en el presente párrafo o con cualquier crimen de la competencia de la Corte”

¿Dónde queda entonces la afirmación de que los militares son genocidas? Podríamos decir que en ningún lado, pero en realidad debemos ahondar en nuestra historia reciente para buscar el verdadero sentido de aquella afirmación, afirmación que “Palabra Obrera” distorsiona sin ninguna inocencia y con motivos bastante repulsivos.

Por qué se habla de genocidio

Un viejo compañero con amplia trayectoria en los organismos de Derechos Humanos siempre señalaba que la política en ese tema, Derechos Humanos, no es más que reivindicativa, reformista si se quiere, pero nunca revolucionaria.

En otros términos, es una de las tantas acciones concretas que podemos llevar adelante para lograr objetivos específicos dentro de los estrechos límites impuestos por la legalidad burguesa.

En este sentido, la idea de agitar el concepto de “genocidio” responde a una necesidad concreta para operar sobre la sociedad burguesa en pos de un resultado específico: lograr el juzgamiento de los represores liberados por las leyes de impunidad y el indulto.

A fines de los 80, donde aún no había sido ni escrita la mayor parte de la doctrina que sostiene la hoy abundante jurisprudencia sobre crímenes de lesa humanidad, el concepto de genocidio apareció como una veta posible para avanzar buscando la asimilación analógica de los grupos políticos — en concreto, la vanguardia militante de los 70— a la de grupo étnico, racial o religioso. En otros términos, la idea de “genocidio” para definir la acción de la última dictadura militar corresponde a una estrategia jurídica para sortear las restricciones de la legalidad burguesa que, en materia el derecho penal, garantizaba la impunidad de los represores.

En paralelo, el concepto de “genocidio” cumplía una función en la lucha por las conciencias de la población argentina. Sin dudas que hoy podemos criticar duramente a la CONADEP y su tan mentado “Nunca Más”. Hoy, sin dudas, podemos criticar su poco inocente desapego de las condiciones históricas y sociales que reducen ese trabajo a una casuística carente de significado. Pero, desde una perspectiva integral, no podemos negar que lo descarnado de sus informes contribuyeron a sensibilizar al grueso de la población argentina en torno a los horrores ocurridos durante la última dictadura.

Así, la figura de “genocidio” cumplía un rol similar. Si bien disipa la naturaleza militante de los compañeros caídos en una abstracta generalidad, mueve una serie de conceptos dentro del imaginario colectivo de la cultura occidental que se nos ha impuesto, conceptos que, precisamente, sensibilizan a vastos sectores de la población a favor de nuestros posicionamientos.

Siendo lo más claros y concisos posible, el concepto de “genocidio” toma sentido dentro de una estrategia legal llevada adelante por la militancia del campo popular en una situación de debilidad extrema. Sólo así es lícita la utilización del concepto, lo cual, sin embargo, no debemos confundirnos ideológicamente, pues, de ninguna manera, lo sucedido en la Argentina fue un “genocidio”.

¿Por qué no fue un genocidio?


El genocidio, como tal, representa un cierto grado de irracionalidad en su naturaleza criminal. No hay elementos materiales, en primera instancia, que respalden la acción genocida. El criminal no responde a ninguna motivación que podamos comprender desde lo político. No tiene motivaciones de clase, ni de simple lucha por el poder, sino que, en primera instancia y en su forma más característica, el accionar criminal nace de un odio irracional hacia determinado grupo.

¿Esto fue lo sucedido en la Argentina? De ninguna manera, aquí no sólo existió un plan sistemático —lo cual no revela de por sí racionalidad alguna, cualquier maníaco obsesivo es sorprendentemente sistemático— sino que esto se fundó en una motivación claramente racional. El accionar represivo fue una respuesta a un proceso de profundización de la lucha social, política y económica en Argentina a partir del 17 de octubre de 1945. En Argentina no hubo un genocidio, un crimen fundado en el odio irracional, sino que sufrimos la reacción contra la profundización de las condiciones revolucionarias a principios de la década del 70.

El actuar represivo tendió a eliminar la vanguardia política revolucionaria y no a todo opositor al régimen militar. Sin dudas que ese accionar se valió de elementos irracionales (es cierto que los judíos solían recibir un castigo peor que otros, el robo de recién nacidos también revela la intención de presentar a la vanguardia política revolucionaria como si fuesen una especie de grupo étnico o religioso ajeno al resto de la población argentina), pero las vaguedades del aparato ideológico de la dominación no pueden confundirnos, en Argentina sufrimos no una acción genocida, sino que sufrimos las consecuencias del accionar contrarrevolucionario de la reacción imperialista.

¿Por qué algunos sostienen la idea de genocidio?


Existen dos motivos principales. El primero es la necesidad de autojustificación de su existencia de los sectores de la izquierda y centroizquierda cipaya. Cuando decimos que aquí no existió un genocidio sino una reacción imperialista, por simple deducción, sabremos que del lado de las víctimas de la represión encontraremos a los sectores comprometidos con la profundización de la lucha revolucionaria. Resulta más que lógico, entonces, que los sectores de la izquierda y centroizquierda cipaya hayan sufrido de manera bastante escasa el accionar del aparato represivo. En concreto, se opera la despersonalización del militante político desaparecido, asesinado, encarcelado o exiliado por la última dictadura militar, así, los sectores de izquierda y centroizquierda cipaya pueden transfigurarse en víctimas del genocidio, ocultando su verdadero rol que, en más de una vez, ha sido no otro que el de cómplices de la contrarrevolución.

Esto no es otra cosa que el añejo anhelo de los cipayos por falsificar nuestra historia, despojando al pueblo argentino y americano de los elementos necesarios para sostener la continuidad histórica de su lucha por la liberación. Pero esta falsificación no sirve tan sólo para autojustificar la existencia de la izquierda y centroizquierda cipaya, el objetivo va más allá y nos entrega el segundo motivo.

Si la represión de la última dictadura militar reviste un carácter genocida, entonces, toda realización dentro de este plan sistemático de exterminio reviste un carácter genocida. Hoy por hoy, resulta más que claro que la acción sistemática de exterminio se inició mucho antes de 1976. Aquí, es paradigmático el caso del PRT-ERP, el cual, en los hechos, había sido desarticulado mucho antes del 24 de marzo de 1976, y, sobre el cual, en el mejor de los casos, el golpe militar vino a completar la tarea inconclusa de la Triple A y el Operativo Independencia.

Ahora bien, entonces: ¿Cuál es el problema de seguir hablando de genocidio y por qué ciertos sectores hacen una defensa intransigente de dicho concepto?

Si entendemos que cualquier realización dentro del plan sistemático de exterminio tiene carácter genocida, cualquier elemento social que haya coadyudado en su ejecución tendrá un carácter genocida (ver líneas arriba el Artículo III de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio), no nos andemos con vueltas y adelantemos la conclusión: entonces el peronismo sería genocida. Efectivamente, detrás de la idea de “genocidio” se esconde el viejo anhelo de los cipayos por demonizar al más profundo movimiento de masas que la Argentina experimentó durante el siglo XX.

El sostenimiento de la idea de genocidio no es para nada inocente, responde a un accionar sistemático del cipayaje autóctono para falsificar la historia y cortar la continuidad precisamente histórica de nuestra lucha por la liberación.

¿Desde sectores del peronismo se contribuyo al accionar contrarrevolucionario? Sin dudas, pero esto es perfectamente explicable por la misma configuración del peronismo y su constitución contradictoria ad inicio, contradicciones que, por otro lado, en la década de los 70 habían llegado a un punto de eclosión. En esta profundización de las condiciones revolucionarias, desde un análisis político-ideológico, resulta entendible que una parte de la constitución inicial del peronismo se alineara con los intereses reaccionarios y otra tomara su lugar dentro de la vanguardia revolucionaria. Esto no demoniza al peronismo, sino que lo explica como un fenómeno histórico que llegaba a un punto donde sus limitaciones históricas como herramienta revolucionaria se hacían evidentes.

Los cipayos, sin embargo, defenderán a rajatabla el concepto de “genocidio”, pues si hubo sectores dentro del peronismo que actuaron en la represión, eso los haría genocidas y contagiaría —en la alienada mente del cipayaje— a todo el peronismo, negándolo como expresión histórica en el camino por la liberación nacional y social. Y esto no es nuevo para los cipayos, así será más importante la “Semana Trágica” que el efectivo avance para los sectores populares que significó el gobierno de Hipólito Yrigoyen o serán más valederos los devaneos autocráticos de Rosas que su efectiva defensa de los intereses nacionales frente al Bloqueo Anglo-Francés. Nada de los cipayos es casual y siempre tiende al mismo punto: negarnos nuestra existencia y la continuidad histórica de nuestra lucha.

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  • Artículo cargado el 18/07/2008 - 22:00
Declaración sobre la crisis

Hacia la construcción de un Frente Nacional Antiimperialista para dar batalla al realineamiento de fuerzas antinacionales

Cuando menos lo esperaba, el gobierno acaba de experimentar una derrota política aplastante en el Senado, cámara en la que hasta el momento contaba con una segura mayoría. El propósito de convalidar el régimen de retenciones a las exportaciones agrarias mediante una ley se volvió contra sus inspiradores, y ahora son las organizaciones rurales las que tienen a su favor un antecedente institucional en medio de una disputa que se mantiene abierta.

Confiado en una situación política que lo había favorecido hasta el presente, y respaldado en el principio justo de gravar la renta extraordinaria generada por el precio récord de los granos en el mercado mundial, el gobierno avanzó en línea recta sin advertir que en los últimos tres meses el balance de fuerzas había cambiado. En este sentido el principal responsable de la derrota es el puesto de mando compartido por Cristina Fernández y Néstor Kirchner. Presionado por las obligaciones de la deuda pública y por la necesidad de financiar los aumentos de los subsidios al capital, construyó un régimen de retenciones uniforme, que no reconocía las diferencias de fertilidad natural por región, ni de extensión de las explotaciones, ni de escalas de producción.

El resultado de esta política fue la configuración de un extenso frente de resistencia que tuvo en las capas bajas de la burguesía agraria su base social más sólida y la fuerza militante de la movilización. Precisamente, la unificación de la tasa de retenciones aplicada por el gobierno significó una nueva vuelta de tuerca en el proceso de concentración de la propiedad y del capital a favor de las grandes corporaciones y el capital financiero invertido en los pooles de siembra. Por contrapartida, el negocio extraordinario del gran capital llevaba a los pequeños propietarios a vender la tierra o convertirse en rentistas y condenaba a los arrendatarios a la extinción. Las posteriores correcciones mediante el reintegro de un porcentaje de las retenciones a una parte de los productores de soja y girasol, no modificaron la situación: el nuevo régimen fue aprobado con fecha fija de finalización el próximo 31 de octubre, y con un mecanismo de cálculo que reduce sustancialmente el reintegro.

Sin embargo a esa altura hacía ya tiempo que el movimiento reivindicativo había adquirido un inconfundible contenido político. Además del respaldo que encontró en los pueblos del interior del país, contó con la simpatía de buena parte de la clase media de las grandes ciudades; simpatía que se convirtió en una manifestación decididamente antikirchnerista en el caso de las capas más acomodadas, una masa profundamente reaccionaria, nostálgica en muchos casos del terrorismo de Estado, que ve en Kirchner a Hugo Chávez y en Cristina Fernández a Eva Perón, y cree estar en presencia de un gobierno montonero con planes de “cubanización”. Hacia ese campo de fuerzas convergió la oposición partidocrática integrada por radicales, cívicos, macristas y socialistas a la que se sumaron viejas figuras desplazadas del aparato justicialista y la burocracia sindical opuesta a Moyano. Se trata de un realineamiento antipopular y antinacional, que gira en torno a una nueva construcción hegemónica homogeneizada por el discurso de los grupos económicos que se expresan a través de Clarín, La Nación, TN o Ámbito Financiero.

En cinco años de gobierno el kirchnerismo no removió los fundamentos del modelo de la dependencia que instauró la dictadura a mediados de los 70 y profundizó el menemismo en los 90. Incluso, en algunos casos, como la política petrolera, lo consolidó. Su programa ha reflejado los intereses de la gran burguesía exportadora y, particularmente, los de las corporaciones industriales. Ese programa fue desarrollado dentro de un equilibrio que incluye concesiones a la dirigencia sindical y la marcada centralización de los resortes institucionales, como reaseguro en la negociación con los distintos grupos económicos. 
Durante esos cinco años esa política no encontró serias resistencias. Sin embargo la situación cambió en los últimos meses. Una fracción de los círculos dominantes ha dado aviso que no está dispuesta a ceder la parte de la renta que pretende el gobierno, y demostró que está dispuesta a dar batalla. Ha afirmado su posición en el descontento y la agitación que despertó en las capas de pequeños propietarios y arrendatarios el impacto de las retenciones, y cuenta con capacidad para gravitar políticamente sobre importantes franjas de clase media, tradicionalmente influenciadas por el discurso del liberalismo oligárquico. Su propósito es debilitar, condicionar y preparar un próximo relevo, vía electoral, del gobierno.
El kirchnerismo fue sorprendido por el giro de la situación. El día 15 sus enemigos le hicieron ver que tenían mayor poder de movilización callejera y el 17 comprobó, por primera vez, que podía perder una batalla legislativa. De nada valen sus amargos reproches a la Unión Industrial por no haberlo socorrido durante el conflicto. Dentro del bloque de las clases dominantes pueden desencadenarse tensiones y producirse desplazamientos, como ocurrió durante 2001 y los primeros meses de 2002, pero su unidad termina prevaleciendo. 
Durante la confrontación las grandes masas obreras y populares estuvieron prácticamente ausentes. Carentes de una dirección política y con direcciones sindicales que han ceñido las reivindicaciones de clase a los límites de un modelo económico que opera una marcada concentración del capital y la riqueza, esa ausencia es el rasgo característico de la actual situación. En los planes de kirchnerismo —paradógicamente plagado de menemistas y del ala “progresista” de la partidocracia— no figura la movilización de los trabajadores ni tampoco la formulación de un programa antiimperialista, expresión política de un Frente Nacional en condiciones de restablecer la continuidad con las luchas populares que provocaron el colapso del régimen de la convertibilidad en diciembre de 2001 y abrieron una crisis de representatividad no resuelta. Ésta es la tarea central del momento. Se trata de desbaratar el realineamiento reaccionario en curso, cuyo primer objetivo es el gobierno kirchnerista, pero en cuya mira está el ajuste del programa económico a costa de los trabajadores y las grandes masas populares.

Socialismo Latinoamericano

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  • Artículo cargado el 10/07/2008 - 00:00

Acerca del debate sobre los “judíos genuinos”

El triunfo de los llamados “judíos ortodoxos” en las elecciones de la AMIA generó escozores en muchos miembros de esa colectividad. Y fueron mayores los escozores cuando el nuevo presidente de la institución, Guillermo Borger, declaró que “judíos genuinos” son “los que siguen en su vida los preceptos de la Torá”. Las reacciones contra Borger no se hicieron esperar, y fueron ampliamente difundidas por la prensa. Veamos algunas de esas reacciones. ¿Son judíos los “judíos no creyentes”?

“¿Seré genuino yo, que tengo historia judía, familia judía, pasado de grupos juveniles judíos, me gustan los latkes, los knishes y el leicaj, pero no leo la Torá?”, se pregunta el académico Diego Golombek. La respuesta que se le podría dar a Golombek es la siguiente: si la identidad judía se constituye no a partir de las creencias religiosas que profesa una persona, sino de SUs gustos culinarios, o de la judeidad de sus antepasados, entonces sí, usted, Golombek, es un judío genuino.

La escritora Ana María Shuá, por su parte, opinó: “la diferencia entre los judíos creyentes y los no creyentes, como mi familia y yo, es que los no creyentes no negamos el judaísmo de los demás”. ¡En buena hora! ¡Lo único que faltaba era que las personas que no creen en Dios y no profesan la religión judía, pero que sin embargo dicen ser judías, le nieguen la condición de tales a quienes sí creen en Dios y profesan la religión judía! Sería algo tan absurdo como si yo, que no profeso la religión católica, me sintiera ofendido porque un sacerdote niega mi catolicismo y le retrucara que yo, que no discrimino, jamás negaría el suyo.


Tato Bores (h) piensa como Hitler

El hijo de Tato Bores, Alejandro Borensztein escribió un artículo en Clarín (“¿Qué significa ser judío?”, 10/6/08) para aclarar este asunto de los judíos genuinos y no genuinos. Pero pretendiendo aclarar, oscureció. Hasta tal punto oscureció, que de sus palabras emerge, implícita, una reivindicación del racismo hitlerista.
Dice Borensztein, con total naturalidad: “Yo soy judío, quiero ser judío, me siento judío, me sé judío y, lo más importante, estoy orgulloso de serlo. Pero no soy religioso. No soy creyente”. ¿Qué diría Hitler al respecto si estuviera vivo? No es preciso ahondar en especulaciones. Alcanza con leer lo que escribió en “Mi Lucha”: “Cuanto más inteligente sea individualmente un judío, tanto más afortunado será en su engaño, gracias al cual conseguirá que una parte considerable de la población llegue a creer seriamente que el judío es un legítimo francés, un legítimo inglés, un legítimo alemán o un legítimo italiano, a quien no separa de sus compatriotas otra diferencia que la de la religión (…) Porque la religión mosaica nada representa, en realidad, sino una doctrina concebida para la conservación de la raza”.
Es decir, Hitler pensaba acerca de la identidad judía lo mismo que piensa el hijo de Tato Bores: la judeidad se lleva en la sangre; no es una condición del espíritu, el producto de una creencia, de una fe. Dice Borensztein, para que no quepan dudas de su concepción biologista-hitleriana: “Todos mis antepasados, hasta donde pude rastrearlos, por parte de padre y de madre, fueron judíos. Incluido mi tatarabuelo el gran Rabbi Avram Borensztein, nacido en Polonia en 1811”.

Ahora bien, ¿qué prueba que todos los antepasados de Alejandro Borensztein hayan sido judíos? ¿Prueba que Alejandro Borensztein es judío? ¿O prueba que judíos fueron sus antepasados? Si yo descubriera que todos mis antepasados han sido musulmanes, ¿probaría eso que yo soy musulmán? ¿O probaría que musulmanes fueron mis antepasados? Creo que la respuesta es obvia para todos, excepto para Hitler, para Borensztein y para todo aquel que confunda una religión con una raza o una “etnia”, como se dice ahora.

Para no limitarse a su propia genealogía racial, Borensztein menciona ciertas celebridades “judías”: “¿Y Ben Gurión y Golda Meir? Simplemente fueron un par de extraordinarios judíos genuinos que fundaron el Estado de Israel en donde los Levin y los Borger pueden rezar todo lo que quieran, sin que nadie los perturbe”. ¿Está seguro Borensztein que Ben Gurión y Golda Meir fueron “extraordinarios judíos genuinos”. Hay testimonios que dejan dudas acerca de las creencias religiosas de ambos. ¿Que fundaron el Estado de Israel? ¿Y eso que prueba? Lo único que prueba, estimado Borensztein, es que ambos eran sionistas. Pero sionismo y judaismo no son sinónimos, como lo demuestran los halcones sionistas-antisemitas que rodean a George Bush. O como lo demostró Eichmann, que en sus memorias ataca a los judíos pero no a los sionistas, con los que tenía —dice— grandes coincidencias. Más aún: si los judíos “ortodoxos”, los “jaredim”, por ejemplo, tienen razón (y es casi seguro que la tienen), entonces el sionismo y el judaísmo son incompatibles.

El Partido Obrero y el “fundamentalismo”

Como el Partido Obrero tiene una periferia de simpatizantes muy sensible a los problemas de la colectividad judía, dedicó un artículo de su semanario al asunto que nos ocupa. Se titula “ Por qué el oscurantismo copó la Amia”. Haciéndose eco de las protestas de los “judíos no creyentes”, considera “fundamentalista” la declaración que afirma que judío “genuino” es el que se rige por la Torá.

Según el hijo de Tato Bores, Woody Allen, a pesar de no creer en Dios y de mantener relaciones sexuales con su hijastra coreana, es un buen judío. Desafía: “¡levante la mano el que piensa que Woody Allen no es un judío genuino!”. Los seguidores de Altamira, por lo visto, no levantarán la mano. ¿No la levantarían, tampoco, si alguien pidiera, por ejemplo, “¡levante la mano el que piensa que el español Zapatero (o el inglés Tony Blair) no es un genuino socialista obrero!”? Sin embargo, así como no se puede ser un “genuino” socialista y administrar una sociedad capitalista, tampoco se puede ser un “genuino” judío y negar la existencia de Dios y dar la espalda a la Torá. El PO llama despectivamente “ayatollahs judíos” a los “ortodoxos” que cuestionan la condición judía de los “judíos ateos”. Pero, ¿no tendría razón el ayatollah que cuestionara la condición musulmana de un insólito “musulmán ateo” que ignorara olímpicamente las normativas del Islam? ¿Acaso Altamira no actúa como un “ayatollah marxista” cuando ataca a maoístas, stalinistas, socialdemócratas y otras variantes del trotskismo?

Dice el PO: “El debate sobre la definición de ‘judío genuino’ es una maniobra diversionista de los sectores que se presentan como laicos para disimular su responsabilidad en la colonización de la masa judía de Argentina por parte del oscurantismo más reaccionario”. Sin embargo, en los más de 100 años de existencia que lleva la AMIA, es la primera vez que los “ortodoxos” llegan al gobierno, y si “la masa judía de Argentina” ha sido colonizada, no lo fue hasta ahora por parte del “oscurantismo” religioso. El PO reconoce “el carácter laico e izquierdista de la mayoría de la comunidad judía”, que siempre votaba en la AMIA por los socialdemócratas o laboristas.

No. No es el debate sobre la definición de “judío genuino” una maniobra diversionista. Es una necesidad imperiosa para liberar al pueblo judío (entendido como una comunidad definida por su lealtad a la Torá, y no a un Estado nacional al servicio del imperialismo) de la prisión conceptual y política en que lo ha hecho caer el sionismo. Las declaraciones de Borger acerca de que “Israel es el centro de la vida judía”, en todo caso, no son las que espantan los “judíos ateos”, quienes se creen “izquierdistas” y “progresistas” pero, como la finada Silvia Bleichmar, aseguran “dormir más tranquilos sabiendo que el Estado de Israel está ahí” (aunque, por supuesto —maravillas de la esquizofrenia moral— “no se sienten responsables por la política represiva contra los palestinos”).

El debate sobre el “judío genuino” debe servir para golpear a quienes degradan el pensamiento invocando la “deconstrucción de las identidades”, la “muerte de la verdad”, el “fin de las certidumbres” y otras pavada “posmodernas”, y a quienes han tomado de rehenes a las comunidades judías de los diferentes países para realizar el programa hitleriano y erigir un Estado sionista que funcione como la avanzada de la “civilización” occidental y “blanca” contra la “barbarie” asiática y morena.

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  • Artículo cargado el 03/07/2008 - 01:40
Fundador y dirigente de la Izquierda Nacional

Falleció Alberto Guerberof

Testimonios de sus compañeros

Alberto Guerberof, quien fuera uno de los fundadores del Partido Socialista de la Izquierda Nacional (1962), del Frente de Izquierda Popular (1971) y del Movimiento Patriótico de Liberación (1987), falleció el 1 de julio en Buenos Aires. Aunque en los últimos años había adoptado posiciones alejadas de la corriente socialista de Izquierda Nacional que hoy se expresa en Socialismo Latinoamericano (se había aproximado al kirchnerismo), le rendimos homenaje a su trayectoria.

Reproducimos abajo testimonios de algunos compañeros que compartieron períodos de lucha junto a Guerberof.

Más allá de cualquier diferencia

por Osvaldo Calello

Ya fue dicho. La figura del compañero recientemente desaparecido está estrechamente asociada a la mejor historia de la izquierda nacional. Alberto Guerberoff fue uno de los fundadores del Partido Socialista de la Izquierda Nacional en los años 60 y del Frente de Izquierda Popular en los 70. También fue uno de sus principales dirigentes de esas organizaciones en una época en que los nombres de Ramos y Spilimbergo habían alcanzado una gravitación excluyente.

En esos años, y especialmente a partir del auge de las luchas obreras y populares desencadenadas a partir del Cordobazo, la izquierda nacional alcanzó su expresión política más definida y su mayor influencia en el terreno de las ideas y de la práctica militante. Desde su posición en la dirección nacional del PSIN Guerberoff jugó un papel fundamental en la organización de las nuevas fuerzas que se sumaban al movimiento en aquellos años agitados. Si se tiene en cuenta la desproporción existente entre las ambiciosas tareas emprendidas y los escasos recursos materiales con que contábamos, posiblemente se tenga una idea del rigor de una tarea que le exigió los mayores esfuerzos y sacrificios personales. La dureza de muchas de sus decisiones e incluso la forma implacable que en ocasiones las llevaba a la práctica, derivaban de esa, su inserción en el cruce de tensiones entre la exigencia de la acción y el carácter incipiente de la organización que debía llevarlas a cabo. No tengo dudas que tras su cara de pocos amigos se ocultaba un espíritu generoso.

En todo momento, hasta la ruptura en los años 90 Guerberoff contó con la plena confianza política de Ramos. Sin embargo se trataba de un cuadro político con peso propio, con condiciones notables para analizar fríamente, con desapasionado realismo, la coyuntura política y sacar sus propias conclusiones. Vivió junto al jefe del FIP y luego del MPL la mayor parte de su historia militante. Sin embargo, cuando éste abandonó las posiciones de la izquierda nacional y se sumó a lo peor del peronismo, Guerberoff hizo frente a su propio conflicto y se mantuvo fiel a sus convicciones.

Las luchas internas que sacudieron al PSIN en la segunda mitad de los 70 y hasta la ruptura de 1979 nos colocaron en bandos enfrentados. Después de eso las diferencias se mantuvieron. Sin embargo, en esta hora, nada de eso tiene importancia. En el recuerdo que tengo de Guerberoff se impone, sin la menor sombra de duda, el valor de su integridad política y de su honestidad militante; integridad y honestidad que lo mantuvieron en pie, en medio de extraordinarias dificultades hasta su hora final.

“FUE LEAL A RAMOS A COSTA DE SI MISMO”

por Gustavo Cangiano

Hace unos minutos me enteré de la muerte de Guerbe a través de un mail de Daniel Moser.


Estoy profundamente conmocionado. Mi primera charla con Guerbe debe haber sido en 1977 o en 1978, en un bar de la calle Corrientes. El FIP estaba sumergido en la disputa entre los partidarios de Spilimbergo y los partidarios de Ramos. Pero, jugando a ser un “lider bonapartista” de nuestro pequeño partido, Ramos se quedaba en un segundo plano y Guerbe aparecía como la figura visible del “antispilimberguismo”. Yo, que por entonces tenía unos 20 años, toda la soberbia del muchacho marxista que ha leído unos cuantos libros, y toda la ignorancia de quien aún no ha sido salpicado por el barro de la vida, pretendí explicarle a Guerbe que Ramos se pronunciaría en favor de las posiciones de Spilimbergo, que yo compartía. Creo que sólo conseguí convencerlo de mi inmensa ingenuidad.


En 1983 me enteré por intermedio de Franco Marletta que Guerbe se había entusiasmado por el apoyo que en nombre de una “Juventud de Izquierda Nacional” yo le había dado a la fórmula del FIP, Ramos-Colombo. Y me enteré también, después de que yo escribiera un “balance electoral” crítico del discurso electoral fipista, que Guerbe estaba furioso conmigo. “Su amigo no tiene remedio”, le gritaba a Franco. Pero cuando un par de años más tarde mandé unas colaboraciones al semanario “Marcha”, que sacaba Víctor Ramos, Guerbe me abrió las puertas del FIP y me convocó para trabajar en “La Patria Grande”.


Guardo un lindo recuerdo de aquellos años —entre el 87 y el 89— compartidos con los compañeros de “La Patria Grande”. Allí, con Daniel y otros compañeros, a veces hacíamos rabiar a Guerbe, que era sumamente exigente con la “excelencia” del periódico partidario. Constituimos un lindo equipo de trabajo, y tejimos relaciones de amistad y compañerismo. Lamentablemente, la llegada del menemismo arrasó al Partido, y con él a “La Patria Grande”. Todo terminó mal.


Siempre he tenido diferencias políticas con Guerbe. Pero su enorme capacidad y su honestidad jamás las he puesto en duda. Perteneció a una generación de militantes de la Izquierda Nacional que no se animó a volar plenamente con las propias alas debido a la presencia imponente de Ramos. Es una lástima que esta dependencia psicológica de Ramos haya impedido a Guerbe desplegar con plenitud sus enormes capacidades, aunque en sus artículos de coyuntura queda testimonio de ellas. Y es una lástima que la capitulación final de Ramos ante el imperialismo haya sido un golpe tan demoledor que le impidió a Guerbe convertirse en el eje de reagrupamiento de las fuerzas aún vivas de la Izquierda Nacional. Recuerdo que en el momento de la ruptura con los menemistas del MPL, yo le sugería a Guerbe que tomara algunas medidas elementales para dar la batalla política interna. “¿Por qué no vamos a registrar la propiedad intelectual de La Patria Grande para impedir de ese modo que la usen ellos? Sería un buen golpe político mostrar que los opositores a Ramos y a la banda de corruptos que lo acaompañan se han quedado con la prensa partidaria”. Pero Guerbe me miró casi horrorizado. Aun en el instante mismo en que Ramos lo arrojaba a un lado, como a un limón exprimido, después de una colaboración de treinta años, Guerbe se sentía inhibido para enfrentar a su maestro, a su líder, a su “ideal del yo”. Cuando con Franco y con Juan Maya empezamos a enviar en secreto información a Corbiere, en “El Informador Público”, acerca de la resistencia que generaba en el MPL el apoyo de Ramos a Menem, Guerbe, que siempre sospechó de nosotros, condenaba todo eso. Fue leal a Ramos a costa de sí mismo, y más allá de toda consideración de conveniencia política.


Se ha muerto Guerbe. Antes se murió el propio Ramos, y se murió Spilimbergo, y Blas. Y nosotros todavía no conseguimos reconstruir una organización militante se Izquierda Nacional. La Biblioteca Nacional, la intendencia de Alta Gracia, la UBA, cualquier institución de la Argentina semicolonial, organizan “homenajes” a nuestros muertos, apropiándose de ellos y desvirtuando su legado. Ex compañeros nuestros, viejos, cansados y descreídos, asisten a esos “homenajes” como quien asiste a un encuentro con los viejos compañeros de la secundaria o de la colimba: para recordar con nostalgia un tiempo definitivamente muerto.
¡Dejémonos de joder! ¡Hagamos lo que tenemos que hacer! Reconstruyamos una Izquiera Nacional militante, socialista, revolucionaria, joven y vigorosa para afrontar los desafíos del siglo XXI. 
Es lo mejor que podemos hacer por los compañeros que ya no están, como Guerbe.

“UN HOMBRE AFECTUOSO ESCONDIDO TRAS LA MASCARA DE UN TIPO DURO”

por Daniel Moser

A pesar de que no me tomó por sorpresa, me puso muy triste la noticia. Siempre sentí un gran respeto y afecto por Guerbe, con quien solía tener encuentros explosivos. Un hombre brillante con quien compartí momentos importantes de mi juventud y a quien nunca dejé de respetar y querer a pesar de que en los últimos años no compartiéramos posiciones políticas.

Recuerdo ahora, con culpa, mi último encuentro con él, hace pocos años, en un bar de la calle Corrientes, en Buenos Aires, donde me propuso y acepté con enorme interés grabar un largo diálogo con él para rescatar la historia de la IN que él vivió. La idea me resultó apasionante considerando al interlocutor; lamentablemente, faltaban pocos días para mi regreso a México y el proyecto no pasó de allí; no se me olvidó, pero ya no fuí lo suficientemente listo como para encontrar la oportunidad.


Una de las tantas anécdotas que recuerdo con Guerbe, recurrente en aquellos ochentas… era frecuente que ante ciertas tareas militantes lo consultara para conocer su opinión sobre la mejor manera de proceder, él me daba su punto de vista y al ver que no siempre atendía su recomendación, con la máscara de ogro que solía poner, enojado reprochaba “Para que me pedís opinión si después hacés otra cosa”…
Recuerdo una ocasión en que en la recepción del local del MPL en la calle Rivadavia, una discusión subió de tono y terminamos a los gritos mientras varios compañeros optaron por salirse y dejarnos solos. Nunca pasaba de los gritos y jamás hubo rencores.

Más allá de la política, siempre recordaré de él sus consejos, su humor acido, su sonrisa socarrona y sus carcajadas tan estruendosas como poco frecuentes, y esa sensación de estar viendo en él a un hombre afectuoso escondido detrás de una máscara de tipo duro.
Más allá de que en los últimos años sostuvo posiciones políticas que, para mí, en él, resultaban incongruentes, sin lugar a discusiones, Guerbe no fue, ES, un referente histórico de la IN.


Vaya un abrazo largo, apretado, afectuoso, para vos, querido Guerbe.

DanielNMx

“GUERBE ERA LA IMAGEN MISMA DE UN JEFE POLITICO”

por Mauricio Mayer

Falleció Guerbe y con él se va uno de los más importantes puntales del deseo de contar con una organización propia de la I.N.

Las anécdotas de Gustavo realmente son imperdibles e importantes como para poder comprender el sacrificio y la pertinacia de Guerbe y otros compañeros de su generación para poder cristalizar una organización que navegara las aguas de la revolución nacional y social.

Guerbe para mí era la imagen de un Jefe Político. Tenía algunas características que a los más jóvenes nos hacían perder la paciencia: organicidad, meticulosidad y una humildad que sacaba de quicio. Los que nos identificábamos con el discurso y la impronta política de Ramos, que era fuego, pretendíamos accionar políticamente sin reparar en detalles, “a la cargazón”, con desparpajo, mucha soberbia y a las patadas. Pero no… ahí te encontrabas con la mirada fría de Guerbe detrás de sus anteojitos medio anticuados, que con paciencia te dedicaba tiempo. Guerbe no tuteaba a nadie, así tuviera quince años. Te ponía en el lugar que vos decías que tenías, por ejemplo el del “revolucionario” de acción. La palabra justa es meticulosidad. Así como era meticuloso en las publicaciones del partido, también lo era para escuchar y tratar de conducir la acción de los militantes.

Cierta vez, convinimos en realizar una actividad de prensa en Rosario y yo era el encargado de conseguir que los más importantes medios nos recibieran, misión dificil y casi siempre frustrante. Las FM no tenían la difusión que luego tomaron. Así que si se conseguía una sola entrevista en una AM de las tres que había, ni que hablar de uno de los dos canales de TV o en el diario la capital, la cosa era un éxito. Hice toda la recorrida y nada, hasta que conseguí que el programa político de LT3 me diera bolilla, con una mentira piadosa… le dije al periodista que nuestro partido estaba dando los toques finales para una insurrección de corte cívico militar nacionalista, de allí que estábamos tratando de organizar un frente de apoyo táctico con sectores peronistas y que el que venía a tal evento (a poner la cereza) era nada menos que “el segundo de Ramos”. Al tipo le gustó la historia, y cuando vino Guerbe nos recibió con los brazos abiertos. Guerbe hizo el “speacher” que tenía armado y luego el tipo lo bombardeó a preguntas sobre la democracia, la insurrección, etc. a lo que Guerbe respondía con lineamientos generales, cuestión que lo impacientaba al periodista que al final le dijo, “pero usted, que según me han informado es el segundo de Ramos, ¿no podría precisar un poco más y explicar su presencia?” Y Guerbe, con toda su infinita humildad, contestó que simplemente era un militante más y que no existía nadie “segundo de Ramos”; todo para desilusión del periodista incauto que quería la primicia.

Por supuesto que en aquella época, sin dudas esa humildad la interpretaba como un síntoma de debilidad. Hoy, mirando en perspectiva, creo que era su fortaleza, que ese carácter fue la fragua que abrigaba el proyecto de templar elementos disímiles, como lo eran los jóvenes revolucionarios de los 60’ y la Generación Malvinas, pasando por alto la malograda generación de los 70.

Hasta siempre compañero guerbe.

“FUE UNO DE LOS FUNDADORES”

por Rubén Terrón

Tal parece que los adioses están siempre rodeados de un dejo nostalgioso… Quien firma, no conoció a Guerberof sino en algunas ocasiones de traslados a Capital (fines de 72 a junio del 73), cuando el FIP desplegaba sus banderas ante las calles y paredes de todos los sitios de la Argentina. Allí, en la calle Alsina, lo vi discurrir junto a Ramos y Spili, cuando los más novatos (tres o cuatro años de militancia, observábamos con curiosidad a aquellos a quienes habíamos leído en los libros, particularmente en la revista “Izquierda Nacional” o en el periódico “Izquierda Popular”, estaban junto a otros nombres de luchadores, cuando todavía estaba en discusión el horizonte del peronismo y se preveían los choques de “la tendencia” con “el entorno”. Luego de las elecciones del 23 de setiembre, Guerberof estuvo en La Plata (cuando los 900.000 votos), junto a Ramos, para darnos idea política de lo alcanzado. Nos acompañó a una charla de Ramos en la Universidad (Humanidades-Historia UNLP) cuando AUN (la Agrupación Universitaria Nacional) era la niña bonita de las agrupaciones estudiantiles. Casi siempre discutía con nuestro inefable Miguel Rubinstein, con Carlos Kunath y otros compañeros (eh! Horacio De Luca?).

Estuvimos otra vez en Alsina por el mes de agosto del 73, y luego se fue mezclando con cientos de nombres de compañeros hasta que llegó la diáspora. Ramos Spili… Poco puedo decir de é.l Recuerdo su voz en el altavoz de Plaza a Moreno, voceando la lista 14 del FIP: “Vote a Perón desde la izquierda,acompáñenos en la opción…”

Más allá de las divergencias sobre las posturas ideológicas -adhiriendo a tal o cual divisa o acontecimiento de la hora política- desde los grupos que orientaba, un compañero de las luchas que inciaron los forjadores de la Izquierda Nacional, ha partido definitivamente… De una de las paredes de mi memoria cuelga un banderín triangular de tafeta, con bordes blancos, azul oscuro, con un fragmento de la Bandera de Artigas debajo de la que se lee: FIP, en sentido vertical —como una columna que sostiene el peso de una historia que sigue viva—, más abajo hay una frase entrecomillada “…solo el pueblo sabe y puede…” Ojalá ese símbolo acompañe el silencio de esta tarde, y homenajee la partida de uno de sus fundadores.

“SU MUERTE ENLUTA A TODA LA IZQUIERDA NACIONAL”

por Leopoldo Markus

La muerte de Alberto Guerberoff enluta a toda la Izquierda Nacional, al 
igual que las pérdidas anteriores de Jorge Abelardo Ramos, Blas Alberti 
y Jorge Enea Spilimbergo y de otros hombres como Manuel Fernando Carpio 
y mujeres como aquella excelsa y finísima poeta que fue Ana María Giacossa.

En lo que a mí respecta, por ser fundador del PSIN en mayo de 1962, me 
toca muy profundamente, ya que junto a Alberto, a Raimundo Sillitti, a Juan Barat, a “Pililo” Montes, a Osvaldo Soraires, a Mario Romero, entre 
otros, acompañamos por aquellos años a Ramos y a Spilimbergo en la 
patriada de fundar un partido socialista revolucionario, que fuese el 
ala izquierda de la Revolución Nacional, que por aquellos años conducía 
el general Perón, como jefe del Frente Unico Antiimperialista y que 
continuara la titánica tarea que había dejado León Trotsky antes de ser 
asesinado en México en agosto de 1940.

Alberto era por aquel año de 1962, a la caída del gobierno de Arturo 
Frondizi (28/03/62), uno de los miembros del llamado Grupo Caseros, que 
junto al Grupo de San Martín, al Grupo de Bahía Blanca —que conducía Rubén Bortnik— y que junto a la gente de Capital, integrábamos el 
Partido Socialista de Vanguardia, efectuando una dura crítica a la ƒdirección, stalinista y cubanista de David Tieffenberg, por medio de un 
documento titulado “Un Partido Socialista Nacional o al servicio de Kruschev”, escrito por Spilimbergo y que consitituiría el 
pre-lanzamiento del PSIN y antecedente de todo lo que fué la Izquierda 
Nacional a posteriori.

Fue un gran compañero, activista y dirigente y lo recuerdo gratamente 
con su vozarrón, sus risas o su temperamento enérgico, cuando las 
circunstancias lo determinaran.

Más allá de las diferencias políticas que nos separaron hace muchos 
años, le rindo homenaje póstumo en nombre propio y en el del PSIN 2ª 
época, al luchador insobornable e inclaudicable que fue toda su vida.


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Curso de Historia

Dimensiones históricas argentinas

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¿Quién y para qué se apropia la renta agraria diferencial?

Hay un ciclo económico que el país debe respetar, que es la producción, la industrialización, la comercialización y el consumo. El Estado debe, pues, encadenar estas cuatro operaciones. Este encadenamiento implica que debe darse al problema del agro una solución nacional.

Juan Perón
Discurso ante representantes de la FAA, marzo 29 de 1947

Sin lugar a dudas, las retenciones impuestas por este gobierno no representan una “solución nacional al problema del agro”. Pero tampoco lo representa el reclamo del “campo”, que si bien en él participan pequeños y medianos productores que producen para el mercado interno y que son las verdaderas víctimas de la ausencia de esa “solución nacional”, el conflicto es conducido por lo grandes terratenientes y los productores pequeños burgueses de la Pampa Húmeda que producen para el mercado externo. Y para estos el problema pasa por no querer permitir que el gobierno les “meta la mano en el bolsillo” y les arrebate parte de lo que considera únicamente como fruto de su propio esfuerzo, sin tener en cuenta la fabulosa renta agraria diferencial que les da superutilidades, la que no es producto de su “esfuerzo” sino de las excepcionales condiciones de clima y suelo de nuestra zona pampeana y de los altos precios internacionales que han alcanzado los alimentos.

Pero para pensar en una “solución nacional al problema del agro”, primero hay que conocer el problema. Y tratando de no caer en reduccionismos, podemos afirmar que el problema agrario está en quién se apropia esa renta diferencial y para qué. En la disputa actual entre el gobierno y los sectores agrarios, unos dicen que el gobierno les arrebata la mayor parte de las ganancias y aquel asegura que con las retenciones se apropia de parte de las ganancias de quienes más ganan en la producción agropecuaria. Y lo cierto es que ni el gobierno se queda con la mayor parte de la renta, ni los grandes beneficiarios del modelo agroesportador son los que hacen el mayor esfuerzo impositivo.

Y en esta disputa quienes sí son los verdaderos beneficiarios de las superganancias que se cosechan en los últimos años, han quedado ajenos. Estas son las siete empresas (Cargill, Bunge, Dreyfus, Nidera, Noble Argentina, ADM Argentina —extranjeras— y Aceitera General Deheza —propiedad del senador Urquía—) que controla el 80 % del negocio de la exportación de granos. Este oligopolio, que maneja nuestro mercado externo, se apropia de la mayor parte de la renta agraria diferencial no sólo como intermediario entre país productor y países consumidores, sino también haciendo recaer el peso de las retenciones sobre los productores, mediante maniobras fraudulentas que el gobierno conoce y permite.

Esto se ve agravado por la fabulosa concentración de tierras que se ha producido en nuestro país en los últimos años. En el año 2001, el Censo Agropecuario indica que “los 936 terratenientes más poderoso tienen 35.515.000 hectáreas” y que “137.021 agricultores poseen solamente 2.288.000”. Del Censo se puede observar que “de las 35 familias tradicionales que en el censo del año 1913 concentraban la mayor parte de las tierras, 30 siguen siendo grandes propietarios” (como los Anchorena con 40.000 hectáreas y los Gómez Alzaga con 60 mil). Y más: “casi 17 millones de nuestras mejores tierras están en manos de capitales extranjeros”, como por ejemplo las 900 mil hectáreas de Benetton y las 200 mil que Douglas Thompkins adquirió en los Esteros del Iberá de Corrientes. El mantenimiento y la profundización del proceso de concentración de tierras al que han contribuido los diferentes gobiernos que se han sucedido desde el 55’, han llevado a que en el 2001 6 mil terratenientes sean propietarios de casi el 50 % de las tierras productivas. Y estos datos, extraídos del Censo Agropecuario 2001, puede que no sean correctos porque por razones impositivas los terratenientes tendieron a dividir las tierras, poniendo unidades territoriales a nombre de distintas sociedades, teniendo como resultado que la concentración de tierras sea aún mayor.

Estos grandes propietarios arriendan sus propiedades apropiándose del 40 y el 50 % de lo cosechado. Es decir que por el sólo hecho de tener un título de propiedad son, junto a las exportadoras, los grandes beneficiarios de nuestra producción agropecuaria.

Y por si esto no era suficiente para expropiar al pueblo argentino de sus riquezas, en los últimos años aparecieron los pooles de siembra. Estos son empresas que arriendan decenas de miles de hectáreas contratando a productores que no pueden adquirir campos o se encuentran en desventaja frente a los pooles para el arriendo. He aquí, al igual que los terratenientes y las exportadoras, otro de los grandes beneficiarios del modelo agropecuario actual.

Estos tres actores, en su desmedido afán de riqueza, nos han hecho perder nuestra autonomía alimenticia llevándonos al monocultivo de la soja, convirtiéndonos en un país sojero. Pero esto no sería lo peor si la fabulosa renta agraria diferencial producto de nuestras condiciones climáticas favorables y el alto precio que el producto ha alcanzado internacionalmente, o al menos una buena parte de ella, sirviera para capitalizar al país. Pero lamentablemente no es así; y no es así porque no controlamos nuestro comercio exterior ni nuestro ahorro interno, porque nuestros productores están sujetos al humor de los terratenientes y los pooles de siembra y porque las exportadoras como únicas compradoras de nuestra producción fijan los precios de compra y venta, estafan al fisco haciendo recaer las retenciones en los productores y controlan el transporte y el almacenamiento, realizando un extraordinario negocio con la riqueza nacional.

Ante este panorama desolador, un punto más o un punto menos en las retenciones no permitirán la redistribución de la riqueza, como asegura el gobierno. Ni hará más pobre al productor de la pampa húmeda. El 30 ó el 40 % de retenciones no eliminará el elemento perturbador en el ciclo de la producción, la industrialización, la comercialización y el consumo del que hablaba Perón. Y ese elemento perturbador de nuestra economía es el puñado de empresas trasnacionales, aliada a la oligarquía terrateniente y a la gran burguesía agraria de los pooles, que controlan nuestro comercio internacional expropiando nuestras riquezas sin permitirnos aprovechar la favorable coyuntura internacional que se nos presenta para capitalizar el país y dejar de ser un apéndice colonial productor de materias primas.

Si este gobierno realmente hablara a favor de las mayorías, si realmente le interesaría la redistribución de la riqueza, no sostendría una lucha inocua por apropiarse de las migajas del banquete sojero a costa no de los que más ganan, sino del último eslabón de la cadena que es el mediano y pequeño productor que con gran esfuerzo trabajo nuestra tierra (ni que hablar del trabajador rural superexplotado y ninguneado, otro ausente en la disputa). Si realmente se perseguiría la apropiación de parte de la renta agraria diferencial para el bien del conjunto del pueblo argentino, el gobierno debería nacionalizar nuestro comercio exterior y controlar la producción de nuestros alimentos, asegurando el abastecimiento interno e impidiendo la fuga de las divisas generadas por el campo y el trabajo argentinos; nacionalizar la banca para poder controlar nuestro ahorro interno y evitar que se fuguen nuestras divisas, diseccionándolas hacía una política de proyecciones nacionales, en busca de la justa distribución de las riquezas; recuperar las empresas privatizadas y el control de las energías no renovables; recuperar y reestructurar los servicios de transporte y flete, en el marco de una geopolítica federal y progresista…

Pero claro, sabemos que este gobierno está muy lejos de eso. Pero hubo en nuestra historia un gobierno que si lo hizo, que se animó a desafiar al imperialismo, a planificar un país para todos, a construir el ciclo económico de la producción, la industrialización, la comercialización y el consumo. Un gobierno sabedor de que para que “sea para todos la cobija o para todos el invierno” ese ciclo debía ser controlado por el Estado. Pero no por cualquier estado, sino por uno soberano, cimentado en la justicia social y la libertad económica y, fundamentalmente, con el pueblo en la calle para defenderlo de sus enemigos.

Ese Estado creó una herramienta para controlar ese ciclo económico: el IAPI, o Instituto Argentino de Promoción e Intercambio.

La nacionalización de la renta agraria diferencial

“Ese sector intermedio era un tumor que estaba allí, absorbiendo la mayor parte de la vida de todos los demás tejidos de la economía que trabajan. Cortamos eso, sacamos el tumor y pusimos la cánula; la cánula es ahora el IAPI”

Juan Perón
Discurso en que anuncia el 2° Plan Quinquenal

Desde la conformación de Argentina como nación, nuestra clase dominante supo consolidarse mediante las fabulosas ganancias que producía la colocación de nuestros productos agropecuarios en el mercado internacional. Los imperialismos de turno supieron aliarse a esta clase hegemónica y apropiarse del control de nuestro comercio exterior, y a través de él drenar la mayor parte de las ganancias extraordinarias producidas en nuestro país.

Mediante el deterioro de los términos del intercambio, los países centrales se apropian de nuestras riquezas y nos impiden desarrollar nuestras fuerzas productivas. El peronismo en el gobierno buscó romper este yugo y a través del IAPI “procuró tomar parte de las ganancias originadas en el intercambio y capitalizarlas en el país”.

El peronismo procuró sostener y profundizar la industrialización que se había iniciado en el país con la sustitución de importaciones, pero para empujar al país hacia el desarrollo industrial necesitaba de divisas para importar los bienes necesarios —insumos y maquinaria. Además necesitaba un mercado interno robusto, para lo cual debía mejorar el nivel de vida de su población, implicando esto un elevado gasto social. Pues bien, ¿donde se generaban esos recursos que necesitaba el Estado? En el intercambio comercial de la tradicional producción agrícola ganadera, por lo que el gobierno debía procurarse de esa fuente de recursos para llevar adelante su política económica. Así, la monopolización por parte del estado del comercio exterior, apareció como un elemento fundamental para la construcción de la Nueva Argentina.

El IAPI pasa a ser el monopolizador del comercio exterior y regulador de la producción agrícola ganadera. A través del Instituto el Estado fija los precios (garantizando el precio prometido a los productores, por adelantado e independientemente de los precios internacionales), compra al productor y vende en el mercado internacional. Adquiere la producción total de semillas que entregará por cupos a los industriales para que la procesen y posteriormente coloca el aceite en el mercado internacional. De esta manera se defiende los precios de los productos argentinos ante los deterioros en los términos del intercambio.

Con esta herramienta “no sólo se controlaba cuáles mercaderías importar, a que precios y con que aranceles, sino también que debía producirse en el país —al determinar precios de cereales y carnes— y a quienes debíamos verdécelos en el exterior. Se regulaba el abastecimiento interno y se protegía a la industria nacional”.

Con las ganancias obtenidas, el IAPI no sólo subsidio importaciones (principalmente de insumos y maquinarias para el agro y la industria) sino que otorgó fondos a las reparticiones estatales y realizó obras de bien común; se ocupó de fomentar la producción agropecuaria, luchar contra las plagas, comprar y distribuir semillas, vendió al costo a la industria local, subsidió a productores marginados o de zonas perjudicadas por fenómenos climáticos.

Es decir que las fabulosas ganancias de la colocación de nuestros saldos exportables en el mercado internacional, que antes quedaban en manos de los monopolios privados —en su mayoría extranjeros— que controlaban nuestro comercio exterior, ahora eran utilizadas por el Estado nacional para capitalizar el país. Se nacionalizaron los servicios públicos, se expandió la actividad productiva de las empresas estatales, se nacionalizó la banca y se pasó a controlar el crédito interno, se protegió la industria nacional…

El IAPI intervino en la compra de los ferrocarriles, la Compañía de Gas, la adquisición del complejo de empresas del grupo Dodero (Compañía de Navegación, Río de la Plata, Ultramar SA y demás), el rescate de las acciones de las compañías Flota Aérea Mercante Argentina, Aviación del Litoral Fluvial Argentino, Aeroposta Argentina y Aerolíneas Argentinas.

Sólo en 1949 aportó para la compra de 8 buques de carga y pasajeros, 26 trenes Diesel-Ganz, más de 200 locomotoras, más de 500 aviones y 9 buques tanques. Además de colaborar con YPF, Gas del Estado y demás empresas estatales; aportó al desarrollo de la minería, la siderurgia, la forestación, etc. Participó en la construcción de escuelas, hospitales y complejos habitacionales…

El IAPI le dio al problema del campo una solución nacional, al permitir que el ciclo económico se cumpliera.

Por una solución nacional al problema del agro

“Si bien los buenos precios de los alimentos en el mercado mundial fueron la causa objetiva de la relativa capitalización que concretó el Peronismo, no lo explican todo. Nada se hubiese logrado sin una voluntad política interna para aprovechar esas condiciones internacionales y lograr un mayor grado de independencia nacional”

Susana Novick, IAPI: Auge y decadencia

El IAPI fue una de las principales herramientas del Frente Nacional en su lucha de liberación. Con él se intentó nacionalizar la economía, puntal fundamental para construir una Nación independiente y socialmente igualitaria. Tanto es así que el Instituto fue una de las primeras víctimas de la contrarrevolución plutocrática que se instaló en el país a partir de septiembre de 1955, la que no cejó un instante hasta lograr la liquidación de la cánula que socializaba la renta agraria diferencial.

El golpe del 76 instaurará un modelo aprturista de la economía buscando reducir la intervención del Estado a su mínima expresión, modelo que se cimentará y profundizará con la llegada del menemismo. Entonces, al amparo de la globalización neoliberal, durante los años 90 se implementará un modelo agropecuario dominado por las grandes empresas trasnacionales y la tecnología que ellos controlan.

Como país agroexportador que somos, la disputa está en quien se apropia de la renta agraria y para qué. Indudablemente en la actualidad esa renta es apropiada nuevamente en su mayor parte por los monopolios extranjeros, que manejan nuestro comercio exterior, compartiéndola con los terratenientes y la gran burguesía agraria.

El gobierno actual, necesitado de caja, sin otra política que la de permitir a estos pulpos que nos sigan expropiando la riqueza nacional, intenta participar en el reparto de la renta pero tratando de no perjudicar a sus socios mayores. Es así que hace caer el peso de las retenciones en la parte más débil: el pequeño y mediano productor agropecuario.

El conflicto actual entre el gobierno y los diferentes sectores del campo, evidencian nuestra dependencia y la necesidad de reconstruir un Frente Nacional de Liberación que deberá tener como una de sus principales metas la de recuperar la renta agraria para todos los argentinos, de modo que nos permita capitalizarnos y desarrollarnos independientemente de los centros de poder, buscando reconstruir el ciclo de la producción, la industrialización, la comercialización y el consumo.

Será indispensable que, como parte de una política nacional, el estado monopolice el comercio exterior de manera de defender nuestra producción agropecuaria y a nuestros pequeños y medianos productores y a los trabajadores rurales. Y, fundamentalmente, que la renta agraria sea socializada y utilizada para el desarrollo independiente, integral e igualitario de la nación en su conjunto.

De ese modo se dará una solución al problema del agro, y, lo que es más importante, esa solución será nacional.

Notas:
Para su profundización véase en esta web: Alonso Héctor, “Oligarquía, renta diferencial y socialismo en Argentina”.

Denuncia efectuada por MARIO CAFIERO y RICARDO MONNER SANS ante la Justicia Federal contra exportadores de granos Causa Nº 4713/2008 caratulada “NN s/defraudación de seguros” Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 8, Secretaría 15, Comodoro Py 2002, 4º piso.

Los datos estadísticos que se mencionan a continuación fueron tomados de Corriente Nacional y Popular de Trabajadores de Prensa, El boom sojero: ¿panacea nacional o nueva forma del saqueo?, Rosario, Julio de 2004. Las citas le pertenecen.

Para el desarrollo de este punto se ha utilizado a Novick, Susana, IAPI: auge y decadencia, Bs. As., Centro editor de América Latina SA, 1986. Las citas que aparecen le pertenecen.

Además, la creación del IAPI fue acompañada por la suspensión de desalojos rurales, el Estatuto del peón de campo, el congelamiento de los arrendamientos, la expropiación de 2 millones de hectáreas, entrega de semillas, créditos para maquinaria, la nacionalización de la banca y el control de cambio, la nacionalización y conformación de las empresas estratégicas, etc.

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