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  • IZQUIERDA NACIONAL
  • Artículo cargado el 17 de junio de 2007
Ni Macri ni Filmus
GUSTAVO CANGIANO
 
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En la noche del domingo 3 de junio, apenas se conocieron los resultados de los comicios, cualquier televidente que miraba los festejos del kirchnerismo bien pudo preguntarse: ¿qué festeja esa gente?

Filmus obtuvo unos 400 mil votos. Esto significa un 23 % sobre el total de votantes, y un 16 % sobre el padrón (la partidocracia, con el propósito de disimular su descrédito, calcula los porcentajes de votos obtenidos no sobre el total de votantes sino sobre el total del padrón. De este modo, invisibiliza el hecho muy significativo de que el 31 % del padrón, es decir una cantidad de ciudadanos superior a la que votó por Macri, no concurrió a votar). Del desempeño electoral del oficialista Filmus, entonces, puede concluirse: peor, imposible. Considérese, además, que la lista de diputados del Frente para la Victoria no llegó ni al 10 % de los votos. Un bochorno. ¿Y por qué festejaban entonces?

Cipayos de izquierda y cipayos de derecha

Hay dos razones que explican el patético festejo:

1) este gobierno continúa la estrategia menemista de “producir hechos” a partir de los medios de comunicación. De tal modo, si los ciudadanos ven en la televisión y leen en los diarios que Cristina K. y Filmus se saludan y se felicitan mutuamente por “el éxito electoral”, entonces pueden llegar a creer que efectivamente obtuvieron un éxito electoral. Y si eso es así, no cabe duda de que el gobierno de K. es un gobierno “popular”;

2) la segunda razón para el festejo es que en la pelea por el premio consuelo de llegar al ballottage, el gobierno superó (apenas) a la alianza oportunista de Carrió-Telerman, que amenazaba con consolidarse como una alternativa “progresista” o de “centroizquierda” no kirchnerista. De haber sucedido esto, el desastre kirchnerista hubiera sido inocultable. Pero como eso no sucedió, los kirchneristas tenían razón en festejar. ¿Por qué? Por lo siguiente:

Al kirchnerismo, expresión del progresismo pequeño burgués subordinado al imperialismo, le viene muy bien que haya una oposición “de derecha” con la cual confrontar y frente a la cual presentarse como una opción de “centroizquierda”. De este modo pueden reiterar una y mil veces el mismo chantaje: “si no nos apoyan a nosotros se vienen los que quieren reinstalar la década del noventa”. Así es como, mediante el típico juego de pinzas antinacional que instituye la tramposa disyuntiva izquierda/derecha, cipayas ambas, se combate a la única alternativa posible frente al régimen semicolonial, que es la construcción del Frente Nacional Antiimperialista. La prueba de que el kirchnerismo y el menemismo no son contradictorios sino complementarios la ofrece el propio candidato kirchnerista Filmus, que fue menemista en los noventa (¡al igual que el mismísimo Kirchner!). Sin embargo, el kirchnerismo y sus agentes de publicidad seguirán insistiendo en que ellos son lo que no son, con el concurso de muchos ex “izquierdistas” ya definitivamente domesticados (o comprados con puestos públicos, como es el caso de los “guevaristas” de “patria libre”)

No es ilógico que se haya votado a Macri

Una consideración sobre los votos a Macri. La frase ha sido pronunciada infinidad de veces en estos días: ¿cómo es posible que la gente vote a Macri? ¿Acaso no representa “lo peor de lo peor” del capitalismo semicolonial?

Filmus y los kirchneristas quieren disimular su condición de peones del imperialismo con frases grandilocuentes y recurriendo a toda clase de mascaradas. Pero Macri se presenta a cara descubierta: es el capitalista “exitoso” (en los negocios) que quiere gobernar la ciudad como gobierna sus empresas, para lo cual no necesita la mediación de los politiqueros comiteriles, cuyo desprestigio los convierte en un estorbo. Cabe la pregunta, entonces: ¿qué tiene de raro que se vote a Macri? La gente está con una bronca crónica hacia “la clase política”, como se le dice. Entonces votó el domingo contra los dos oficialismos que se presentaban: el oficialismo “nacional” de Filmus y el oficialismo “distrital” del payaso Telerman. A Filmus lo votó sólo el 16 % del padrón. Y la lista de legisladores kirchnerista, como queda dicho, obtuvo apenas el 7 % del padrón (11 % de los votantes). ¡Esto es una derrota “descomunal!, como diría con su propensión a la grandilocuencia discursiva el “trotskista” Altamira (que, entre paréntesis, también fue “descomunalmente” derrotado el domingo, al igual que todas las variantes de la izquierda portuaria). A Telerman, por su parte, lo votó el 14 % del padrón. Es decir: el 86 % del padrón le dio la espalda a su “gestión” de gobierno.

Para repudiar a ambos oficialismos, se eligió a Macri. Es decir: no se votó a un político que “gestionara” (conviene detenerse en la palabra “gestión”, porque es clave en la operación ideológica del imperialismo) la “cosa pública” (en beneficio de los intereses privados), sino que se votó directamente al representante de los intereses privados. Al fin y al cabo, si Macri sacó campeón a Boca tal vez consiga que los trenes funcionen, que en los subtes y colectivos se viaje algo mejor, que las calles no estén rotas, etc. Macri es el rostro autoproclamado ”no ideológico” de quien cree que “hay que hacer” en vez de parlotear como los politiqueros partidocráticos. Macri es la versión reaccionaria de esa “antipolítica” que asusta a los politólogos demoliberales pero que seduce a una creciente mayoría de argentinos hartos de las promesas incumplidas de la democracia colonial impuesta en 1983. Los contendientes de Macri lo enfrentaron en su terreno, con consignas tipo “vote seguridad, vote Filmus” o “Telerman, el que tiene la ciudad en la cabeza”. Ya Marcuse, aquel discutido filósofo nihilista de los años 60, explicaba que el “pensamiento unidimensional” legitimador del statu quo se presenta como “propositivo” y rechaza la “negatividad”, es decir, la crítica y la polémica sobre lo existente. Macri y el “pro” harían la comidilla de Marcuse, pero también la harían esos “progresistas” mimetizados con el discurso de la derecha (Tan mimetizados que confunden a los electores: el director técnico Ramón Díaz, que llamó a votar por Macri en la primera vuelta, llama ahora a votar por Filmus, al tiempo que sigue proclamándose amigo de Carlos Menem).

El éxito de la operación despolitizadora, en suma, condujo al único lugar posible: a la victoria de un representante directo de la rosca oligárquico-imperialista que gobierna la Argentina sin solución de continuidad desde el 24 de marzo de 1976

Ni Filmus ni Macri: votar en blanco o no votar

A Macri lo votaron unas 800 mil personas, de las 2.600.000 habilitadas para votarlo. Esto significa un 30% (no el 45 % que dicen los diarios) del electorado. No es gran cosa, pero sí es suficiente como para suponer que va a ganar la segunda vuelta. Sabiéndolo, el objetivo del kirchnerismo es beneficiarse con el rechazo de una porción del electorado a Macri y cosechar un 40% de los votos. Ello le permitiría al gobierno exhibir un apoyo popular del que carece y posicionarse para octubre, otra vez, como la opción “progresista” y de “centroizquierda” frente a la amenaza de “la derecha”. Es decir: Macri no es el “enemigo” del gobierno, sino el argumento que el gobierno necesita para obtener votos que no son propios.

¿Y qué deberíamos hacer nosotros, los patriotas y los socialistas de la Izquierda Nacional, ante este panorama? Mantener en alto las banderas: no estamos con ninguno de los dos polos del abanico partidocrático demoliberal. Estamos tan lejos del “centroderecha” antinacional como del “centroizquierda” antinacional.

Gane Macri o gane Filmus, ganan los enemigos de la Revolución Nacional.

Por eso, en la segunda vuelta lo que corresponde es votar en blanco o no votar.