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  • Artículo cargado el 27 de febrero de 2007
Gran hermano y lo esperable
VANESA BOUZA
 
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En materia de medios masivos y especialmente de la programación televisiva, la gente consume los productos que son lo que hay. Es decir que como primera medida habría que distinguir que un programa presente altos índices de audiencia de la real posibilidad de elegir la programación que podría llegar a tener esa audiencia. La gente consume los programas que se presentan en televisión, y en ese estrecho abanico de opciones oscila mínimamente, prefiriendo ciertos rasgos estilísticos a otros, pero de ningún modo eligiendo qué es lo que va a ver.

Los medios, en tanto empresas privadas e hiper concentradas (actualmente como nunca antes en nuestro país), en busca del beneficio mercantil tratan —y consiguen— obtener la mayor ganancia con el mínimo coste.

En pos de ello lanzan nuevamente Gran Hermano cuyos protagonistas resultan trabajadores hiper explotados y, además, personajes rentables por si la situación lo amerita. Entonces, además de los requisitos estéticos del medio televisivo (gente no muy fea, no muy negra, no muy gorda, no muy flaca, no portadora de alguna visión de mundo medianamente coherente, etc.) se evidencian las nuevas en busca del “show total” que residen en la portación de pasado o presente “interesante” a los fines mediáticos.

Por eso estuvieron en el Gran Hermano 2007 la novia de Sergio Denis, la ex amante de Maradona y actual de un empresario conocido; el ex presidiario y ex falopero; la estrella de videos eróticos que a la vez es madre soltera; y no sospechamos todavía cuánto más.
Estos programas tienen la particularidad de presentarse en las vacaciones de nuestro país, para que de ese modo pueda irse aprovechando el “alpedismo” de los televidentes (se entiende que referimos en especial a jóvenes que no van a la escuela durante enero y febrero) permitiendo esta situación la posibilidad de armar un relato imaginario entre las situaciones acontecidas ahí.

Por otro lado tenemos la cuestión de la batería de programas periféricos que se nutren del mencionado reality y que a la vez realzan la posibilidad de nuevas interpretaciones y sentidos subyacentes a lo que sucede en la casa (allí donde, aparentemente, para quienes no se encuentran “atrapados” por las emisiones de Gran Hermano parece haber muy poca cosa, existen incluso noticieros del mismo canal que se encargan de señalar lo “importante”).

En TV de aire hoy en día no puede uno acceder a una programación que se halle exenta de remisiones a cuestiones y personajes de Gran Hermano, y ante esto, las críticas que frecuentemente aparecen en distintos medios sólo refieren a la pobreza espiritual y creativa de los tiempos que corren, así como al carácter supuestamente oportunista de este grupo de jóvenes que en busca de la posibilidad de futuros empleos en el medio televisivo concurrió a los castings correspondientes en lugar de haberse encargado de “prepararse” profesionalmente a tales fines.

Los medios responderán a las quejas sólo cuando se les presente la necesidad de cambio, evidenciada en la competencia por las mediciones de rating, debido a las cuales podrá ir quitando presencia a estos personajes conforme otros canales vayan logrando al ir avanzando el año capturar la audiencia con otros productos y sea perentorio en pos de competir poner algo más en el “asador”. Mientras eso no suceda se explotarán todo lo posible las historias de estos chicos que han sido elegidos por poseer pasados, anécdotas, y cuestiones posiblemente redituables mediáticamente.

De ese modo el sistema de medios convierte en ganancia aquello que en el pasado corría por cuenta de los productores de canales y no era conocido por los televidentes previamente a la “consagración”. El casting, o lo que antes eran las pruebas que según se decía Romay les permitía a los “galanes” que aceptaban intercambios sexuales con él en ciertas novelas o comedias, ahora se convierten en espectáculo enormemente redituable. Nada se tira ya.[1]

En este devenir de programación execrable al que nos encontramos sometidos resulta necesario recordar que, si los medios de difusión son privados, no podremos esperar jamás algo muy diferente a esto que sucede, y que ello resulta perfectamente comprensible si se considera el objetivo supremo ya mencionado: obtención de máxima ganancia con el menor coste.

Recordar la necesidad de que los medios corran en sentido inverso a la lógica puramente mercantil es una tarea que no deberíamos abandonar pese a lo ridículo que pueda parecerle a determinados sectores. Corren tiempos ya en que los mismos medios muchas veces declaran cínicamente como algo “natural” el estar siendo regidos únicamente por intereses comerciales, lo cual tiene que ver con la adivinación que ellos efectúan del espíritu de la audiencia, al parecer adormecida en la naturalización de lo que sucede, e incrédula ante reflexiones que tiendan a pretender dar un vuelco de esa situación.

Esa desnaturalización debe ser una de nuestras tareas, si es que en verdad estamos desconformes con la “calidad” de lo que vemos y oímos.

Sostener la necesidad de terminar con el imperio de los medios de comunicación privados es la verdadera crítica sobre la programación que deberíamos efectuar. [2]

Notas:

[1] Próximamente saldrá al aire también un nuevo reality de la productora de Cris Morena, en el que se elegirán los protagonistas de una versión “argentina” de la exitosa película estadounidense High School Musical. Se convertirá nuevamente el casting de la productora previo a la película en un espectáculo rentable, y a la vez en una eficiente publicidad que asegurará la taquilla del “prometedor” film.
[2] Es preciso recordar, también, que en materia de radiodifusión, nuestro país no se está dirigiendo a una limitación de la privatización de los medios sino a todo lo contrario. En el año 2005 con la sanción del decreto 527/05(firmado a pocos meses de los comicios electorales de octubre de ese año),  Nestor Kirchner extendió por diez años el plazo de vencimiento de todas las licencias de radio y televisión.