Isologo
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NACIONALES | Artículo cargado el 20 de septiembre de 2006
Kirchner-Lavagna
juan manuel lucas thome
 

Frente a los incautos pronósticos de cierto campo "nacional" que arriesga uniones democráticas lavagnistas y frentes antiimperialistas kirchneristas, el futuro enfrentamiento electoral entre el actual presidente y su ex ministro de economía parece rememorar el pasado reciente. Para no abundar en ejemplos históricos, durante los "atroces" años de neoliberalismo, las variantes de centro izquierda se revelaron absolutamente incapaces de siquiera cuestionar los fundamentos del neoliberalismo. A pesar de ello, la pequeña-burguesía argentina continúa inflando burbujas de buenas intenciones destinadas a reventar frente al porfiado destino histórico. Sin embargo, no son pocos los que comienzan a recelar de tanta justificación discursiva y simbólica frente a la acuciante necesidad de transformaciones profundas.

Ni Frente Nacional, ni Unión Democrática: "Concertación a la Chilena"

Recostada plácidamente en los salarios y prebendas del aparato burocrático con que escapa a la miseria generalizada, la pequeña burguesía se dispone, ansiosa, a consolidar la restauración del estado y la democracia colonial mientras fantasea con cumplir aquel sueño pueril del "presidente que no fue".

Un galimatías de ex aliancistas, duhaldistas, cavallistas y menemistas se dispone a consolidarse definitivamente como kirchnerismo tras el pluralismo centroizquierdista, mientras la "oposición" apura otra concertación en idénticos términos, ofreciendo una "eficiente" centroderecha.

Un galimatías de ex aliancistas, duhaldistas, cavallistas y menemistas, se dispone a consolidarse definitivamente como kirchnerismo tras el pluralismo centroizquierdista; mientras, la "oposición" apura otra concertación en idénticos términos, ofreciendo, en este caso, una "eficiente" centroderecha.

El cagatintismo de oficialismo y oposición se entretiene jugando al análisis teórico pretendiendo hacernos creer que la concertación K es el natural resultado de una nueva etapa histórica superadora de lo que definen como "segunda década infame".

El potencial "revolucionario" de la nueva etapa sale a la luz en la fractura de los agotados partidos políticos tradicionales y habría que buscarlo, por ejemplo, en la más reciente incorporación a la concertación centroizquierdista.

La prácticamente definida candidatura de Julio César Cleto Cobos (cipayo mendocino de quien ofrecemos nombre completo por razones que el lector sabrá apreciar) como vicepresidente K ha logrado incorporar al "movimiento nacional" al responsable de una provincia que a pesar del continuo superávit, muestra los más elevados índices sociales en, para no chicanear con salud o educación, explotación laboral infantil o trabajo en negro. Lo sabe bien el progresismo mendocino que se deshace en devaneos arbitristas de tipo táctico-estratégico para ocultar lo evidente: centroizquierda y centroderecha se enfrentarán en un juego partidocrático de un solo ganador: el gran capital nativo y extranjero.

Nuevas concertaciones, las mismas víctimas

El kirchenrismo, en este sentido, ha operado exitosamente de una forma combinada en que la interpelación discursiva presumidamente "nacional" ha generado ciertos espacios de consenso, logrando desde allí reconstruir el entretejido político e institucional del estado y la democracia dependientes.

Gestos, matices, señales y guiños ideológicos que coquetean con ciertas tradiciones nacionales han sido utilizados por el kirchnerismo, sobre todo en sus cuadros dirigentes e intelectuales medios, para justificar el inocultable carácter antinacional de medidas decisivas. Así, mientras se festejan los estudios mercadotécnicos de imagen e intención de voto, mientras se festeja el apoyo popular y las mayorías absolutas en cada uno de los poderes del estado, no se deja de recurrir a los "inexpugnables" condicionamientos estructurales que imposibilitan toda orientación nacional. Se ha exigido, inclusive, que el hambreado y desarticulado "campo nacional y popular" se organice y genere la política de masas necesaria para "condicionar y radicalizar" esta "nueva etapa histórica" a pesar de que el andamiaje neoliberal permanece intacto. Faltaría aclarar que esto sólo sería posible, a pesar o contra el kirchnerismo, y no desde voluntaristas exigencias de "real politik" al servicio del cipayaje.

Crisis y Después

Aquella crisis que a principios de siglo XXI argentino permitió ilusiones de liberación nacional y redención social es parte ya del pasado. Ni argentinazo ni disolución nacional, la efervescencia política del 2001 si bien desestabilizó en su momento al bloque social dominante no logró, sin embargo, afectar su ubicación estructural y los mecanismos hegemónicos que esa posición implica.

La tácita alianza entre los sectores financiero-productivos imperialistas y el gran capital nativo ha logrado recomponer, en el período que va de la fuga delarruista a la consolidación kirchnerista, su continuidad hegemónica.

La tácita alianza entre los sectores financieros-productivos imperialistas y el gran capital nativo ha logrado recomponer, en el período que va de la fuga delarruista a la consolidación kirchnerista, su continuidad hegemónica.  

La izquierda nacional, particularmente en los trabajos de Osvaldo Calello, ha demostrado y explicado el cambio en la correlación de fuerzas internas al bloque dominante que se ha operado en este período, sin que ello implique ni la ruptura interna, ni la emergencia de un bloque social que cuestione esa continuidad.

De forma genérica, aunque esencialmente correcta, si Menem expresó en primer lugar a l capital financiero multinacional y las corporaciones extranjeras --sin que ello implique desatender los intereses del gran capital nativo trasnacionalizado--, Kirchner vehiculiza hoy los intereses   del gran capital nativo en vínculo estrecho, sin embargo, con el capital financiero y productivo imperialista.

Esta variación interna al bloque social dominante, por matizada y parcial, ha exigido, sin embargo, una serie de reajustes superestructurales que consoliden este proceso de crisis y recomposición en los márgenes de cierta estabilidad social y política. La pequeña burguesía no logra reconocer, sin embargo, que kirchnerismo y lavagnismo grafican la restauración hegemónica --en clave "concertacionista"-- del democratismo periférico y dependiente.

Reconstrucción partidocrática

Centro izquierda y centro derecha son para el sistema semicolonial, y para los parásitos internos y externos que lo sostienen, un mecanismo que en su funcionalidad histórica debilita las posibilidades de consolidación de un frente nacional antiimperialista. Estas variantes hacen eje, sobre todo, en los sectores medios, fracturando las posibilidades de confluencia popular y la estructuración de alternativas radicalizadas de liberación. Por artificiales que resulten en relación a la naturaleza semicolonial argentina, ofrecen a la pequeña burguesía una vía para canalizar sus prejuicios ideológicos e históricos frente al "populismo autoritario" siempre latente en las mayorías populares argentinas.

La reconstrucción de la institucionalidad partidocrática que se opera en la actualidad, y más allá de las ingenuas esperanzas del kirchnerismo bienintencionado, implica reacomodar estas variantes definidamente conservadoras a la crisis terminal de las identidades partidarias tradicionales.

El doble discurso progresista comienza a salir a la luz, y la presumida "ruptura" con el neoliberalismo comienza a revelarse como lo que es: la vergonzosa continuidad de la entrega nacional por medio del más obtuso "derechohumanismo".

Esta definitiva consolidación de, para decirlo con Gustavo Cangiano, Alianza Civil Progresista y Concordancia Conservadora, ofrece sin embargo ventajas potenciales que deberían considerarse. El doble discurso progresista comienza a salir a luz, y la presumida "ruptura" con el neoliberalismo comienza a revelarse como lo que es: la vergonzosa continuidad de la entrega nacional y la miseria popular por medio del más obtuso "derechohumanismo". Amplios sectores que pacientemente esperaron un golpe de timón nacional, comienzan a reconocer un rumbo que intuyen preestablecido. La auténtica vocación nacional de muchos sectores medios comienza a generar replanteos sobre el camino recorrido con el kirchnerismo y sobre un infranqueable destino que cada vez se hace más evidente.

Alguien caro a los afectos "nacionales" --Arturo Jauretche-- acuñó una vieja definición aplicable al doble discurso kirchnerista, cada vez más visible: "Todo el progresismo  de la oligarquía queda revelado como la máscara  tras la cual se ocultó la finalidad perseguida: ¡organizar el país como abastecedor barato de otras poblaciones, no de la nuestra ¡"