Isologo
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NACIONALES | Artículo cargado el 29 de mayode 2006
No resignarse…
alberto aparicio
 

A veces, parece que es verdad, que somos nomás un grupo de condenados a desaparecer… (Esos estúpidos indisciplinados, utópicos soñadores, que no entienden que ya no hay espacio para sus caminos, que fueron urdidos con antelación a este tiempo rodeado de egoísmo con su cardinal origen en los locos 70, antes que la eccema posmo desde su verso instalara a nivel global el anatema de “la iniciativa privada”).

Y a lo mejor, —digo— estamos destinados a desaparecer muy a pesar nuestro, sufriendo las mutilaciones anteriores porque seguimos siendo sólo hombres y mujeres signados por la tónica de no resignarse a que las pesadillas tengan la recuperable eternidad a la que no aspiramos.

A veces nuestra sabiduría de la ingenuidad es como una vieja leyenda que amarra el corazón a las estrellas, pero que tiene el sabio testimonio de  las vivencias compartidas con esos “vocablos perimidos”: —transparencia, principios, ideología, coherencia, dignidad, militancia, compromiso, cuadros, lucha nacional, cultura popular, patria, América, balcanización, unidad, explotación, imperialismo, cipayaje… en fin, aquellas palabras que aprendimos a balbucear en cuclillas al lado de quienes abrieron camino desde la palabra y la actitud, manteniendo a duras penas el rumbo trazado desde la bandera de Artigas, símbolo sustancioso para comprender el significado y propender al camino de la revolución nacional y el socialismo en la Patria Grande.

Marx señalaba hace más de un siglo y medio, que la ideología de una sociedad es la ideología de sus clases dominantes. Argentina, como parte de América Latina es aun una semicolonia que depende de la rapiña de los cormoranes financieros del imperialismo, razón por la cual, indubitablemente la política en estos lares es el “reflejo” que generalmente asevera dicha visión. Quizá, partiendo de esta premisa conceptual pudiéramos despejar la incógnita que abarca el por qué,  siendo el peronismo la base en la que la clase obrera hace su entrada a la historia argentina el 17 de octubre del 45, y tras atravesar un ciclo histórico de luchas populares con el sino de lo nacional en sus pancartas, nunca intentó explicar coherentemente los motivos de su caída en el 55, ni de los golpes posteriores sufridos en la carne viva del pueblo y su militancia, y por qué no intenta hoy explicar la ambigüedades existentes en el seno del “movimiento K” y en su práctica política, por qué los sectores mayoritarios tanto como la obra de gobierno llevada adelante en el ahora “contundente y poderoso” (Fernández sic) espacio de poder construido por el presidente y los suyos, no deshecha ni la presencia de los Gordos, ni la de Moyano, ni la del líder funebrero Barrionuevo, ni la de Zanola, ni la de los piqueteros prolijos de D’Elia, ni la del duhaldismo y por qué las enarbola en una “melange” con madres, abuelas, los radicales protestantes, los intendentes y gobernadores obedientes… ¿o es que acaso los “sectores progresistas” que venían de “la tendencia” han olvidado sus luchas contra la burocracia sindical en pos del “pluralismo”?¡Ah! y algo más: ¿nuestros primos de Patria y Pueblo no saben diferenciar al los burócratas y al cipayaje, a los acomodados y los que “salen en la foto”, de los que realmente son los que van pa’lante en este desierto de ambigüedades que parece ser un digno corolario del menemismo?

Es más que importante comprender, a pesar de que “son el ayer, lo viejo, teorías que han sido superadas” (Pampuro Dixit mediaticus vox) que sólo la utilización del método marxista proveerá la síntesis que permita explicar el peronismo en cualquiera de sus variables y estadíos históricos, —si es que los sucesores de 73 (después de la muerte del General) pueden llamarse a sí mismos “peronistas”—, enfrentando al enemigo común, y en la práctica acompañando a las masas a revisar en forma crítica la experiencia del peronismo en el siglo XX, a fin de que pueda crecer en ella la convicción de que sólo el camino a la revolución nacional abrirá la era del socialismo latinoamericano, que sólo ese rostro de la lucha representa los intereses históricos del pueblo, y que la sustancia progresiva del peronismo no excluye su insuficiencia para arribar al objetivo.

Más allá del concepto de K y los suyos de ser y representar ante los medios y los ingenuos el “camino de los indispensables”, se oculta tras la apariencia del unicato la teoría del “…o yo, o las sombras” que propende a que esa manera especial de lectura que tienen las izquierdas en todas sus variables les lleve a formar un nueva versión de Unión Democrática como si las ambigüedades y su propia estructura no hubieran mostrado al kirchnerismo como una etapa superior del menemismo, cuyo doble discurso a la luz de los acontecimientos aparece como un juego de niños al lado de esta política de “pluralismo democrático”.

A veces parece ser cierto nomás que estamos destinados a desaparecer, que es difícil encontrar un camino para que la lucha sea un ariete que abra paso a una realidad distinta pero… en una de esas era cierto el concepto que aseguraba que: “…el marxismo exige incondicionalmente que el problema de las formas de lucha se enfoque históricamente… Plantear este problema al margen de la situación histórica concreta es tanto como no comprender los rudimentos de materialismo dialéctico” (Lenin)

La situación histórica concreta está demostrando que las cartas están echadas, que resulta necesario no quedar al margen de este tiempo histórico, y que en él —en el camino a recorrer— tendremos un lugar junto a nuestro pueblo y sus experiencias, confluyendo a resistir y desmentir a quienes utilizan la farsa o la comedia para ocultar la verdadera trama de intenciones que se solapan. Si somos coherentes, habrá que volver a marchar con nuestro pueblo en su antigua y sempiterna experiencia de derrotar lo adverso aunque parezca imposible, y si vemos una sombra gigantesca que nos atemoriza y se proyecta desde nuestras espaldas más allá de nosotros, habrá que girar el torso y ver claramente en qué sitio está el sol: puede que esta vez sea de nuevo tan sólo la sombra de otro enano fascista.

“Sólo el pueblo sabe y puede”
Alberto Aparicio