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- Artículo cargado el 18/07/2008 - 22:00
Hacia la construcción de un Frente Nacional Antiimperialista para dar batalla al realineamiento de fuerzas antinacionales
Cuando menos lo esperaba, el gobierno acaba de experimentar una derrota política aplastante en el Senado, cámara en la que hasta el momento contaba con una segura mayoría. El propósito de convalidar el régimen de retenciones a las exportaciones agrarias mediante una ley se volvió contra sus inspiradores, y ahora son las organizaciones rurales las que tienen a su favor un antecedente institucional en medio de una disputa que se mantiene abierta.
Confiado en una situación política que lo había favorecido hasta el presente, y respaldado en el principio justo de gravar la renta extraordinaria generada por el precio récord de los granos en el mercado mundial, el gobierno avanzó en línea recta sin advertir que en los últimos tres meses el balance de fuerzas había cambiado. En este sentido el principal responsable de la derrota es el puesto de mando compartido por Cristina Fernández y Néstor Kirchner. Presionado por las obligaciones de la deuda pública y por la necesidad de financiar los aumentos de los subsidios al capital, construyó un régimen de retenciones uniforme, que no reconocía las diferencias de fertilidad natural por región, ni de extensión de las explotaciones, ni de escalas de producción.
El resultado de esta política fue la configuración de un extenso frente de resistencia que tuvo en las capas bajas de la burguesía agraria su base social más sólida y la fuerza militante de la movilización. Precisamente, la unificación de la tasa de retenciones aplicada por el gobierno significó una nueva vuelta de tuerca en el proceso de concentración de la propiedad y del capital a favor de las grandes corporaciones y el capital financiero invertido en los pooles de siembra. Por contrapartida, el negocio extraordinario del gran capital llevaba a los pequeños propietarios a vender la tierra o convertirse en rentistas y condenaba a los arrendatarios a la extinción. Las posteriores correcciones mediante el reintegro de un porcentaje de las retenciones a una parte de los productores de soja y girasol, no modificaron la situación: el nuevo régimen fue aprobado con fecha fija de finalización el próximo 31 de octubre, y con un mecanismo de cálculo que reduce sustancialmente el reintegro.
Sin embargo a esa altura hacía ya tiempo que el movimiento reivindicativo había adquirido un inconfundible contenido político. Además del respaldo que encontró en los pueblos del interior del país, contó con la simpatía de buena parte de la clase media de las grandes ciudades; simpatía que se convirtió en una manifestación decididamente antikirchnerista en el caso de las capas más acomodadas, una masa profundamente reaccionaria, nostálgica en muchos casos del terrorismo de Estado, que ve en Kirchner a Hugo Chávez y en Cristina Fernández a Eva Perón, y cree estar en presencia de un gobierno montonero con planes de “cubanización”. Hacia ese campo de fuerzas convergió la oposición partidocrática integrada por radicales, cívicos, macristas y socialistas a la que se sumaron viejas figuras desplazadas del aparato justicialista y la burocracia sindical opuesta a Moyano. Se trata de un realineamiento antipopular y antinacional, que gira en torno a una nueva construcción hegemónica homogeneizada por el discurso de los grupos económicos que se expresan a través de Clarín, La Nación, TN o Ámbito Financiero.
En cinco años de gobierno el kirchnerismo no removió los fundamentos del modelo de la dependencia que instauró la dictadura a mediados de los 70 y profundizó el menemismo en los 90. Incluso, en algunos casos, como la política petrolera, lo consolidó. Su programa ha reflejado los intereses de la gran burguesía exportadora y, particularmente, los de las corporaciones industriales. Ese programa fue desarrollado dentro de un equilibrio que incluye concesiones a la dirigencia sindical y la marcada centralización de los resortes institucionales, como reaseguro en la negociación con los distintos grupos económicos. Durante esos cinco años esa política no encontró serias resistencias. Sin embargo la situación cambió en los últimos meses. Una fracción de los círculos dominantes ha dado aviso que no está dispuesta a ceder la parte de la renta que pretende el gobierno, y demostró que está dispuesta a dar batalla. Ha afirmado su posición en el descontento y la agitación que despertó en las capas de pequeños propietarios y arrendatarios el impacto de las retenciones, y cuenta con capacidad para gravitar políticamente sobre importantes franjas de clase media, tradicionalmente influenciadas por el discurso del liberalismo oligárquico. Su propósito es debilitar, condicionar y preparar un próximo relevo, vía electoral, del gobierno. El kirchnerismo fue sorprendido por el giro de la situación. El día 15 sus enemigos le hicieron ver que tenían mayor poder de movilización callejera y el 17 comprobó, por primera vez, que podía perder una batalla legislativa. De nada valen sus amargos reproches a la Unión Industrial por no haberlo socorrido durante el conflicto. Dentro del bloque de las clases dominantes pueden desencadenarse tensiones y producirse desplazamientos, como ocurrió durante 2001 y los primeros meses de 2002, pero su unidad termina prevaleciendo. Durante la confrontación las grandes masas obreras y populares estuvieron prácticamente ausentes. Carentes de una dirección política y con direcciones sindicales que han ceñido las reivindicaciones de clase a los límites de un modelo económico que opera una marcada concentración del capital y la riqueza, esa ausencia es el rasgo característico de la actual situación. En los planes de kirchnerismo —paradógicamente plagado de menemistas y del ala “progresista” de la partidocracia— no figura la movilización de los trabajadores ni tampoco la formulación de un programa antiimperialista, expresión política de un Frente Nacional en condiciones de restablecer la continuidad con las luchas populares que provocaron el colapso del régimen de la convertibilidad en diciembre de 2001 y abrieron una crisis de representatividad no resuelta. Ésta es la tarea central del momento. Se trata de desbaratar el realineamiento reaccionario en curso, cuyo primer objetivo es el gobierno kirchnerista, pero en cuya mira está el ajuste del programa económico a costa de los trabajadores y las grandes masas populares.
Socialismo Latinoamericano
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- Artículo cargado el 10/07/2008 - 00:00
Acerca del debate sobre los “judíos genuinos”
El triunfo de los llamados “judíos ortodoxos” en las elecciones de la AMIA generó escozores en muchos miembros de esa colectividad. Y fueron mayores los escozores cuando el nuevo presidente de la institución, Guillermo Borger, declaró que “judíos genuinos” son “los que siguen en su vida los preceptos de la Torá”. Las reacciones contra Borger no se hicieron esperar, y fueron ampliamente difundidas por la prensa. Veamos algunas de esas reacciones. ¿Son judíos los “judíos no creyentes”?
“¿Seré genuino yo, que tengo historia judía, familia judía, pasado de grupos juveniles judíos, me gustan los latkes, los knishes y el leicaj, pero no leo la Torá?”, se pregunta el académico Diego Golombek. La respuesta que se le podría dar a Golombek es la siguiente: si la identidad judía se constituye no a partir de las creencias religiosas que profesa una persona, sino de SUs gustos culinarios, o de la judeidad de sus antepasados, entonces sí, usted, Golombek, es un judío genuino.
La escritora Ana María Shuá, por su parte, opinó: “la diferencia entre los judíos creyentes y los no creyentes, como mi familia y yo, es que los no creyentes no negamos el judaísmo de los demás”. ¡En buena hora! ¡Lo único que faltaba era que las personas que no creen en Dios y no profesan la religión judía, pero que sin embargo dicen ser judías, le nieguen la condición de tales a quienes sí creen en Dios y profesan la religión judía! Sería algo tan absurdo como si yo, que no profeso la religión católica, me sintiera ofendido porque un sacerdote niega mi catolicismo y le retrucara que yo, que no discrimino, jamás negaría el suyo.
Tato Bores (h) piensa como Hitler
El hijo de Tato Bores, Alejandro Borensztein escribió un artículo en Clarín (“¿Qué significa ser judío?”, 10/6/08) para aclarar este asunto de los judíos genuinos y no genuinos. Pero pretendiendo aclarar, oscureció. Hasta tal punto oscureció, que de sus palabras emerge, implícita, una reivindicación del racismo hitlerista.
Dice Borensztein, con total naturalidad: “Yo soy judío, quiero ser judío, me siento judío, me sé judío y, lo más importante, estoy orgulloso de serlo. Pero no soy religioso. No soy creyente”. ¿Qué diría Hitler al respecto si estuviera vivo? No es preciso ahondar en especulaciones. Alcanza con leer lo que escribió en “Mi Lucha”: “Cuanto más inteligente sea individualmente un judío, tanto más afortunado será en su engaño, gracias al cual conseguirá que una parte considerable de la población llegue a creer seriamente que el judío es un legítimo francés, un legítimo inglés, un legítimo alemán o un legítimo italiano, a quien no separa de sus compatriotas otra diferencia que la de la religión (…) Porque la religión mosaica nada representa, en realidad, sino una doctrina concebida para la conservación de la raza”.
Es decir, Hitler pensaba acerca de la identidad judía lo mismo que piensa el hijo de Tato Bores: la judeidad se lleva en la sangre; no es una condición del espíritu, el producto de una creencia, de una fe. Dice Borensztein, para que no quepan dudas de su concepción biologista-hitleriana: “Todos mis antepasados, hasta donde pude rastrearlos, por parte de padre y de madre, fueron judíos. Incluido mi tatarabuelo el gran Rabbi Avram Borensztein, nacido en Polonia en 1811”.
Ahora bien, ¿qué prueba que todos los antepasados de Alejandro Borensztein hayan sido judíos? ¿Prueba que Alejandro Borensztein es judío? ¿O prueba que judíos fueron sus antepasados? Si yo descubriera que todos mis antepasados han sido musulmanes, ¿probaría eso que yo soy musulmán? ¿O probaría que musulmanes fueron mis antepasados? Creo que la respuesta es obvia para todos, excepto para Hitler, para Borensztein y para todo aquel que confunda una religión con una raza o una “etnia”, como se dice ahora.
Para no limitarse a su propia genealogía racial, Borensztein menciona ciertas celebridades “judías”: “¿Y Ben Gurión y Golda Meir? Simplemente fueron un par de extraordinarios judíos genuinos que fundaron el Estado de Israel en donde los Levin y los Borger pueden rezar todo lo que quieran, sin que nadie los perturbe”. ¿Está seguro Borensztein que Ben Gurión y Golda Meir fueron “extraordinarios judíos genuinos”. Hay testimonios que dejan dudas acerca de las creencias religiosas de ambos. ¿Que fundaron el Estado de Israel? ¿Y eso que prueba? Lo único que prueba, estimado Borensztein, es que ambos eran sionistas. Pero sionismo y judaismo no son sinónimos, como lo demuestran los halcones sionistas-antisemitas que rodean a George Bush. O como lo demostró Eichmann, que en sus memorias ataca a los judíos pero no a los sionistas, con los que tenía —dice— grandes coincidencias. Más aún: si los judíos “ortodoxos”, los “jaredim”, por ejemplo, tienen razón (y es casi seguro que la tienen), entonces el sionismo y el judaísmo son incompatibles.
El Partido Obrero y el “fundamentalismo”
Como el Partido Obrero tiene una periferia de simpatizantes muy sensible a los problemas de la colectividad judía, dedicó un artículo de su semanario al asunto que nos ocupa. Se titula “ Por qué el oscurantismo copó la Amia”. Haciéndose eco de las protestas de los “judíos no creyentes”, considera “fundamentalista” la declaración que afirma que judío “genuino” es el que se rige por la Torá.
Según el hijo de Tato Bores, Woody Allen, a pesar de no creer en Dios y de mantener relaciones sexuales con su hijastra coreana, es un buen judío. Desafía: “¡levante la mano el que piensa que Woody Allen no es un judío genuino!”. Los seguidores de Altamira, por lo visto, no levantarán la mano. ¿No la levantarían, tampoco, si alguien pidiera, por ejemplo, “¡levante la mano el que piensa que el español Zapatero (o el inglés Tony Blair) no es un genuino socialista obrero!”? Sin embargo, así como no se puede ser un “genuino” socialista y administrar una sociedad capitalista, tampoco se puede ser un “genuino” judío y negar la existencia de Dios y dar la espalda a la Torá. El PO llama despectivamente “ayatollahs judíos” a los “ortodoxos” que cuestionan la condición judía de los “judíos ateos”. Pero, ¿no tendría razón el ayatollah que cuestionara la condición musulmana de un insólito “musulmán ateo” que ignorara olímpicamente las normativas del Islam? ¿Acaso Altamira no actúa como un “ayatollah marxista” cuando ataca a maoístas, stalinistas, socialdemócratas y otras variantes del trotskismo?
Dice el PO: “El debate sobre la definición de ‘judío genuino’ es una maniobra diversionista de los sectores que se presentan como laicos para disimular su responsabilidad en la colonización de la masa judía de Argentina por parte del oscurantismo más reaccionario”. Sin embargo, en los más de 100 años de existencia que lleva la AMIA, es la primera vez que los “ortodoxos” llegan al gobierno, y si “la masa judía de Argentina” ha sido colonizada, no lo fue hasta ahora por parte del “oscurantismo” religioso. El PO reconoce “el carácter laico e izquierdista de la mayoría de la comunidad judía”, que siempre votaba en la AMIA por los socialdemócratas o laboristas.
No. No es el debate sobre la definición de “judío genuino” una maniobra diversionista. Es una necesidad imperiosa para liberar al pueblo judío (entendido como una comunidad definida por su lealtad a la Torá, y no a un Estado nacional al servicio del imperialismo) de la prisión conceptual y política en que lo ha hecho caer el sionismo. Las declaraciones de Borger acerca de que “Israel es el centro de la vida judía”, en todo caso, no son las que espantan los “judíos ateos”, quienes se creen “izquierdistas” y “progresistas” pero, como la finada Silvia Bleichmar, aseguran “dormir más tranquilos sabiendo que el Estado de Israel está ahí” (aunque, por supuesto —maravillas de la esquizofrenia moral— “no se sienten responsables por la política represiva contra los palestinos”).
El debate sobre el “judío genuino” debe servir para golpear a quienes degradan el pensamiento invocando la “deconstrucción de las identidades”, la “muerte de la verdad”, el “fin de las certidumbres” y otras pavada “posmodernas”, y a quienes han tomado de rehenes a las comunidades judías de los diferentes países para realizar el programa hitleriano y erigir un Estado sionista que funcione como la avanzada de la “civilización” occidental y “blanca” contra la “barbarie” asiática y morena.
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- Artículo cargado el 03/07/2008 - 01:40
Falleció Alberto Guerberof
Alberto Guerberof, quien fuera uno de los fundadores del Partido Socialista de la Izquierda Nacional (1962), del Frente de Izquierda Popular (1971) y del Movimiento Patriótico de Liberación (1987), falleció el 1 de julio en Buenos Aires. Aunque en los últimos años había adoptado posiciones alejadas de la corriente socialista de Izquierda Nacional que hoy se expresa en Socialismo Latinoamericano (se había aproximado al kirchnerismo), le rendimos homenaje a su trayectoria.
Reproducimos abajo testimonios de algunos compañeros que compartieron períodos de lucha junto a Guerberof.
Más allá de cualquier diferencia
por Osvaldo Calello
Ya fue dicho. La figura del compañero recientemente desaparecido está estrechamente asociada a la mejor historia de la izquierda nacional. Alberto Guerberoff fue uno de los fundadores del Partido Socialista de la Izquierda Nacional en los años 60 y del Frente de Izquierda Popular en los 70. También fue uno de sus principales dirigentes de esas organizaciones en una época en que los nombres de Ramos y Spilimbergo habían alcanzado una gravitación excluyente.
En esos años, y especialmente a partir del auge de las luchas obreras y populares desencadenadas a partir del Cordobazo, la izquierda nacional alcanzó su expresión política más definida y su mayor influencia en el terreno de las ideas y de la práctica militante. Desde su posición en la dirección nacional del PSIN Guerberoff jugó un papel fundamental en la organización de las nuevas fuerzas que se sumaban al movimiento en aquellos años agitados. Si se tiene en cuenta la desproporción existente entre las ambiciosas tareas emprendidas y los escasos recursos materiales con que contábamos, posiblemente se tenga una idea del rigor de una tarea que le exigió los mayores esfuerzos y sacrificios personales. La dureza de muchas de sus decisiones e incluso la forma implacable que en ocasiones las llevaba a la práctica, derivaban de esa, su inserción en el cruce de tensiones entre la exigencia de la acción y el carácter incipiente de la organización que debía llevarlas a cabo. No tengo dudas que tras su cara de pocos amigos se ocultaba un espíritu generoso.
En todo momento, hasta la ruptura en los años 90 Guerberoff contó con la plena confianza política de Ramos. Sin embargo se trataba de un cuadro político con peso propio, con condiciones notables para analizar fríamente, con desapasionado realismo, la coyuntura política y sacar sus propias conclusiones. Vivió junto al jefe del FIP y luego del MPL la mayor parte de su historia militante. Sin embargo, cuando éste abandonó las posiciones de la izquierda nacional y se sumó a lo peor del peronismo, Guerberoff hizo frente a su propio conflicto y se mantuvo fiel a sus convicciones.
Las luchas internas que sacudieron al PSIN en la segunda mitad de los 70 y hasta la ruptura de 1979 nos colocaron en bandos enfrentados. Después de eso las diferencias se mantuvieron. Sin embargo, en esta hora, nada de eso tiene importancia. En el recuerdo que tengo de Guerberoff se impone, sin la menor sombra de duda, el valor de su integridad política y de su honestidad militante; integridad y honestidad que lo mantuvieron en pie, en medio de extraordinarias dificultades hasta su hora final.
“FUE LEAL A RAMOS A COSTA DE SI MISMO”
por Gustavo Cangiano
Hace unos minutos me enteré de la muerte de Guerbe a través de un mail de Daniel Moser.
Estoy profundamente conmocionado. Mi primera charla con Guerbe debe haber sido en 1977 o en 1978, en un bar de la calle Corrientes. El FIP estaba sumergido en la disputa entre los partidarios de Spilimbergo y los partidarios de Ramos. Pero, jugando a ser un “lider bonapartista” de nuestro pequeño partido, Ramos se quedaba en un segundo plano y Guerbe aparecía como la figura visible del “antispilimberguismo”. Yo, que por entonces tenía unos 20 años, toda la soberbia del muchacho marxista que ha leído unos cuantos libros, y toda la ignorancia de quien aún no ha sido salpicado por el barro de la vida, pretendí explicarle a Guerbe que Ramos se pronunciaría en favor de las posiciones de Spilimbergo, que yo compartía. Creo que sólo conseguí convencerlo de mi inmensa ingenuidad.
En 1983 me enteré por intermedio de Franco Marletta que Guerbe se había entusiasmado por el apoyo que en nombre de una “Juventud de Izquierda Nacional” yo le había dado a la fórmula del FIP, Ramos-Colombo. Y me enteré también, después de que yo escribiera un “balance electoral” crítico del discurso electoral fipista, que Guerbe estaba furioso conmigo. “Su amigo no tiene remedio”, le gritaba a Franco. Pero cuando un par de años más tarde mandé unas colaboraciones al semanario “Marcha”, que sacaba Víctor Ramos, Guerbe me abrió las puertas del FIP y me convocó para trabajar en “La Patria Grande”.
Guardo un lindo recuerdo de aquellos años —entre el 87 y el 89— compartidos con los compañeros de “La Patria Grande”. Allí, con Daniel y otros compañeros, a veces hacíamos rabiar a Guerbe, que era sumamente exigente con la “excelencia” del periódico partidario. Constituimos un lindo equipo de trabajo, y tejimos relaciones de amistad y compañerismo. Lamentablemente, la llegada del menemismo arrasó al Partido, y con él a “La Patria Grande”. Todo terminó mal.
Siempre he tenido diferencias políticas con Guerbe. Pero su enorme capacidad y su honestidad jamás las he puesto en duda. Perteneció a una generación de militantes de la Izquierda Nacional que no se animó a volar plenamente con las propias alas debido a la presencia imponente de Ramos. Es una lástima que esta dependencia psicológica de Ramos haya impedido a Guerbe desplegar con plenitud sus enormes capacidades, aunque en sus artículos de coyuntura queda testimonio de ellas. Y es una lástima que la capitulación final de Ramos ante el imperialismo haya sido un golpe tan demoledor que le impidió a Guerbe convertirse en el eje de reagrupamiento de las fuerzas aún vivas de la Izquierda Nacional. Recuerdo que en el momento de la ruptura con los menemistas del MPL, yo le sugería a Guerbe que tomara algunas medidas elementales para dar la batalla política interna. “¿Por qué no vamos a registrar la propiedad intelectual de La Patria Grande para impedir de ese modo que la usen ellos? Sería un buen golpe político mostrar que los opositores a Ramos y a la banda de corruptos que lo acaompañan se han quedado con la prensa partidaria”. Pero Guerbe me miró casi horrorizado. Aun en el instante mismo en que Ramos lo arrojaba a un lado, como a un limón exprimido, después de una colaboración de treinta años, Guerbe se sentía inhibido para enfrentar a su maestro, a su líder, a su “ideal del yo”. Cuando con Franco y con Juan Maya empezamos a enviar en secreto información a Corbiere, en “El Informador Público”, acerca de la resistencia que generaba en el MPL el apoyo de Ramos a Menem, Guerbe, que siempre sospechó de nosotros, condenaba todo eso. Fue leal a Ramos a costa de sí mismo, y más allá de toda consideración de conveniencia política.
Se ha muerto Guerbe. Antes se murió el propio Ramos, y se murió Spilimbergo, y Blas. Y nosotros todavía no conseguimos reconstruir una organización militante se Izquierda Nacional. La Biblioteca Nacional, la intendencia de Alta Gracia, la UBA, cualquier institución de la Argentina semicolonial, organizan “homenajes” a nuestros muertos, apropiándose de ellos y desvirtuando su legado. Ex compañeros nuestros, viejos, cansados y descreídos, asisten a esos “homenajes” como quien asiste a un encuentro con los viejos compañeros de la secundaria o de la colimba: para recordar con nostalgia un tiempo definitivamente muerto. ¡Dejémonos de joder! ¡Hagamos lo que tenemos que hacer! Reconstruyamos una Izquiera Nacional militante, socialista, revolucionaria, joven y vigorosa para afrontar los desafíos del siglo XXI. Es lo mejor que podemos hacer por los compañeros que ya no están, como Guerbe.
“UN HOMBRE AFECTUOSO ESCONDIDO TRAS LA MASCARA DE UN TIPO DURO”
por Daniel Moser
A pesar de que no me tomó por sorpresa, me puso muy triste la noticia. Siempre sentí un gran respeto y afecto por Guerbe, con quien solía tener encuentros explosivos. Un hombre brillante con quien compartí momentos importantes de mi juventud y a quien nunca dejé de respetar y querer a pesar de que en los últimos años no compartiéramos posiciones políticas.
Recuerdo ahora, con culpa, mi último encuentro con él, hace pocos años, en un bar de la calle Corrientes, en Buenos Aires, donde me propuso y acepté con enorme interés grabar un largo diálogo con él para rescatar la historia de la IN que él vivió. La idea me resultó apasionante considerando al interlocutor; lamentablemente, faltaban pocos días para mi regreso a México y el proyecto no pasó de allí; no se me olvidó, pero ya no fuí lo suficientemente listo como para encontrar la oportunidad.
Una de las tantas anécdotas que recuerdo con Guerbe, recurrente en aquellos ochentas… era frecuente que ante ciertas tareas militantes lo consultara para conocer su opinión sobre la mejor manera de proceder, él me daba su punto de vista y al ver que no siempre atendía su recomendación, con la máscara de ogro que solía poner, enojado reprochaba “Para que me pedís opinión si después hacés otra cosa”… Recuerdo una ocasión en que en la recepción del local del MPL en la calle Rivadavia, una discusión subió de tono y terminamos a los gritos mientras varios compañeros optaron por salirse y dejarnos solos. Nunca pasaba de los gritos y jamás hubo rencores.
Más allá de la política, siempre recordaré de él sus consejos, su humor acido, su sonrisa socarrona y sus carcajadas tan estruendosas como poco frecuentes, y esa sensación de estar viendo en él a un hombre afectuoso escondido detrás de una máscara de tipo duro. Más allá de que en los últimos años sostuvo posiciones políticas que, para mí, en él, resultaban incongruentes, sin lugar a discusiones, Guerbe no fue, ES, un referente histórico de la IN.
Vaya un abrazo largo, apretado, afectuoso, para vos, querido Guerbe.
DanielNMx
“GUERBE ERA LA IMAGEN MISMA DE UN JEFE POLITICO”
por Mauricio Mayer
Falleció Guerbe y con él se va uno de los más importantes puntales del deseo de contar con una organización propia de la I.N.
Las anécdotas de Gustavo realmente son imperdibles e importantes como para poder comprender el sacrificio y la pertinacia de Guerbe y otros compañeros de su generación para poder cristalizar una organización que navegara las aguas de la revolución nacional y social.
Guerbe para mí era la imagen de un Jefe Político. Tenía algunas características que a los más jóvenes nos hacían perder la paciencia: organicidad, meticulosidad y una humildad que sacaba de quicio. Los que nos identificábamos con el discurso y la impronta política de Ramos, que era fuego, pretendíamos accionar políticamente sin reparar en detalles, “a la cargazón”, con desparpajo, mucha soberbia y a las patadas. Pero no… ahí te encontrabas con la mirada fría de Guerbe detrás de sus anteojitos medio anticuados, que con paciencia te dedicaba tiempo. Guerbe no tuteaba a nadie, así tuviera quince años. Te ponía en el lugar que vos decías que tenías, por ejemplo el del “revolucionario” de acción. La palabra justa es meticulosidad. Así como era meticuloso en las publicaciones del partido, también lo era para escuchar y tratar de conducir la acción de los militantes.
Cierta vez, convinimos en realizar una actividad de prensa en Rosario y yo era el encargado de conseguir que los más importantes medios nos recibieran, misión dificil y casi siempre frustrante. Las FM no tenían la difusión que luego tomaron. Así que si se conseguía una sola entrevista en una AM de las tres que había, ni que hablar de uno de los dos canales de TV o en el diario la capital, la cosa era un éxito. Hice toda la recorrida y nada, hasta que conseguí que el programa político de LT3 me diera bolilla, con una mentira piadosa… le dije al periodista que nuestro partido estaba dando los toques finales para una insurrección de corte cívico militar nacionalista, de allí que estábamos tratando de organizar un frente de apoyo táctico con sectores peronistas y que el que venía a tal evento (a poner la cereza) era nada menos que “el segundo de Ramos”. Al tipo le gustó la historia, y cuando vino Guerbe nos recibió con los brazos abiertos. Guerbe hizo el “speacher” que tenía armado y luego el tipo lo bombardeó a preguntas sobre la democracia, la insurrección, etc. a lo que Guerbe respondía con lineamientos generales, cuestión que lo impacientaba al periodista que al final le dijo, “pero usted, que según me han informado es el segundo de Ramos, ¿no podría precisar un poco más y explicar su presencia?” Y Guerbe, con toda su infinita humildad, contestó que simplemente era un militante más y que no existía nadie “segundo de Ramos”; todo para desilusión del periodista incauto que quería la primicia.
Por supuesto que en aquella época, sin dudas esa humildad la interpretaba como un síntoma de debilidad. Hoy, mirando en perspectiva, creo que era su fortaleza, que ese carácter fue la fragua que abrigaba el proyecto de templar elementos disímiles, como lo eran los jóvenes revolucionarios de los 60’ y la Generación Malvinas, pasando por alto la malograda generación de los 70.
Hasta siempre compañero guerbe.
“FUE UNO DE LOS FUNDADORES”
por Rubén Terrón
Tal parece que los adioses están siempre rodeados de un dejo nostalgioso… Quien firma, no conoció a Guerberof sino en algunas ocasiones de traslados a Capital (fines de 72 a junio del 73), cuando el FIP desplegaba sus banderas ante las calles y paredes de todos los sitios de la Argentina. Allí, en la calle Alsina, lo vi discurrir junto a Ramos y Spili, cuando los más novatos (tres o cuatro años de militancia, observábamos con curiosidad a aquellos a quienes habíamos leído en los libros, particularmente en la revista “Izquierda Nacional” o en el periódico “Izquierda Popular”, estaban junto a otros nombres de luchadores, cuando todavía estaba en discusión el horizonte del peronismo y se preveían los choques de “la tendencia” con “el entorno”. Luego de las elecciones del 23 de setiembre, Guerberof estuvo en La Plata (cuando los 900.000 votos), junto a Ramos, para darnos idea política de lo alcanzado. Nos acompañó a una charla de Ramos en la Universidad (Humanidades-Historia UNLP) cuando AUN (la Agrupación Universitaria Nacional) era la niña bonita de las agrupaciones estudiantiles. Casi siempre discutía con nuestro inefable Miguel Rubinstein, con Carlos Kunath y otros compañeros (eh! Horacio De Luca?).
Estuvimos otra vez en Alsina por el mes de agosto del 73, y luego se fue mezclando con cientos de nombres de compañeros hasta que llegó la diáspora. Ramos Spili… Poco puedo decir de é.l Recuerdo su voz en el altavoz de Plaza a Moreno, voceando la lista 14 del FIP: “Vote a Perón desde la izquierda,acompáñenos en la opción…”
Más allá de las divergencias sobre las posturas ideológicas -adhiriendo a tal o cual divisa o acontecimiento de la hora política- desde los grupos que orientaba, un compañero de las luchas que inciaron los forjadores de la Izquierda Nacional, ha partido definitivamente… De una de las paredes de mi memoria cuelga un banderín triangular de tafeta, con bordes blancos, azul oscuro, con un fragmento de la Bandera de Artigas debajo de la que se lee: FIP, en sentido vertical —como una columna que sostiene el peso de una historia que sigue viva—, más abajo hay una frase entrecomillada “…solo el pueblo sabe y puede…” Ojalá ese símbolo acompañe el silencio de esta tarde, y homenajee la partida de uno de sus fundadores.
“SU MUERTE ENLUTA A TODA LA IZQUIERDA NACIONAL”
por Leopoldo Markus
La muerte de Alberto Guerberoff enluta a toda la Izquierda Nacional, al igual que las pérdidas anteriores de Jorge Abelardo Ramos, Blas Alberti y Jorge Enea Spilimbergo y de otros hombres como Manuel Fernando Carpio y mujeres como aquella excelsa y finísima poeta que fue Ana María Giacossa.
En lo que a mí respecta, por ser fundador del PSIN en mayo de 1962, me toca muy profundamente, ya que junto a Alberto, a Raimundo Sillitti, a Juan Barat, a “Pililo” Montes, a Osvaldo Soraires, a Mario Romero, entre otros, acompañamos por aquellos años a Ramos y a Spilimbergo en la patriada de fundar un partido socialista revolucionario, que fuese el ala izquierda de la Revolución Nacional, que por aquellos años conducía el general Perón, como jefe del Frente Unico Antiimperialista y que continuara la titánica tarea que había dejado León Trotsky antes de ser asesinado en México en agosto de 1940.
Alberto era por aquel año de 1962, a la caída del gobierno de Arturo Frondizi (28/03/62), uno de los miembros del llamado Grupo Caseros, que junto al Grupo de San Martín, al Grupo de Bahía Blanca —que conducía Rubén Bortnik— y que junto a la gente de Capital, integrábamos el Partido Socialista de Vanguardia, efectuando una dura crítica a la ƒdirección, stalinista y cubanista de David Tieffenberg, por medio de un documento titulado “Un Partido Socialista Nacional o al servicio de Kruschev”, escrito por Spilimbergo y que consitituiría el pre-lanzamiento del PSIN y antecedente de todo lo que fué la Izquierda Nacional a posteriori.
Fue un gran compañero, activista y dirigente y lo recuerdo gratamente con su vozarrón, sus risas o su temperamento enérgico, cuando las circunstancias lo determinaran. Más allá de las diferencias políticas que nos separaron hace muchos años, le rindo homenaje póstumo en nombre propio y en el del PSIN 2ª época, al luchador insobornable e inclaudicable que fue toda su vida.
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¿Quién y para qué se apropia la renta agraria diferencial?
Discurso ante representantes de la FAA, marzo 29 de 1947
Sin lugar a dudas, las retenciones impuestas por este gobierno no representan una “solución nacional al problema del agro”. Pero tampoco lo representa el reclamo del “campo”, que si bien en él participan pequeños y medianos productores que producen para el mercado interno y que son las verdaderas víctimas de la ausencia de esa “solución nacional”, el conflicto es conducido por lo grandes terratenientes y los productores pequeños burgueses de la Pampa Húmeda que producen para el mercado externo. Y para estos el problema pasa por no querer permitir que el gobierno les “meta la mano en el bolsillo” y les arrebate parte de lo que considera únicamente como fruto de su propio esfuerzo, sin tener en cuenta la fabulosa renta agraria diferencial que les da superutilidades, la que no es producto de su “esfuerzo” sino de las excepcionales condiciones de clima y suelo de nuestra zona pampeana y de los altos precios internacionales que han alcanzado los alimentos.
Pero para pensar en una “solución nacional al problema del agro”, primero hay que conocer el problema. Y tratando de no caer en reduccionismos, podemos afirmar que el problema agrario está en quién se apropia esa renta diferencial y para qué. En la disputa actual entre el gobierno y los sectores agrarios, unos dicen que el gobierno les arrebata la mayor parte de las ganancias y aquel asegura que con las retenciones se apropia de parte de las ganancias de quienes más ganan en la producción agropecuaria. Y lo cierto es que ni el gobierno se queda con la mayor parte de la renta, ni los grandes beneficiarios del modelo agroesportador son los que hacen el mayor esfuerzo impositivo.
Y en esta disputa quienes sí son los verdaderos beneficiarios de las superganancias que se cosechan en los últimos años, han quedado ajenos. Estas son las siete empresas (Cargill, Bunge, Dreyfus, Nidera, Noble Argentina, ADM Argentina —extranjeras— y Aceitera General Deheza —propiedad del senador Urquía—) que controla el 80 % del negocio de la exportación de granos. Este oligopolio, que maneja nuestro mercado externo, se apropia de la mayor parte de la renta agraria diferencial no sólo como intermediario entre país productor y países consumidores, sino también haciendo recaer el peso de las retenciones sobre los productores, mediante maniobras fraudulentas que el gobierno conoce y permite.
Esto se ve agravado por la fabulosa concentración de tierras que se ha producido en nuestro país en los últimos años. En el año 2001, el Censo Agropecuario indica que “los 936 terratenientes más poderoso tienen 35.515.000 hectáreas” y que “137.021 agricultores poseen solamente 2.288.000”. Del Censo se puede observar que “de las 35 familias tradicionales que en el censo del año 1913 concentraban la mayor parte de las tierras, 30 siguen siendo grandes propietarios” (como los Anchorena con 40.000 hectáreas y los Gómez Alzaga con 60 mil). Y más: “casi 17 millones de nuestras mejores tierras están en manos de capitales extranjeros”, como por ejemplo las 900 mil hectáreas de Benetton y las 200 mil que Douglas Thompkins adquirió en los Esteros del Iberá de Corrientes. El mantenimiento y la profundización del proceso de concentración de tierras al que han contribuido los diferentes gobiernos que se han sucedido desde el 55’, han llevado a que en el 2001 6 mil terratenientes sean propietarios de casi el 50 % de las tierras productivas. Y estos datos, extraídos del Censo Agropecuario 2001, puede que no sean correctos porque por razones impositivas los terratenientes tendieron a dividir las tierras, poniendo unidades territoriales a nombre de distintas sociedades, teniendo como resultado que la concentración de tierras sea aún mayor.
Estos grandes propietarios arriendan sus propiedades apropiándose del 40 y el 50 % de lo cosechado. Es decir que por el sólo hecho de tener un título de propiedad son, junto a las exportadoras, los grandes beneficiarios de nuestra producción agropecuaria.
Y por si esto no era suficiente para expropiar al pueblo argentino de sus riquezas, en los últimos años aparecieron los pooles de siembra. Estos son empresas que arriendan decenas de miles de hectáreas contratando a productores que no pueden adquirir campos o se encuentran en desventaja frente a los pooles para el arriendo. He aquí, al igual que los terratenientes y las exportadoras, otro de los grandes beneficiarios del modelo agropecuario actual.
Estos tres actores, en su desmedido afán de riqueza, nos han hecho perder nuestra autonomía alimenticia llevándonos al monocultivo de la soja, convirtiéndonos en un país sojero. Pero esto no sería lo peor si la fabulosa renta agraria diferencial producto de nuestras condiciones climáticas favorables y el alto precio que el producto ha alcanzado internacionalmente, o al menos una buena parte de ella, sirviera para capitalizar al país. Pero lamentablemente no es así; y no es así porque no controlamos nuestro comercio exterior ni nuestro ahorro interno, porque nuestros productores están sujetos al humor de los terratenientes y los pooles de siembra y porque las exportadoras como únicas compradoras de nuestra producción fijan los precios de compra y venta, estafan al fisco haciendo recaer las retenciones en los productores y controlan el transporte y el almacenamiento, realizando un extraordinario negocio con la riqueza nacional.
Ante este panorama desolador, un punto más o un punto menos en las retenciones no permitirán la redistribución de la riqueza, como asegura el gobierno. Ni hará más pobre al productor de la pampa húmeda. El 30 ó el 40 % de retenciones no eliminará el elemento perturbador en el ciclo de la producción, la industrialización, la comercialización y el consumo del que hablaba Perón. Y ese elemento perturbador de nuestra economía es el puñado de empresas trasnacionales, aliada a la oligarquía terrateniente y a la gran burguesía agraria de los pooles, que controlan nuestro comercio internacional expropiando nuestras riquezas sin permitirnos aprovechar la favorable coyuntura internacional que se nos presenta para capitalizar el país y dejar de ser un apéndice colonial productor de materias primas.
Si este gobierno realmente hablara a favor de las mayorías, si realmente le interesaría la redistribución de la riqueza, no sostendría una lucha inocua por apropiarse de las migajas del banquete sojero a costa no de los que más ganan, sino del último eslabón de la cadena que es el mediano y pequeño productor que con gran esfuerzo trabajo nuestra tierra (ni que hablar del trabajador rural superexplotado y ninguneado, otro ausente en la disputa). Si realmente se perseguiría la apropiación de parte de la renta agraria diferencial para el bien del conjunto del pueblo argentino, el gobierno debería nacionalizar nuestro comercio exterior y controlar la producción de nuestros alimentos, asegurando el abastecimiento interno e impidiendo la fuga de las divisas generadas por el campo y el trabajo argentinos; nacionalizar la banca para poder controlar nuestro ahorro interno y evitar que se fuguen nuestras divisas, diseccionándolas hacía una política de proyecciones nacionales, en busca de la justa distribución de las riquezas; recuperar las empresas privatizadas y el control de las energías no renovables; recuperar y reestructurar los servicios de transporte y flete, en el marco de una geopolítica federal y progresista…
Pero claro, sabemos que este gobierno está muy lejos de eso. Pero hubo en nuestra historia un gobierno que si lo hizo, que se animó a desafiar al imperialismo, a planificar un país para todos, a construir el ciclo económico de la producción, la industrialización, la comercialización y el consumo. Un gobierno sabedor de que para que “sea para todos la cobija o para todos el invierno” ese ciclo debía ser controlado por el Estado. Pero no por cualquier estado, sino por uno soberano, cimentado en la justicia social y la libertad económica y, fundamentalmente, con el pueblo en la calle para defenderlo de sus enemigos.
Ese Estado creó una herramienta para controlar ese ciclo económico: el IAPI, o Instituto Argentino de Promoción e Intercambio.
La nacionalización de la renta agraria diferencial
Discurso en que anuncia el 2° Plan Quinquenal
Desde la conformación de Argentina como nación, nuestra clase dominante supo consolidarse mediante las fabulosas ganancias que producía la colocación de nuestros productos agropecuarios en el mercado internacional. Los imperialismos de turno supieron aliarse a esta clase hegemónica y apropiarse del control de nuestro comercio exterior, y a través de él drenar la mayor parte de las ganancias extraordinarias producidas en nuestro país.
Mediante el deterioro de los términos del intercambio, los países centrales se apropian de nuestras riquezas y nos impiden desarrollar nuestras fuerzas productivas. El peronismo en el gobierno buscó romper este yugo y a través del IAPI “procuró tomar parte de las ganancias originadas en el intercambio y capitalizarlas en el país”.
El peronismo procuró sostener y profundizar la industrialización que se había iniciado en el país con la sustitución de importaciones, pero para empujar al país hacia el desarrollo industrial necesitaba de divisas para importar los bienes necesarios —insumos y maquinaria. Además necesitaba un mercado interno robusto, para lo cual debía mejorar el nivel de vida de su población, implicando esto un elevado gasto social. Pues bien, ¿donde se generaban esos recursos que necesitaba el Estado? En el intercambio comercial de la tradicional producción agrícola ganadera, por lo que el gobierno debía procurarse de esa fuente de recursos para llevar adelante su política económica. Así, la monopolización por parte del estado del comercio exterior, apareció como un elemento fundamental para la construcción de la Nueva Argentina.
El IAPI pasa a ser el monopolizador del comercio exterior y regulador de la producción agrícola ganadera. A través del Instituto el Estado fija los precios (garantizando el precio prometido a los productores, por adelantado e independientemente de los precios internacionales), compra al productor y vende en el mercado internacional. Adquiere la producción total de semillas que entregará por cupos a los industriales para que la procesen y posteriormente coloca el aceite en el mercado internacional. De esta manera se defiende los precios de los productos argentinos ante los deterioros en los términos del intercambio.
Con esta herramienta “no sólo se controlaba cuáles mercaderías importar, a que precios y con que aranceles, sino también que debía producirse en el país —al determinar precios de cereales y carnes— y a quienes debíamos verdécelos en el exterior. Se regulaba el abastecimiento interno y se protegía a la industria nacional”.
Con las ganancias obtenidas, el IAPI no sólo subsidio importaciones (principalmente de insumos y maquinarias para el agro y la industria) sino que otorgó fondos a las reparticiones estatales y realizó obras de bien común; se ocupó de fomentar la producción agropecuaria, luchar contra las plagas, comprar y distribuir semillas, vendió al costo a la industria local, subsidió a productores marginados o de zonas perjudicadas por fenómenos climáticos.
Es decir que las fabulosas ganancias de la colocación de nuestros saldos exportables en el mercado internacional, que antes quedaban en manos de los monopolios privados —en su mayoría extranjeros— que controlaban nuestro comercio exterior, ahora eran utilizadas por el Estado nacional para capitalizar el país. Se nacionalizaron los servicios públicos, se expandió la actividad productiva de las empresas estatales, se nacionalizó la banca y se pasó a controlar el crédito interno, se protegió la industria nacional…
El IAPI intervino en la compra de los ferrocarriles, la Compañía de Gas, la adquisición del complejo de empresas del grupo Dodero (Compañía de Navegación, Río de la Plata, Ultramar SA y demás), el rescate de las acciones de las compañías Flota Aérea Mercante Argentina, Aviación del Litoral Fluvial Argentino, Aeroposta Argentina y Aerolíneas Argentinas.
Sólo en 1949 aportó para la compra de 8 buques de carga y pasajeros, 26 trenes Diesel-Ganz, más de 200 locomotoras, más de 500 aviones y 9 buques tanques. Además de colaborar con YPF, Gas del Estado y demás empresas estatales; aportó al desarrollo de la minería, la siderurgia, la forestación, etc. Participó en la construcción de escuelas, hospitales y complejos habitacionales…
El IAPI le dio al problema del campo una solución nacional, al permitir que el ciclo económico se cumpliera.
Por una solución nacional al problema del agro
El IAPI fue una de las principales herramientas del Frente Nacional en su lucha de liberación. Con él se intentó nacionalizar la economía, puntal fundamental para construir una Nación independiente y socialmente igualitaria. Tanto es así que el Instituto fue una de las primeras víctimas de la contrarrevolución plutocrática que se instaló en el país a partir de septiembre de 1955, la que no cejó un instante hasta lograr la liquidación de la cánula que socializaba la renta agraria diferencial.
El golpe del 76 instaurará un modelo aprturista de la economía buscando reducir la intervención del Estado a su mínima expresión, modelo que se cimentará y profundizará con la llegada del menemismo. Entonces, al amparo de la globalización neoliberal, durante los años 90 se implementará un modelo agropecuario dominado por las grandes empresas trasnacionales y la tecnología que ellos controlan.
Como país agroexportador que somos, la disputa está en quien se apropia de la renta agraria y para qué. Indudablemente en la actualidad esa renta es apropiada nuevamente en su mayor parte por los monopolios extranjeros, que manejan nuestro comercio exterior, compartiéndola con los terratenientes y la gran burguesía agraria.
El gobierno actual, necesitado de caja, sin otra política que la de permitir a estos pulpos que nos sigan expropiando la riqueza nacional, intenta participar en el reparto de la renta pero tratando de no perjudicar a sus socios mayores. Es así que hace caer el peso de las retenciones en la parte más débil: el pequeño y mediano productor agropecuario.
El conflicto actual entre el gobierno y los diferentes sectores del campo, evidencian nuestra dependencia y la necesidad de reconstruir un Frente Nacional de Liberación que deberá tener como una de sus principales metas la de recuperar la renta agraria para todos los argentinos, de modo que nos permita capitalizarnos y desarrollarnos independientemente de los centros de poder, buscando reconstruir el ciclo de la producción, la industrialización, la comercialización y el consumo.
Será indispensable que, como parte de una política nacional, el estado monopolice el comercio exterior de manera de defender nuestra producción agropecuaria y a nuestros pequeños y medianos productores y a los trabajadores rurales. Y, fundamentalmente, que la renta agraria sea socializada y utilizada para el desarrollo independiente, integral e igualitario de la nación en su conjunto.
De ese modo se dará una solución al problema del agro, y, lo que es más importante, esa solución será nacional.
Denuncia efectuada por MARIO CAFIERO y RICARDO MONNER SANS ante la Justicia Federal contra exportadores de granos Causa Nº 4713/2008 caratulada “NN s/defraudación de seguros” Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 8, Secretaría 15, Comodoro Py 2002, 4º piso.
Los datos estadísticos que se mencionan a continuación fueron tomados de Corriente Nacional y Popular de Trabajadores de Prensa, El boom sojero: ¿panacea nacional o nueva forma del saqueo?, Rosario, Julio de 2004. Las citas le pertenecen.
Para el desarrollo de este punto se ha utilizado a Novick, Susana, IAPI: auge y decadencia, Bs. As., Centro editor de América Latina SA, 1986. Las citas que aparecen le pertenecen.
Además, la creación del IAPI fue acompañada por la suspensión de desalojos rurales, el Estatuto del peón de campo, el congelamiento de los arrendamientos, la expropiación de 2 millones de hectáreas, entrega de semillas, créditos para maquinaria, la nacionalización de la banca y el control de cambio, la nacionalización y conformación de las empresas estratégicas, etc.
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- Artículo cargado el 23/05/2008 - 23:10
Secuestro-detención en el feudo petrolero de Chubut
El viernes 16 de mayo, en Comodoro Rivadavia, Miguel Martínez fue detenido por la policía en momentos en que se trasladaba hacia FM del Mar, una de las radios en la que es columnista. Martínez es ampliamente conocido en la ciudad por su presencia en la prensa escrita y radial, y como militante del movimiento popular de lucha contra la entrega del petróleo y en apoyo a las reivindicaciones obreras y populares. Desde hace más de tres décadas sostiene las posiciones de la izquierda nacional, y por lo tanto se ubica en un campo antagónico respecto a las políticas de los gobiernos provincial y nacional.
Martínez fue detenido en la calle por un patrullero, esposado, trasladado a la Seccional Segunda y encerrado en un oscuro calabozo, aislado, durante 12 horas sin explicación alguna. Durante la detención, el personal policial, que vestía uniforme pero no tenía identificación, procedió a ficharlo. En ningún momento, durante su detención, se le permitió usar el teléfono y, en consecuencia, estuvo desaparecido durante ese tiempo. La declaración, firmada en disconformidad, dice que el detenido respondió negativamente a la pregunta de si quería realizar algún llamado. Antes se ser liberado, cerca de media noche, el interrogador policial pretendió, sin resultado, que le diera los nombres de sus amigos y que le dijera “con quién se juntaba”. Posteriormente, el Jefe de la Unidad Regional de Comodoro en declaraciones radiales, mintió al afirmar que el procedimiento se había realizado porque el detenido se había negado a identificarse.
Martínez fue detenido en el marco de la Ley 815, dictada en 1970 bajo la dictadura de Onganía, y que pese a su manifiesta inconstitucionalidad aún sigue vigente. La ley autoriza a las fuerzas policiales a realizar este tipo de secuestro-detención sin dar ningún tipo de explicaciones, si a su juicio alguien resulta sospechoso.
La actuación policial fue denunciada en sede judicial y ante la opinión pública en conferencia de prensa, de la que participaron representantes sindicales y de los movimientos sociales.
No es la primera vez que Martínez resulta víctima de este tipo de “aprietes”. Hace dos años atrás su vehículo de trabajo fue incendiado en la puerta de su casa, y la FM en la que tenía un programa, asaltada durante la noche y robados los equipos, sin que la policía interviniera, pese a haber sido advertida.
Chubut está gobernada por el ahora kirchnerista Mario Das Neves, cuya acción de gobierno más notoria ha sido la firma del leonino contrato de Cerro Dragón con la Pan Américan Energy, un consorcio formado por la británica British Petroleum y el grupo Bulgheroni, testaferro local de la firma imperialista, por el cual se extiende por treinta años el convenio original, diez años antes de su vencimiento. Según este acuerdo, el yacimiento, el más rico de la Argentina, valuado en más de 40.000 millones de dólares, será explotado hasta prácticamente su extinción, pagando por la concesión apenas 120 millones de dólares. A esto se agrega la adjudicación directa de los derechos de exploración off shore sobre las 12 millas marítimas, frente a las islas Malvinas, a una compañía inglesa. En marzo de este año la kirchnerista legislatura de Santa Cruz aprobó el mismo contrato para prorrogar la concesión de la parte del yacimiento que se prolonga en la provincia.
La ley que entregó a las provincias la propiedad, la gestión y la renta petrolera fue aprobada a fines de 2006, por las mayorías oficialistas en el Congreso. Constituye la consolidación en un nuevo nivel de la matriz hidrocarburífera impuesta por el menemismo, y habla a las claras sobre la verdadera naturaleza “nacional-popular” del régimen kirchnerista.
Miguel Martínez denunció insistentemente en la prensa radial y escrita esta política entreguista y recibió como respuesta advertencias intimidatorias; asunto de no menor en una provincia en la que ha reaparecido la práctica de las desapariciones.
Socialismo Latinoamericano
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- Nacional
- Artículo cargado el 19/05/2008 - 00:00
Cambiaron los vientos y despuntan las contradicciones del modelo K
La resistencia del frente de clases agrarias colocó al gobierno de Cristina Fernández en un terreno de dificultades, cuya importancia era impensable cinco meses atrás. El prolongado conflicto que estalló en abril y reapareció en mayo le costó al kirchenrismo el apoyo que aún conservaba entre la clase media rural, abrió fisuras en el bloque oficialista y le permitió a la oposición de radicales, cívicos y macristas levantar cabeza.
La señora Carrió, con el tono solemne que la caracteriza y megáfono en mano, prometió de ahora en más participar de toda protesta que organicen los productores agrarios, Macri, a su vez, se lamentó que no se aproveche a fondo la oportunidad que brinda la voraz demanda de China y de India, mientras que los radicales hicieron suya, sin matiz alguno, el reclamo agrario. Se trata de una oposición miserable, cuya única ambición es disputarle al kircherismo el gerenciamiento del modelo semicolonial. El gobierno, por su parte, acusó a terratenientes y chacareros de falta de solidaridad con los que menos tienen, montó la escena de una épica batalla contra la oligarquía pampeana y difundió rumores de golpe de Estado, tan creíbles como las estadísticas del Indec.
Una y otra vez el discurso oficial ha subrayado que las retenciones constituyen un mecanismo de distribución del ingreso. Las retenciones son un impuesto a la exportación que fue aplicado por gobiernos liberales en la segunda mitad del siglo XIX, por la dictadura instaurada en 1955 y por la autocracia de Onganía desde 1967. En ningún caso la medida apuntó a una redistribución progresiva de la renta nacional. El gobierno dijo que sin la presencia de ese impuesto, que separa el precio local del internacional, los alimentos se encarecerían aún más, empeorando las condiciones de vida de las grandes masas trabajadoras. Lo cierto es que el abaratamiento de bienes-salario, como los alimentos, es una necesidad en primer lugar de la burguesía industrial, obligada a reducir costos para poder resistir la presión de la competencia, tanto en el mercado interno como en las plazas de exportación. Del mismo modo, la limitación del precio de las materias primas agropecuarias fortalece la competitividad de las corporaciones de la agroindustria.
Sin embargo la legitimidad de ese instrumento destinado a capturar parte de la renta diferencial originada en la extraordinaria fertilidad natural de las praderas de la pampa húmeda y en la escalada de las cotizaciones de los productos primarios en el mercado mundial, está fuera de discusión. A diferencia de lo ocurrido en los 90’ debido a la sobrevaluación del peso, el cambio de precios relativos que provocó la devaluación derivó hacia los distintos eslabones del bloque agrario una masa importante de riqueza.[1] Lo que sí está en discusión son otras cosas. Por una parte, el destino de los fondos recaudados, volcados al pago de una deuda externa de origen fraudulenta, que desde julio del 2000 los legisladores oficialistas y opositores se niegan a investigar, a pesar de un pedido expreso de la justicia; por la otra, significativamente, está en discusión la aplicación uniforme del impuesto, sin tener en cuenta las diferencias de fertilidad del suelo y de productividad del trabajo según la escala del capital aplicado, es decir desentendiéndose de la situación desfavorable de los pequeños productores, muchos de ellos con una importante deuda acumulada. En el centro de estos asuntos figura la distribución de la renta o lo que es lo mismo la apropiación de una proporción sustancial de la plusvalía creada por el trabajo agrario por parte de las fracciones dominantes del capital.
La disputa por la renta
Posiblemente el detalle más llamativo de la confrontación entre el “campo” y el gobierno, es la ausencia en el foco de los acontecimientos de un núcleo de intereses altamente concentrado, determinante en el mecanismo de distribución de la renta y de las ganancias extraordinarias, originadas en el ciclo ascendente de los precios internacionales. Las transformaciones estructurales producidas en el capitalismo agrario en las últimas tres décadas y, especialmente, durante los años del menemismo, no sólo consolidaron la marcada concentración de la propiedad, sino que abrieron un importante campo de negocios a los fondos de inversión organizados en pools de siembra, las corporaciones extranjeras proveedoras de fertilizantes, semillas, agroquímicos, etc. y los monopolios exportadores, a los que suman los frigoríficos extranjeros. Esta fracción del gran capital captura una parte sustancial de la renta diferencial a través de la relación de precios que establece la oferta oligopólica de los pulpos trasnacionales proveedores de insumos: Monsanto, Nidera, Bayer, Dupont, Syngenta, etc. Otra porción importante es apropiada por los grandes exportadores (Cargill, Bunge, Dreyfus, ADM), mediante una operación descaradamente fraudulenta. La actual normativa los ha convertido en agentes de retención de los impuestos a las exportaciones granarias y les ha posibilitado embolsarse una millonaria diferencia al autorizarles a fijar el precio FOB (precio sin seguro ni flete) y la tasa de retención al declarar la operación, cuando aún no se ha levantado la cosecha, mientras que tiempo después le descuentan al productor la retención, sobre un nivel de precios y de tasa mucho más altos. Esta maniobra, que se realiza en la comercialización de la soja, les permitiría embolsarse a los exportadores 1.700 millones de dólares, según estimaciones realizadas por Alberto Ferrari Etcheberry, ex titular de la Junta Nacional de Granos, en momentos en que el precio se ubicaba en 533 dólares la tonelada y las retenciones en 44%.[2]
Sin embargo las transformaciones no se han limitado a los desplazamientos producidos en la composición del capital agrario. El actual patrón de explotación ha adquirido en los últimos años un marcado sesgo hacia el monocultivo, con eje en la agricultura de la soja transgénica. Según estimaciones, la presente campaña supera las 30 millones de hectáreas sembradas, de las cuales casi 17 millones corresponden a la soja, cuyo destino bajo la forma de granos, harinas o aceites es, en su casi totalidad, la exportación. Impulsada por paquetes transgénicos como los que produce Monsanto (semilla resistente al herbicida basado en glifosato), en el método de siembra directa y en los pools de siembra, la producción de soja ha pasado de 11 millones de toneladas en 1997 a 47 millones en 2007. Esta combinación no sólo incrementó la productividad agraria, sino que definió un nuevo perfil productivo con fuerte impacto sobre el medio ambiente y la estructura social del campo. Así, la introducción de la siembra directa impuso la incorporación de tipos más costosos de maquinaria y obligó a la ampliación de la superficie de las unidades de explotación, dejando fuera de escala a la pequeña producción. Sin embargo hay otras consecuencias que hace tiempo están a la vista: fuerte destrucción de puestos de trabajo, expulsión de familias campesinas, incluso de tierras fiscales, transformación de pequeños y medianos y productores en simples rentistas, tentados por los pools de siembra que pagan importantes sumas en dólares sobre una estimación de la cosecha, devastación de cientos de miles de hectáreas de bosques por año, erosión de los suelos, contaminación de la tierra y del agua debido a la aplicación masiva de agrotóxicos, de efectos letales, además, para los pueblos cercanos…
Esta tendencia, que lleva proporcionalmente a producir menos alimentos y más productos primarios para exportación, se refleja, a la vez, en la composición de las ventas argentinas al exterior. Más del 90% de las colocaciones realizadas en los mercados externos por un puñado de grandes compañías, apenas si encierra un valor de 450 dólares por tonelada, mientras que esa relación sube a 1.000 dólares para menos del 1% de los bienes, despachados por micro y pequeñas firmas industriales. Demás está decir que el “modelo productivo” del kirchnerismo no altera en lo más mínimo esta situación, ni pone en tela de juicio el proceso de acentuada concentración del capital y de la propiedad que se desenvuelve en la estructura rural. Mientras tanto, la contrapartida del aumento sustancial de la renta diferencial a partir del 2002 es la situación de los asalariados agrícolas y la de las economías de autoconsumo, conformadas por familias campesinas y pueblos indígenas. Los primeros son alrededor de 1,3 millón de trabajadores, 70% de los cuales está negro, sin ningún tipo de protección previsional, cobertura de salud o derecho laboral, trabajando por períodos en el caso de las explotaciones dedicadas a la soja, con sueldos promedio de 1.250 pesos. Esta masa laboral sobreexplotada no figura en el pliego de reivindicaciones de las cuatro entidades. Tampoco entran en el enfoque de la burguesía agraria alrededor de un millón y medio de compatriotas representados por los movimientos campesinos, amenazados por la expansión del negocio sojero, desalojados de las tierras que ocupan mediante persecuciones de tipo “legal” o reprimidos con procedimientos parapoliciales.
Las contradicciones del modelo
Para el núcleo dirigente del kirchnerismo, que al parecer esperaba una rendición incondicional de los productores agropecuarios, el conflicto adquirió un sesgo inesperado al repercutir sobre sus propias filas. Las declaraciones del gobernador de Córdoba, en el sentido de que es necesario bajar el nivel de las retenciones, o el pronunciamiento de los senadores por Santa Fe, junto a medio centenar de intendentes y legisladores provinciales del PJ, reclamando algo similar, es la evidencia de que la presión de la pequeña y mediana burguesía agraria se hace sentir fuerte sobre los distintos nivel del aparato gubernamental del justicialismo. Fue sin duda la política indiferenciada del gobierno, orientada según los dictados del superávit fiscal, la que contribuyó decisivamente a dotar de una firme fuerza militante a las reivindicaciones agrarias, en una extensión que jamás había imaginado el establishment rural. Buena parte de esa base social, particularmente los chacareros de la Federación Agraria, había votado por los candidatos del oficialismo en las pasadas elecciones de octubre, mientras la clase media de las ciudades se inclinaba por los partidos de la oposición.
No es éste el único frente en que el programa gubernamental ha comenzado a hacer agua. La inflación nuevamente se ha erigido en una formidable herramienta de redistribución regresiva del ingreso, y hace ya tiempo que la grotesca manipulación de las estadísticas del Indec no puede ocultar el descenso vertical de las capas más explotadas de la sociedad. A fines de abril la consultora Equis, insospechada de antipatía hacia el gobierno, estableció que los ingresos de las familias pobres, 30% de la población, apenas si alcanzan para cubrir el 43% de la canasta básica. La situación es similar a la de 2001, en cuanto a la cantidad de familias por debajo de la línea de pobreza, pero peor en relación a su poder adquisitivo. Simplemente, los pobres son más pobres hoy, en pleno desarrollo del “modelo productivo”, tras seis años de crecimiento de la economía a tasas de 8 o 9% anual, que en el punto más bajo de depresión que comenzó en 1998 y se prolongó hasta el estallido de la convertibilidad. Pero esto no fue obstáculo para que Cristina Fernández, al difundir las últimas estadísticas mentirosas del Indec, destacara el avance de la situación social, con la misma espontánea frivolidad con que calificó al tren bala como “un salto a la modernidad” y, anteriormente, a Puerto Madero como “un orgullo para Buenos Aires”.
Sin embargo la inflación no sólo erosiona la situación de la población más desprotegida; su impacto ha comenzado a hacerse sentir en las capas bajas y medias de la propia burguesía. Un reciente estudio de la Fundación Pyme señaló que los costos unitarios de producción de las pequeñas y medianas empresas fabriles aumentaron 47% entre el tercer trimestre del año anterior e igual período de 2006, mientras que la rentabilidad bruta disminuyó 23% (promedio) en el bienio 2006-2007 respecto al período 2005-2006. Este sector es uno de los más firmes respaldos con los que cuenta el gobierno. A pesar de esto entre sus directivos ya no reina el entusiasmo de un tiempo atrás, cuando la relación entre el aumento de la productividad laboral y la curva de los costos arrojaba importantes márgenes de ganancia en las empresas. De forma tal, las voces de advertencia que se hacen oír en los segmentos de baja y media burguesía industrial denuncian que el aumento de precios en las materias primas y en los insumos, han cerrado la brecha cambiaria que abrió la devaluación, y en estos momentos nuevamente la paridad real está en el uno a uno o muy cerca de ese nivel. El avance de los productos importados y la mayor presión de la competencia en las plazas externas, ha comenzado a abrir interrogantes en el horizonte de la franja del empresariado cuyos intereses están estrechamente entrelazados con la política del gobierno.
Estructuralmente la inflación está impulsada por una oferta fuertemente concentrada por el capital monopólico, que en presencia de la expansión del consumo ajusta por precios, limitando los volúmenes de inversión, sin ampliar en proporción a la mayor demanda la capacidad instalada. Para los círculos de gran burguesía, que tiene el centro de su perspectiva de negocios en el mercado externo, hace tiempo que el salario se ha convertido en un factor de costo y no de consumo, al contrario de lo que ocurría en las cuatro décadas en que se desenvolvió el período de industrialización sustitutiva de importaciones clausurado por el golpe de Estado de marzo de 1976. Por lo demás, el costo salarial representa una fracción menor del costo total en las corporaciones altamente tecnificadas, a diferencia de lo que ocurre con las pequeñas y medianas empresas de mano de obra intensiva. Las primeras forman los precios en los eslabones superiores de la cadena productiva y se los imponen a las segundas, compradoras de insumos y productos básicos. En consecuencia, la inflación de costos impacta de modo desigual en las distintas fracciones de la burguesía, y provoca una redistribución de la plusvalía en favor del capital altamente concentrado.
Qué es el kirchnerismo
Ese círculo dirigente de la alta burguesía con centro de gravedad en las mayores corporaciones industriales fabricantes o proveedores de insumos básicos y de bienes agroindustriales, y en el capital extranjero volcado al negocio petrolero y la minería, tiene una incidencia gravitante en la orientación del proyecto gubernamental. Constituyen el núcleo de intereses que salió airoso de la puja intercapitalista que estalló tras el derrumbe de la convertibilidad, una vez que la marea popular que se llevó puesto a lo que quedaba del gobierno de la Alianza, entró en reflujo. La administración de Duhalde primero y la de Néstor Kirchner más tarde, reflejaron claramente la correlación de fuerzas que se estableció en las altas esferas del poder de clase a partir del 2002, y siguieron una política acorde a los intereses prevalecientes. El gobierno de Cristina Fernández se ajusta estrictamente a esa continuidad. El resultado es un modelo económico orientado centralmente al pago de una deuda pública en incesante crecimiento, que ha mantenido intactos los soportes estructurales del patrón de acumulación consolidado en los años 90’, e incluso los perfeccionó en el caso de la explotación petrolera mediante la ley que entregó a las provincias la propiedad, la gestión y la renta de la explotación de los yacimientos, abriendo el camino a los escandalosos contratos de Chubut y Santa Cruz con la Pan American Energy.
Sin embargo el kirchnerismo no es la expresión orgánica de una fracción de las clases dominantes. Recibió el gobierno del duhaldismo, empeñado en bloquear el retorno al puesto de mando a los círculos de las finanzas y las empresas de servicios públicos trasnacionales, a través de la candidatura del ex presidente Menem. Desde entonces su núcleo dirigente se dedicó a centralizar al máximo el poder institucional y asegurarse el control del aparato justicialista. Proliferación de los decretos de necesidad y urgencia y una reglamentación que impide su fiscalización por el Congreso, transformación de las cámaras legislativas en un apéndice del Ejecutivo, modificación de la composición del Consejo de la Magistratura, conversión del Indec en una máquina de falsificación de estadísticas… poco a poco el kirchnerismo se hizo dueño de la situación, con gran escáldalo de los monopolios de la información y decepción del democratismo pequeño burgués, captado inicialmente por el discurso de los derechos humanos.
Desde esa posición de fortaleza estatal desenvuelve un programa cuyo contenido realiza, en lo fundamental, los intereses del bloque exportador. Sin embargo los gobiernos de Kirchner y de Cristina Fernández apuntan a un equilibrio que no tuvo el menemismo. No entregan gratuitamente nada. Negocian con el capital concentrado respaldándose en su dominio sobre los resortes estatales, mientras favorecen la consolidación de la burguesía palaciega de los Brito, Eurnekian, Eskenazi, entre otros apellidos ilustres. Pero además, el kirchnerismo, selló un pacto con la dirigencia de la CGT encaminado a contener lo reclamos salariales y controlar al movimiento obrero, a cambio de diversas concesiones que fortalecen al aparato sindical, y les otorgan a los jefes gremiales el manejo de ciertos renglones de la administración estatal. Se trata de una burocracia conservadora, cuyo papel político es el de congelar la conciencia de los trabajadores en el estadio nacional-burgués alcanzado bajo los gobiernos de Perón, bloqueando mediante métodos administrativos (con la complicidad del Estado) o por la vía de hecho, cualquier iniciativa tendiente a profundizar la experiencia de clase y construir una posición política independiente. El reclamo de la dirigencia de la UOM para que Chávez reviera la nacionalización de la siderúrgica del grupo Techint en Venezuela, es una manifestación elocuente de los intereses y del sistema de ideas que guía a esta dirigencia. Su conducta es comparable con la que adoptó hace algo más de tres décadas la CGT, al oponerse a la ley agraria del gobierno peronista destinada a aplicar un impuesto a la renta potencial de la tierra, como forma de abordar el problema del parasitismo oligárquico.
Hasta el presente el kirchnerismo ha logrado mantener un punto de equilibrio entre los distintos intereses convergentes en el programa de gobierno. Contó para esto con condiciones excepcionalmente favorables, especialmente en el plano del comercio mundial. Sin embargo las propias consecuencias del proyecto comienzan a obrar en sentido contrario, tal como lo evidencia la creciente inflación, la redistribución regresiva del ingreso, el aumento sostenido de la deuda pública y la disputa abierta con una fracción del capitalismo por el reparto de la renta. En cuestión de pocos meses el horizonte en que el grupo gobernante inscribió sus interpelaciones progresistas, se ha oscurecido. En el camino quedó, reducido a una cáscara vacía, el proyecto de la transversalidad, pensado desde el universo de ideas de la pequeña burguesía, como una superación del peronismo. Mientras tanto el kirchnerismo se fundió resueltamente con el otrora denostado aparato de los gobernadores, intendentes y punteros justicialistas, confirmando que el PJ se ha convertido en la herramienta gubernamental de los círculos dominantes: bajo el menemismo haciendo la política del capital financiero trasnacional, bajo la presente administración, aplicando el programa de la gran burguesía exportadora.
Hacia adelante están en pleno curso de desarrollo las contradicciones del actual modelo, con las tensiones de clase correspondientes, la diferenciación de campos antagónicos y el pendiente realineamiento de las fuerzas populares, democráticas y antiimperialistas en un gran frente nacional revolucionario, encaminado a poner nuevamente en movimiento a la historia en sentido progresivo, tras más de tres décadas de contrarrevolución y colonización política, económica y cultural.
- Javier Rodríguez y Nicolás Arceo calcularon que en el período 2001-2004 la renta apropiada por los productores agrarios alcanzó un promedio anual de 9.022 millones de de pesos contra 1.288 millones que arrojó el promedio de los años 90’. Los mismos autores estiman que entre 2001 y 2004 el precio de la tierra aumentó casi 170%, ubicándose en un valor sólo superado por los registros de los años 1996 y 199. Realidad Económica 219, 1 de abril/15 de mayo 2006.↑
- El 26 de diciembre pasado el Senado sancionó con modificaciones un proyecto de Diputados destinado a poner término a la maniobra. La versión original establecía que en los casos en que el grano no hubiera sido comprado, el exportador debería pagar las retenciones según el precio y la tasa actualizados, y devolver la diferencia. Sin embargo, el senador Roberto Urquía, miembro informante de la Comisión de Agricultura, dueño de la Aceitera General Deheza y hombre de confianza de la pareja presidencial, logró que la actualización alcanzara sólo a las retenciones, manteniéndose el precio declarado originalmente. Así y todo esta “limitación” todavía está pendiente de reglamentación.↑
Comentarios:
- Cultura
- Artículo cargado el 18/05/2008 - 20:23
Jorge Abelardo Ramos: historia y política
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