Los movimientos ambientalistas, surgieron en el hemisferio norte hiperdesarrollado. Como consecuencia del empobrecimiento de la calidad de vida de sus poblaciones, derivadas de la contaminación producida, por el crecimiento industrial, impulsó a éstas, a organizarse en protesta contra ese estado de cosas.
Estas protestas sociales originales fueron copadas por las clases adineradas, quienes por medio de las donaciones, lograron orientarlas, conducirlas y dirigirlas en el sentido conveniente a sus intereses.
Lo que empezó siendo un llamado de advertencia por las consecuencias colaterales negativas del crecimiento industrial y tecnológico, terminó siendo un enemigo del mismo, predicando el crecimiento cero y el regreso a la naturaleza.
Luego, filiales de éstas organizaciones cruzaron la línea del ecuador y aparecieron en nuestros países, así como también nacieron otras organizaciones autóctonas que replicaban simiescamente lo ocurrido en el hemisferio norte. Es decir, sus protestas estaban dirigidas a los males del exceso de tecnificación, industrialización e hiperconsumo, mientras que nosotros precisamente lo que sufríamos y sufrimos es la falta de tecnificación, industrialización y de consumo.
Muchos de los problemas ambientales que sufrimos los países semicoloniales, son por déficit y no por exceso de tecnología. “Fenómenos altamente destructivos del medio natural obedecen, más que a la intervención del hombre, al hecho de que él no esté presente con los medios necesarios para brindarle su protección”.[1] Por ejemplo,en caso de grandes incendios forestales, al no contar nuestros países con suficiente infraestructura para prevenir y combatir los siniestros, los incendios duran días y días y destruyen nuestra riqueza forestal, llegándose al extremo, en nuestro país, de tener que alquilar a países como Canadá y Chile los aviones bomberos necesarios por carecerse de ellos. Otro ejemplo es la erosión eólica de los suelos, que lleva a la desertización, la que afecta a millones de hectáreas en todo el mundo, pero especialmente en los países semicoloniales, que al no contar con recursos para implantar barreras forestales que actúen como cinturones verdes, rebajar médanos y realizar las tareas de praderización, irrigación y toda la tecnología utilizada por Israel para hacer reverdecer el desierto del Neguev, ven acentuarse éste problema día a día. Otro ejemplo es la erosión hidráulica, que afecta gravemente a nuestros países semicoloniales, mediante inundaciones continuas que afectan a millones de hectáreas de buen suelo, ya sea por desbordes de los ríos o por problemas en el escurrimiento. Ocurre lo mismo que en los otros ejemplos, por falta de recursos, o mejor dicho, por usarlos con otras prioridades, la ausencia de obras de defensa de ribera, infraestructura de desagüe, canalizaciones, regulación de caudales, etc., que prácticamente no se hacen, dejan improductivas grandes áreas potencialmente explotables. Estos y otros ejemplos pueden consultarse en el excelente libro de Roberto Ferrero Ecología e imperialismo.
La respuesta a ésta pregunta es fácil: la Ecología es una Ciencia Natural rigurosa, cuyo objeto es el estudio de las relaciones entre los organismos vivos y su entorno natural, mientras que el “ecologismo” es una tendencia política e ideológica, no obstante sus declaraciones de apoliticismo.
Lo que ocurre es que el “ecologismo” toma categorías y estadísticas elaboradas por la Ecología, pero su ideología subyacente no proviene de ella, sino de los centros mundiales del poder.
Hagamos una advertencia inicial: tanto la Ecología como el “ecologismo” son productos del hemisferio norte industrializado. El efecto depredador del capitalismo europeo y norteamericano, al desarrollar una sociedad industrial, realizada considerando solamente los fines de lucro, sin tomar en cuenta otras consideraciones como lo social y lo ambiental, prohijaron una reacción de las poblaciones contra ese camino.
Esta reacción se justifica: cursos de agua dulce convertidos en cloacas donde miles de fábricas vertían sus desechos industriales sin tratar, lluvias ácidas generadas por la emisión sin control de dióxido de azufre por las centrales termoeléctricas, ciudades con atmósferas irrespirables fruto de las emisiones gaseosas industriales y vehiculares, bosques devastados por la industria del papel y de la construcción, costas contaminadas por derrames de petróleo, etc, etc.
Es decir, los problemas e inconvenientes que el uso intensivo de la tecnología, en una sociedad industrial que promueve el consumo hasta el nivel de despilfarro, que afectan la calidad de vida, generaron una reacción de la población, que advierte sobre las consecuencias negativas del camino elegido por las burguesías industriales europeas y norteamericanas.
Esto ocurría hacia los años 70, recordarán aquello de “back to nature” vuelta a la naturaleza, que eran las leyendas que aparecían en los posters de las manifestaciones del movimiento ecologista en los EE.UU. Estos ecologistas eran vistos al frente de manifestaciones callejeras antinucleares, y lo que parecía, en aquel entonces, como posiciones extremistas, se ha transformado hoy, en la corriente principal. Esta ideología “ecologista” ha impregnado a las instituciones estadounidenses a todo nivel, desde directores de grandes corporaciones hasta la Reserva Federal, el Congreso, la EPA (sigla en inglés de la Agencia de Política Ambiental), las iglesias, los hogares, las escuelas y recientemente a la Casa Blanca.
“Dime quién te financia y te diré quien eres”. El folklore de las publicaciones del movimiento “ecologista” afirma que el movimiento emergió de las entrañas del pueblo. Lo que no dicen es de qué bolsillos salieron y salen los fondos que los mantienen. Tampoco dicen de qué usinas provienen sus líneas ideológicas. La verdad, sin embargo, es que la financiación y los lineamientos políticos provienen de las instituciones más prestigiosas del “establishment liberal”, siendo el centro el New York Council for Foreign Relations (Consejo de Relaciones Exteriores de Nueva York), e incluyen a la Comisión Trilateral, al instituto Aspen y una gran cantidad de fundaciones familiares de las élites de “sangre azul”.
Durante las últimas tres décadas éstas fuentes han inyectado miles de millones de dólares por año, en campañas antiindustria, y de control de la población, de cientos de grupos ambientalistas de “interés público”. Miles de millones adicionales se han utilizado en auspiciar departamentos de universidades de “estudios ambientales”, que hoy provee de miles de “ecologistas” profesionales cada año. Muchos de éstos profesionales actúan en base a una ideología política y no en la ciencia dura.
Con estos fondos masivos bajo su control, no es de sorprenderse que el movimiento “ecologista” haya sido capaz de imponer una agenda de política nacional en los EE.UU. y luego imponerla a nivel planetario. No existe en el mundo ninguna asociación de comercio con los recursos financieros y el poder que pueda igualar al lobby “ecologista”. Además, tiene el apoyo de todos los medios de comunicación del planeta. Las opiniones opuestas y las refutaciones científicas a los terrores ecológicos que difunden, son simplemente ignoradas u ocultadas.
Las fundaciones que hacen las más grandes donaciones a las organizaciones “ecologistas”, son las de las familias patricias más importantes de los EE.UU. como la Fundación Ford, la Fundación Rockefeller, etc. Estas familias canalizan miles de millones de dólares en las organizaciones y causas que desean apoyar cada año, y ejercen en consecuencia, enormes presiones políticas. Al decidir quién y qué será subsidiado, ellas determinan los asuntos políticos que serán discutidos en Washington, y que serán luego votados por el Congreso. Las fundaciones están compuestas por los individuos más poderosos de los EE.UU. y siempre se superponen con los operadores del poder en el gobierno y la industria.
También contribuyen a financiar al movimiento “ecologista” las grandes corporaciones: esto no debería ser una sorpresa, durante los últimos treinta años, las grandes corporaciones han descubierto que usando las regulaciones “ecológicas” pueden hacer quebrar a la competencia, a las compañías pequeñas y medianas que son parte más activa y tecnológicamente innovadora de la economía de los EE.UU. Muchos de los terrores “ecológicos” difundidos, lo son, a efectos de hacer negocios. Además, muchas de éstas corporaciones tienen departamentos que venden asesorías, servicios y equipos para control ambiental.
El cumplimiento de las regulaciones “ecológicas” es también un enorme negocio.[2]
Podemos hacer una pequeña síntesis de ésta cuestión mediante los siguientes seis puntos:
Esta respuesta también es fácil: nada. La cuestión es que cada refutación científica a sus anuncios de catástrofes climáticas con que aterran a las poblaciones de todo el mundo, son simplemente ignoradas. El ejemplo de la teoría del “calentamiento global” producida por el incremento de las emisiones de dióxido de carbono, generadas por la utilización de combustibles fósiles, es típico. Día tras día, van apareciendo informes producidos por científicos de todo el mundo, que pertenecen y que no pertenecen al IPCC (sigla en inglés del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, dependiente de la ONU), demostrando que dicha teoría es errónea, sin embargo esto no es óbice para que se siga implacablemente con la agenda fijada por el “ecologismo”. El bombardeo en todos los medios de difusión es incesante, como también lo son los programas en marcha en todo el mundo. “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.¿Recuerdan quién lo dijo y lo practicó?
Refutando la teoría del “calentamiento global” se ha demostrado que el año del siglo veinte más caluroso, fue en 1934. Es decir mucho antes de la quema intensa de combustibles fósiles. Esto lo descubrió un científico canadiense Steve McIntyre, quién comprobó que los gráficos históricos de la NASA Goddard Institute for Space Studies, tenían un algoritmo que modificaba valores introduciendo “errores”. Esto fue reconocido por la NASA y los valores fueron corregidos, pero los científicos “calenturientos” no acusaron recibo (9 de agosto de 2007).[4]
Ernst George Beck en 2007 demuestra que los registros de mediciones de contenido atmosférico de dióxido de carbono, que indicaron valores superiores a los actuales, indicando que no hay la acumulación en la atmósfera que señala la teoría, fueron ignorados por los “científicos” del IPCC, porque no confirmaba la teoría.[5]
Los huracanes faltan a la cita. Según la teoría del “calentamiento global”, los huracanes serán cada vez más violentos y frecuentes, sin embargo esto no es así. Ver el excelente artículo de Eduardo Ferreira Presidente de FAEC (Fundación Argentina de Ecología Científica, del 4 de septiembre de 2007).[6]
Afirmar que el nivel del mar crece es un fraude total. Entrevista al Dr Nils Axel Morner, máximo experto mundial en niveles del mar y evolución de las costas. Experto revisor del IPCC, afirma y demuestra que no hay indicios de que el nivel del mar haya crecido en alguna parte, pero sí que ha bajado en muchos lugares, como las Islas Maldivas. ¡Imperdibles declaraciones! (24 de junio de 2007).[7]
¡Una novedad de último momento! Recordarán el magnífico documental producido y difundido por el canal 4 de gran Bretaña de una hora y quince minutos de duración, subtitulado en castellano “La Gran Estafa del Calentamiento Global”, donde se refuta la famosa teoría y se revelan los graves “errores” científicos cometidos por Al Gore en su película. Pues bien, todas las versiones traducidas al castellano han sido censuradas por Google y Youtube.com, de las cuales Al Gore es su “Asesor Ambiental”. La única versión todavía disponible en la web es ésta versión en inglés (8 de septiembre de 2007).[8]
Además de éstos fraudes científicos referidos al registro de variables históricas, como temperaturas, contenidos de dióxido de carbono en la atmósfera, etc. Hay otros errores, como es la extrapolación lineal que proyecta de éstas mismas variables, hacia el futuro, desde una base falsa desde ya, pero asumiendo éstas variaciones según una ley lineal, cuando el clima es el resultado de una interacción compleja de múltiples variables.
Otro error más profundo es el de suponer que los “recursos del planeta” no alcanzarán para la población mundial en crecimiento, asumiendo, por un lado, que la ciencia y la tecnología no descubrirán y desarrollarán nuevas posibilidades de aprovechamiento de los recursos naturales del planeta, y por otro lado ignorar que la situación mundial actual de países opresores y países oprimidos es un momento en el devenir histórico, negando la posibilidad de un cambio en las condiciones políticas y sociales del planeta.
Esta nueva doctrina del “Desarrollo Sustentable”, de la “Economía Verde”, impulsada por el imperialismo, como decía en mi anterior artículo “¿Porqué los biocombustibles?”[9], se está desplegando a toda velocidad de manera extorsiva. Por supuesto que el “ecologismo” no es un diseño precisamente especificado hecho por encargo del imperialismo a científicos a sueldo. Sino que más bien fue el resultado de complejas, profundas y contradictorias motivaciones histórico sociales que desembocaron en un movimiento que fue cooptado, rediseñado y aprovechado por el sistema imperial, que lo encontró apto para sus designios de dominación. Nuestros países semicoloniales están entonces sujetos, a ésta nueva manera de imponer condiciones, que ha desarrollado el imperialismo, fijando las agendas de nuestros gobernantes. Por un lado, los organismos internacionales de crédito, imponen sus agendas en lo macroeconómico, y se suman a éstas las restricciones asumidas y a asumir por los tratados internacionales sobre medio ambiente, demorando, haciendo más costosas ó impidiendo nuestro desarrollo industrial. A su vez, en lo microeconómico, las ONG, también imponen sus agendas a los gobernantes, quienes, habiendo sido elegidos democráticamente en sufragios libres, deben seguir las indicaciones de personas y organizaciones que no fueron elegidas por el pueblo, evidenciando el carácter colonial de nuestras “democracias”.
La cuestión de las pasteras. El gobierno argentino llegó a un embrollo del cual no saldrá sin costos políticos. ¿Pero cómo llegó a éste punto impensable un tiempo atrás, de conflicto con nuestros hermanos uruguayos provocando una tensión de ruptura del Mercosur? Veamos un poquito. Hubo dos ONG que intervinieron difundiendo a la población entrerriana la “verdad sobre la contaminación” que las pasteras iban a provocar. Una de ellas es la conocida Greenpeace, financiada desde el exterior, la que culminó cubriendo los gastos para que la reina del carnaval entrerriano, Evangelina Carrozo, viajara y pudiera desplegar el cartel con la leyenda “Basta de Papeleras Contaminantes” con que se hizo famosa. La otra, es la CEDHAS, presidida por Romina Picolotti. Esta organización también es financiada desde el exterior, recibe aportes de la Fundación Ford y la Fundación Hewlett. Ante el clamor popular entrerriano el Presidente argentino, temeroso de que esto perjudicara sus chances en las próximas elecciones nombró a Picolotti ¡Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación! A partir de allí se cometieron errores garrafales tras errores garrafales, en un crescendo insólito que llevó a la Corte de la Haya, a la mediación del Rey de España. ¿Pero Greenpeace y CEDHAS tenían razón con respecto a la contaminación? ¡Ni ahí! Pero partamos de la base que toda industria contamina, no existe la industria con contaminación cero. Lo que existe es industria con control tecnológico de los procesos contaminantes para reducirlos a niveles tolerables, como bien lo señala Mariela García, en sus dos excelentes artículos sobre el tema, del 5 de febrero de 2007 (¡mi cumpleaños! magnífico regalo que Mariela nunca supo que me hizo) “Pasteras y papelones” y “Miente, miente... que algo quedará. Si ese algo son 810 millones de dólares, lo pensaremos...”.[9] También son excelentes los artículos publicados en la página de la Fundación Argentina de Ecología Científica sobre el tema, especialmente los del Profesor Mario R. Féliz.[10] Con respecto a la contaminación que era el punto donde ponía el acento Romina Picolotti, cuando era presidenta del CEDHAS, resulta que su criterio cambia cuando se desempeña como Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable. El 23 de mayo pasado, la flamante Secretaria, inauguró el primer Taller sobre el Plan de Reconversión para el sector de la industria de Celulosa y del Papel (PRI-CEPA) Allí se dio a conocer que el sistema EFC (el que usa Botnia) es recomendable para utilizar en el país. ¿En qué quedamos?[11] O sea, ecoterrorismo puro, puso la bomba, la hizo detonar, y luego pone cara de “yo no fui”.
Se podría interpretar, tal vez, que mi posición no considera la contaminación ambiental que se está produciendo en nuestro país. Todo lo contrario, mi preocupación es precisamente que se le están dando prioridades y recursos para investigación, a lo que no es problema y no hacemos nada con relación a lo que sí es un problema.
Ejemplifico para que se entienda. El imperialismo fue un depredador de nuestros recursos naturales, recordemos a la empresa inglesa La Forestal arrasando sin reforestar a los bosques y montes de quebracho de Santa Fe y el Chaco. En éstos momentos el imperialismo está haciendo lo mismo en la cordillera de los Andes, de norte al sur está contaminando gravemente las tierras y napas acuíferas (además de llevarse sin siquiera agregar valor los minerales) con sus explotaciones a cielo abierto prohibidas en sus países de origen, que continuarán hasta extraer todo el mineral y dejar los socavones y pueblos fantasmas tras de sí. Mientras tanto, se utilizan recursos para que nuestro jóvenes ¡exploren nuestras costas en búsqueda de contaminación! ¡Se litigia con Uruguay sobre algo que no tiene sentido!
Notas: