Socialismo Latinoamericano
  • NACIONAL
  • Artículo cargado el 22 de julio de 2007

El cambio que no empezó

Allá por los sesenta, gente interesada en “desalentar la idea de que el sentido del mundo es linealmente legible”, especialmente artistas plásticos, idearon una manifestación “culturosa”: los happenings. El objeto era integrar al espectador en el suceso, ya que sería “el primer género artístico en que la materia es la acción social”. En nuestro país el Di Tella importó la idea  (como no podía ser de otro modo), y varios de sus eventos fueron ampliamente comentados entre la “gente-in”. El psicólogo Oscar Barruezo lo definió como “una manifestación de la verdad sin mistificación alguna”.

Sin embargo el mayor happening de la historia argentina fue un happening que jamás tuvo lugar: un grupo de artistas plásticos distribuyó en diarios y revistas un informe con fotos sobre un evento. Fue el happening más conocido de esos días, pero no existió más allá de esos artículos e imágenes: fue, en realidad, un “antihappening”.  Los espectadores del suceso, y el suceso mismo, eran mediáticos.

“Hemos cambiado el lugar de creación de la obra, situándola dentro de los medios de comunicación”, explicaron sus autores. “Si en la sociedad de masas el público se informa de los fenómenos culturales por los medios masivos, el hecho artístico ya no importa: importa la imagen que construye el medio de comunicación”.[1]

Antihappening versión Cristina: “telehappening”

Como el hecho político parece que tampoco importa, importa sólo la imagen que puede construir el medio de comunicación.

El límite entre lo público y lo privado se corre una vez más: algo tan “esencialmente” público como un acto político se privatiza hasta lo inimaginable.

Los “notables” se reunen en uno de los mejores teatros argentinos, de los de élite.

Se ingresa por estricta invitación.

No hay marchas, ni bombos, ni platillos, ni cantitos (¿los historiadores del futuro no tendrán cantitos políticos para analizar…?)

Hay un gran escenario negro, una contrastante y solitaria dama de blanco, un micrófono, muchos representantes-espectadores, un largo discurso, cámaras, una pantalla gigante, música, aplausos… pero ningún “representado”.

El lugar de la aplastante mayoría de los “representados” es el cómodo sillón de una casa —en pantuflas, frente a la tele—; el escritorio con la compu —retransmitiendo tele—; la silla de un bar —con un café, frente a la tele—; las butacas de una terminal de ómnibus o trenes —con bolsos, frente a la tele—; las frías sillas de la cárcel o el psiquiátrico —frente a la tele—; los banquitos de madera y las sillas plásticas de los locales de barrio —¿con mate?, frente a la tele—; las remiserías, casillas de seguridad y similares —rogando que ande la tele—; la base Marambio —¡menos mal que tienen tele!—, y algunas que otras pinceladas en algunas que otras radios.

Para los duros de entendederas, dos pantallas gigantes…  afuera del teatro.

Para los sin tele, para los “out” de la vida política fashion, la nada.

Tenemos una nueva definición de argentino: nativo o naturalizado, pero con tele!

Al final, después de todo, esto es el mundo “big brother”: importa lo que transmiten las cámaras de la tele.

Ficción, puesta en escena, armado, premeditación o alevosía, nada de eso importa. Es el mundo happening. O el mundo antihappening.

Es el mundo tele, que expone lo íntimo y privatiza lo público. Que vuelve tema de discusión las nimiedades y jamás discute lo fundamental.

El mundo tele, que arma ficciones sobre la realidad y fabrica realidades con la ficción. 

El mundo donde sólo importa la imagen que construyen los medios. El que no se parece a la vida, sino a la tele.

Curiosidades del discurso antihappening (o  “pasa en TNT, pasa en la vida”)

  • La reforma del estado: dicen los medios —¡palabra santa!— que es una reforma de “segunda generación”. Término tecnocrático que significa que después del achique (“racionalización”) de los ochenta y noventa, lo que importa es “mejorar la calidad institucional”, redefinir las misiones de los organismos públicos, ponerlos al “servicio del cliente” (sí, cliente), hacerlos trabajar por resultados, eficientizarlos, descentralizarlos. Alguien debería avisarle a Cristina que “Menem lo hizo”. Que hay un decreto que la fundó (¿ella pretende refundar la segunda reforma?). Que existe el horrendo SINAPA. Que desde hace tres años muchas ONGs “aportan ideas” para mejorar el funcionamiento de la vida estatal (lo que no se sabe es en beneficio de quién ni con qué objetivos inconfesables). Pero sobre todo deberían avisarle que “Estado” no es lo mismo que “aparato estatal”. Que calidad institucional, y coimas, sobreprecios y contrataciones espúreas se molestan mutuamente. Que desembarcar con amigos no cualificados para un trabajo serio no es “eficiente”. Que la misión del Estado no es regalar el petróleo, la energía eléctrica, el gas, los bosques, la tierra. Deberían avisarle que más que acelerar los procesos de la justicia ordinaria hay que eliminar aceleradamente el hambre y la pobreza. Que el hambre es un genocidio. Pero estas cosas no suelen figurar en los manuales de reforma del estado. Son poco teóricas para los intelectuales de la tecnocracia. Además quedan lejos de los teatros de élite, los aviones y el exterior.
  • Las “construcciones fundacionales”: dice la “primera ciudadana” que son tres.
    1. El Estado Constitucional Democrático. Parece que finalmente los tres poderes existen y funcionan para el conjunto. El Ejecutivo toma decisiones a raudales, de acuerdo a las promesas de campaña. El Congreso vota las leyes que decide el Ejecutivo. La Corte juzga de conformidad al Ejecutivo (al menos hasta ahora, incluso lesionando la vaca sagrada de la propiedad privada, como en el caso devaluación…). Si aparece algún juez díscolo, para eso se reformó el Consejo de la Magistratura… Y claro, para el conjunto se traduce correctamente como “para el conjunto de los intereses que representa K, que por supuesto no representa al conjunto”.
    2. Modelo de Acumulación e Inclusión Social. Facilísimo de entender: se opone al “modelo de transferencia” de los noventa (que parece que no implicaba un modelo de acumulación). Los problemas de inequidad y desocupación no se resuelven desde el ministerio de asuntos sociales, que quede claro. El modelo implica un claro perfil industrialista —pero con matriz de acumulación diversificada—, y la superación de la aparente oposición entre economía agrícolo-ganadera y economía industrial (o entre mercado interno y exportación). Pero lo más importante, superando tabúes y rompiendo esquemas, este modelo ha demostrado que la teoría de la dependencia es inservible porque se han revertido los términos de intercambio. Antes, como producíamos commodities dependíamos siempre de los que producían valor agregado. Se han revertido los términos del intercambio porque quienes conducen tienen que aprender a no tener las cabezas cerradas y que nada es inmutable. Claro, el ejemplo que pone Cristina un poco más adelante es raro, pero debe haber sido un error “antihappening”: dice que 1 tonelada de grano U$S 100, y 1 tonelada de fierros con valor agregado U$S 10.000. Como está citando a Obeid, que es la oposición, el problema debe ser la fuente. O tal vez como ahora no hay oposición entre campo e industria (¡la diversificación antihappening consigue cada cosa!) la relación entre los valores ha cambiado: por eso la leche está tan cara, aumenta el pan y vamos a ser geniales produciendo biodiesel, que es una forma “nueva” de industrializarse estilo EMBRAER. ¿Cómo que no?
    3. La Construcción Cultural: para Cristina se reduce fundamentalmente a una palabra. Autoestima. Tenemos la autoestima por el piso, problemas en el coco, que les dicen… La cosa es entender por qué el fracaso tiene tanto prestigio intelectual por estas regiones. Que es la razón por la que fracasamos, el prejuicio que tenemos metido en la cabeza, no?Tenemos que ser como España y su milagro. Recuperar la cultura del esfuerzo y el trabajo: es por el esfuerzo y el trabajo que una empresa petrolera de un país que no tiene petróleo vive del petróleo ajeno. Es por el esfuerzo y el trabajo que las empresas estatales de los países centrales como España engordan con la explotación de lo que solían ser “nuestras” empresas estatales. ¡Por el trabajo y el esfuerzo de los argentinos! (entre otros perjudicados, pero que conste que la dependencia es una antigüedad). También es bueno imitar a España en sus posiciones sobre Medio Oriente, por eso Cristina se esfuerza en alinearse con los sectores sionistas más recalcitrantes del planeta. Además, viajando fomenta la construcción cultural del turismo, una de las tantas palancas del milagro español. ¡Para ser más culto no hay nada mejor que hacer turrismo! Así se aprende en el primer mundo, que es serio y exitista... ¡otra que fracaso con prestigio intelectual!
  • Género superado: como no hay dominación patriarcal (ella se sentará sólo en la silla que se gane, nadie la ha ungido candidata y K no va a la reelección porque es un hombre “grande”), el género no es un espacio de confrontación sino de articulación. El techo de cristal es una invención feminista. Por eso las mujeres formamos valores en los hijos, por eso durante la crisis había mayoría de mujeres jefas de hogar. Además está clarísimo que somos biológicamente más resistentes al dolor y que culturalmente estamos más preparadas para enfrentar la adversidad, por eso también estamos en inmejorables condiciones para desarrollar actividades simultáneas en lo público y lo privado, siempre. No hay injusticia alguna, ni condicionamientos culturales. Los hombres que dejaron solas a innumerables mujeres al frente de hogares con hijos no eran malos: ¡fue la miseria la que destruyó las familias! Los hombres están preparados culturalmente para proveer, mantener, proteger. Cuando se quedan sin trabajo se quiebran culturalmente, y entonces se van.  Por supuesto las mujeres que quedaron a cargo de los hijos no pasaron por todo eso: ya vimos que en el mundo antihappening C las mujeres “somos lo más”, y por eso se nos pide mucho más. Según Cristina las mujeres no se quedan sin trabajo. No se quiebran culturalmente. Son naturales formadoras de valores en sus hijos. Y además hacen todo eso, más las cosas de la casa y el trabajo, “sin protestar”. La probable futura primera presidenta mujer de este país no tiene un ápice de feminista, esa manga de ridículas que creen que hay confrontación de géneros. Irónicamente triste la vida, no?

Curiosidades del mundo real

  • La canasta familiar actualizada a diciembre de 2006 según la Encuesta de Gastos de 1997 ascendía, para una familia tipo, a $ 2.513 mensuales. Para la misma fecha, la canasta de pobreza tenía un valor de $ 899,40 y la de indigencia de $ 414, 50.[2] Estimemos la escalada inflacionaria desde marzo hasta ahora y esos valores resultarán ser aun más altos.
  • Sobre esos valores (proporcionados por fuentes oficiales), los estratos medios abarcan los deciles 5,6,7 y 8 (entre $ 1050 y $ 2660 mensuales, por hogar), y en esas condiciones hay 4.306.307 hogares. Los restantes deciles hacia arriba (9 y 10) son impresionantes. El ingreso total mínimo de un hogar del decil 9 es de $ 2663 hasta un máximo de $ 3700. En el decil 10 las cosas se disparan: mientras el mínimo es de $ 3700, el máximo es de $ 100.960 (líquidos no miscibles, uno de los tantos milagros estadísticos). Pensemos un momento: un hogar compuesto por dos empleados públicos con algunos años de antigüedad en el Estado (docentes, policías, médicos, adiministrativos) pertenece, en estos tiempos, a la clase media alta (y se incluyen dentro del 20 % más rico en términos de ingresos por hogares). Según “los estándares vigentes” quienes superan la línea de la pobreza en términos de canasta (es decir, ganan entre $ 1050 y $ 2660 por hogar) son “la nueva clase media”. A los cientistas sociales, a los estadísticos y matemáticos y a los funcionarios políticos que trabajan con estos estándares habría que darles 1000 pesos por mes y obligarlos a vivir con ellos: comprobarían muy sencillamente que no hay hogar tipo de clase media posible (pareja y dos hijos) que pueda vivir dignamente con eso, ni siquiera en el caso de ganar los 2660 pesos del límite superior. ¿Por qué? Por la misma razón por la que la medición del desempleo es engañosa: la metodología es un espanto ficcional imposible de sostener en el mundo real. A no confundirse: si uno gana más de mil pesos, si le alcanza para la magra canasta básica, ya llegó a la clase media! Comer, vestirse, curarse: eso es ser de clase media (y todo eso más o menos… ni hablar de casa propia, vacaciones, cines o libros).
  • Miremos ahora de cerca al decil 10: lo más alto de lo más alto de lo más alto en la estructura social posible. Ingreso familiar mínimo: $ 2663. De nuevo, dos docentes –bonaerenses, por ejemplo- con veinte años de antigüedad y dos cargos cada uno (algo común en el mundo docente) resultan pertener a la clase “más alta” posible en la clasificación de hogares por ingreso.  Con el debido respeto: ¿nos están tomando el pelo? ¡Tiemblan los Anchorena, Bullrich, Macri, Roca, Fortabat, Unzué y Martínez de Hoz! ¡Qué enorme cantida de chusma los ha alcanzado en la cima de la pirámide? Ya no se trata de patricios y nuevos ricos, sino de “medio pelo” devenido “high class”. ¿No es mágica la estadística? En este segmento tenemos 1.074.080 hogares, el 9,9 % de los casi 11 millones de hogares que tenemos en el país.
  • Veamos ahora la base de la pirámide: hay 119.877 hogares SIN INGRESOS. Representan el 1 %, pero de nuevo, por las dudas: NO TIENEN INGRESOS. Mueren del aire (a nadie se le ocurriría decir que eso es vivir).
  • Los estratos 2,3 y 4 están todos por debajo del límite de la canasta básica, y son  4.305.416  de hogares. Si asumimos que en los hogares más pobres y con menores niveles educativos de los padres hay mayor presencia de hijos —una especie de regularidad estadística mundial—, entonces tenemos representados más de 16 millones de personas. Eso es más del 40 % de la población por debajo de la línea de pobreza. ¿No era que los indicadores mejoraron notablemente, y que el desempleo está por debajo del dígito? Bueno, es probable que el desempleo esté por debajo del dígito: el problema no es la cantidad de empleados solamente. El problema es la calidad del empleo y el nivel de ingresos obtenidos. Según los datos del propio INDEC es posible tener trabajo y ser muy pobre. Alguien que le avise a la Señora, por favor, que no se nota el cambio…
  • Para resumir groseramente: prácticamente el 80 % de los hogares argentinos no reune el ingreso correspondiente a la canasta familiar, y alrededor del 90 % de los hogares está por debajo del consumo promedio del hogar argentino (que ronda los $ 3.100 mensuales). ¿No era que teníamos como pilar fundante un modelo de “acumulación e inclusión social”?
  • Resumen final: se entiende rápidamente cómo es posible que vengamos creciendo al 9 % anual y al mismo tiempo no haya mejorado en nada la distribución del ingreso. Seguimos abonados a la teoría del derrame, pero maquillada bajo el término “redistribución” (ficcional, claro!). Ya vimos que lo que se redistribuyen son únicamente las formas de medir las cosas: la producción sigue tan o más concentrada que antes, mientras la estructura productiva está más extranjerizada que nunca. ¿Y esto se supone que es “un país en serio” donde “el cambio recién empieza”?

¿Y qué se dice después de esto…?

No hay mucho más que decir después de los números del párrafo anterior (y recordemos, los mide el INDEC…  no podemos saber con certeza cuán confiables son, probablemente las cosas estén peor).

La grosería, la obscenidad de la puesta en escena del acto de campaña de Cristina es lo suficientemente intolerable, lo suficientemente hiriente, como para no tener que agregar mucho más al respecto. Cualquiera que deje las pantuflas y la tele para darse una vueltita por la vereda y charlar con la vecina; cualquiera que vaya a la verdulería, o a comprar pan o carne o leche; cualquiera que viaje en tren… Cualquier persona de ese 80 % de hogares que no llegan a los $ 2.500 mensuales sabe que la vida no es un happening, ni un antihappening. Que la realidad no se cambia con discursos, ni siquiera con discursos que se imponen como reales desde el medio que mejor modela la ficción.

La realidad a la que se le cierra la puerta tarde o temprano entra por la ventana…

Lamentablemente es posible que nos cueste convencernos de lo real que puede ser la realidad. Es posible que volvamos, como la polilla, a darnos contra la lámpara.

Habrá que madurar colectivamente.

Tarde o temprano deberemos dejar de comprar espejitos de colores, actos prolijamente televisados desde teatros para pocos, verdades mentirosas, mentiras verdaderas.

De lo contrario seguiremos teniendo happenings y antihappenings, findes en Calafate, bolsas en baños ministeriales, carteras caras y giras internacionales… ¡Esas formas tan K de las ferraris, el golf y la pizza con champán!

Aunque nos digan que los noventa han muerto. Aunque nos digan que ellos nunca estuvieron ahí. Aunque intenten convencernos de que son diferentes. ¡Incluso aunque les creamos!

Seguiremos dolorosamente embarrados en la desigualdad y la injusticia.

Seguiremos en la pobreza más inefable.

Seguiremos, definitivamente,  sin sacudirnos el collar del amo.

—¿Hasta cuándo seguiremos así?, preguntó alguien.

—Hasta que ustedes quieran…

Notas:

[1] Citas tomadas de  Anguita, Eduardo y Caparrós, Martín: La Voluntad, Tomo 1.

[2] Lozano, Claudio. “Los Hogares Argentinos. A cinco años de la recuperación”. Documento del Instituto de Formación de la CTA. Julio de 2007.

SUSCRIBIRSE A NUESTRA LISTA DE CORREO
ENVIAR ESTA NOTA POR E-MAIL A UN AMIGO
COMENTAR ESTA NOTA
El contenido de esta página es de libre circulación mencionando la fuente • Izquierda Nacional, publicación del grupo Socialismo Latinoamericano, se realiza sin aportes de particulares, es un esfuerzo militante.