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  • MALVINAS
  • Artículo cargado en febrero de 2002

Malvinas y el “Código de honor”

FERNANDO CANGIANO *

 
     
 

Hace algún tiempo se estrenó en la argentina el film “Código de Honor” del actor y realizador norteamericano Clint Eastwood. De un modo general, la película trata sobre la construcción de un mito patriótico en torno a una fotografía difundida mundialmente, que exhibe el instante en el que un grupo de soldados norteamericanos plantan una bandera en la cima de una colina de la isla de Iwo Jima, escenario de una de las más importantes batallas de la II Guerra Mundial.

El film muestra el “raid patriótico” que tres soldados realizaron por territorio norteamericano bajo la presión del gobierno del país, interesado en movilizar el espíritu guerrerista de la población con el propósito de lograr la aprobación de más presupuesto para la guerra.

Lo interesante del caso es que las circunstancias en que la foto en cuestión fue captada apenas guardaba relación con los sentimientos que esa misma foto evocaba. En efecto, la instantánea era fruto de un montaje, fue tomada cuando la batalla ya había concluido, sin riesgos visibles en el lugar. Por lo demás, uno de los soldados que luego recorrió el país promocionando la foto y participando en actos patrióticos, ni siquiera estaba presente en ella.

La foto era de importancia crucial para crear una imagen mítica pues ese mito permitiría darle forma a un discurso patriótico funcional a los objetivos del poder dominante, lanzado a una guerra contra el rival japonés por el control del Pacífico y la supremacía sobre un inmenso espacio geográfico.

Como ha afirmado la filosofía, la antropología y otras ciencias sociales, un mito no es una verdad ni una falsedad en sentido estricto pues los mitos buscan, por encima de la mayor o menor distorsión de los hechos que relatan, construir significaciones y evocar sentidos que inauguren discursos socialmente aceptados. La clave del mito no es que sea o no cierto, lo principal es su utilidad respecto a la construcción de un orden simbólico que permanecerá inscripto en la representación social de una comunidad frente a un hecho histórico. El mito marca un punto de partida para asignarle significado a fenómenos sociales. Su fuerza como instancia interpretativa será irreductible.

El pasado de los pueblos está plagado de mitología. Pensemos en los relatos que inundan nuestra historia: el cruce de los Andes, el Sargento Cabral, el maestro Sarmiento, doña Paula Albarracín, etc. La historia de cualquier país posee relatos similares. El mito otorga una fuerza indestructible a una causa o a un determinado ordenamiento político y social que él mismo inaugura. Edifica un paradigma desde el cual es posible leer la realidad. ¿Por qué razón, si no, los enemigos de la revolución cubana, para tomar un ejemplo reciente, intentan denodadamente destruir el mito sobre las figuras de Fidel Castro, el Che Guevara y aquellos “jóvenes idealistas” que liberaron la isla del dominio yanqui?. En el terreno simbólico de la mitología se expresan y se despliegan, en sus propios códigos, los antagonismos políticos que corroen a una determinada formación social en un momento histórico.

En este punto cobra significado la mitología sobre las Malvinas que hace alusión al comportamiento de los oficiales, suboficiales y soldados combatientes. Desde el fin de la guerra se ha pretendido, no sin éxito, urdir una trama discursiva en torno a un supuesto sadismo enfermizo de los oficiales y suboficiales argentinos, en contraposición con la pueril ingenuidad e impotencia de los soldados conscriptos, a quienes se calificó piadosamente de “chicos de la guerra”.

Esta matriz discursiva monopolizó, en forma casi excluyente, las historias sobre Malvinas, alimentadas por incontables libros, films, testimonios y toda clase de negocios editoriales profusamente difundidos en el país y en el exterior.

¿Cuál ha sido la finalidad de construir el mito del “soldado maltratado” y “el oficial malvado”, del “chico hambriento e inerme” y el “milico desalmado”, como representación simbólica de los hechos de Malvinas, a pesar de que nadie pone en tela de juicio los derechos soberanos de la Argentina sobre el Atlántico Sur?.

Lo notable de esta mitología es que logró imponerse en la representación social sobre Malvinas, a pesar de su grosera y vulgar falsedad, de la infantil deformación de los hechos (un caso extremo de falsificación es el libro, luego llevado al cine, “Iluminados por el Fuego”) y del perverso ocultamiento de la verdad histórica. La desmalvinización, de la que tanto hemos hablado los ex combatientes, se adjudicó una inapelable victoria en el campo del discurso socialmente aceptado. Esa victoria fue, quizás, más importante para los intereses británicos que la propia recuperación militar de las islas pues desarmó espiritualmente a nuestro país y debilitó cualquier respuesta política, económica o cultural contra la ocupación.

Es imposible no ver la mano de los dispositivos propagandísticos de acción psicológica de un conglomerado de intereses locales y foráneos lanzados a sepultar el espíritu de patriotismo y solidaridad latinoamericana que emergió por encima de la dictadura militar oligárquica de Galtieri, entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982.

Es inevitable efectuar un paralelismo entre la utilización de la bandera en el monte de Iwo Jima como coartada para exacerbar el sentimiento belicista de la sociedad norteamericana, cuyas clases dominantes enviaron a los jóvenes a desangrarse a miles de kilómetros de su territorio en una guerra atroz entre grandes potencias por la hegemonía mundial, y el empleo de penosas imágenes y relatos de soldados argentinos destinados a infundir derrotismo e impugnar la lucha histórica por recuperar la tierra usurpada por el colonialismo británico y su socio yanqui.

Pocas veces fue tan evidente cómo el poder imperialista opera no sólo a través del fuego de las armas, aunque no vacila en recurrir a ellas toda vez que es necesario, como lo testimonió Malvinas. También lo hace mediante la manipulación cínica de nobles valores humanitarios y la creación de mitos cuando ellos les son funcionales a sus intereses concretos.

La mejor reivindicación que podemos hacer a la memoria de nuestros héroes muertos en Malvinas es sacarlos del rol infantil en el que los ha colocado la maligna propaganda difundida por sus propios asesinos imperialistas, y situarlos en el panteón de los hombres valientes caídos en defensa de la soberanía nacional y la lucha histórica contra los grandes poderes de la tierra.

Nota:

[*] Ex soldado combatiente de Malvinas. DNI 14.189.366
 
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