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Como era previsible el juez Canicoba Corral convalidó el dictamen de los fiscales en el caso de la AMIA y ordenó la detención de ocho altos ex funcionarios de la República Islámica de Irán, algunos en ejercicio de cargos públicos aún, y de un dirigente de la organización libanesa Hezbollah. Para no quedarse corto el juez fue más allá del pedido de los fiscales e incluyó entre los pedidos de detención al ex embajador en Argentina, Hadi Soleimanpour, detenido en 2003 en Gran Bretaña por orden del juez Galeano y liberado posteriormente por el gobierno británico por falta de pruebas.
La decisión del juez se ajustó en un todo a la opinión de los fiscales en cuyo dictamen habían afirmado: “El ataque fue ejecutado por la organización terrorista libanesa Hezbollah, a instancia de las máximas autoridades del entonces gobierno de la República de Irán”.
De inmediato la prensa local llamó la atención respecto al carácter singular de los puntos centrales de la investigación:
- Las “pruebas” aportadas por la SIDE, el FBI, el Mossad y otros servicios revisten carácter secreto. Buena parte de las acusaciones de los fiscales, basadas también en pruebas secretas, habían sido desestimadas por el Tribunal Oral que terminó desprocesando a los imputados locales.
- De acuerdo con la acusación el atentado se decidió el 14 de agosto de 1993 en la ciudad iraní de Mashah. Sin embargo en febrero de 1993 el gobierno brasileño recibió información de la preparación de un plan de esa naturaleza y la comunicó a las autoridades argentinas y al FBI.
- Los testimonios presentados corresponden a cinco opositores del gobierno iraní. Ninguno de ellos aportó datos directos: simplemente contaron lo que les habían contado. Uno de ellos fue presidente en la época de Sha; otro, alto funcionario de ese régimen.
- Moshen Rabbani, en esa época agregado cultural de la embajada iraní en Buenos Aires, fue señalado como participante de la reunión en Mashah con la única evidencia de su estadía en Irán en esa fecha.
La investigación identifica a Ibraim Berro, militante de Hezbollah, como el atacante suicida. La comprobación se basa en supuestas declaraciones de hermanos de Berro y en el identikit realizado a partir de una foto y reconocido por una testigo. Los hermanos de Berro negaron haber realizado esas declaraciones y el reconocimiento resultó negativo en dos oportunidades y en la tercera la testigo dijo que “podría ser”.
La investigación tampoco pudo probar mediante los entrecruzamientos telefónicos, la participación de los enviados de Hezbollah en las comunicaciones, ni la conexión de éstos o de los iraníes con la Trafic utilizada en el atentado. En este terreno los fiscales no avanzaron más allá del limite de las hipótesis, al igual que en el caso de la suposición de una gran infraestructura terrorista operando en esos días en Buenos Aires y en la Triple Frontera. Más allá de estos puntos oscuros, la investigación tiene un llamativo vacío: la ausencia de la conexión argentina.
Finalmente el dictamen dice que la investigación no está agotada y que “hay diligencias que hoy se encuentran pendientes”. Sin embargo los fiscales se apresuraron a pedir las capturas internacionales y trasladar la causa al juez.
mientras la embajado de EE.UU., la DAIA y la AMIA respaldaron el dictamento del juez, la Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (APEMIA), rechazó la investigación, reclamó la renuncia del fiscal Nisman y la entrega inmediata de la documentación secreta para que una comisión independiente analice las responsabilidades del Estado argentino y de otros estados cómplices del atentado
Conocido el pronunciamiento de la justicia, la embajada de Estados Unidos se apresuró a felicitar al gobierno argentino, mientras la DAIA y la AMIA salieron a respaldar el dictamen. Otro tanto hizo Israel Singer, presidente del Consejo Político del Congreso Mundial Judío. “Nos parece un excelente principio” declaró Dina van Siegel, directora del Instituto para América Latina del Comité Judío Norteamericano. Pero de inmediato advirtió: “Vamos a continuar siguiendo el caso de cerca, dado lo que ocurrió en el pasado, y a exhortar al juez que implemente a la brevedad las recomendaciones del fiscal Nisman. La comunidad judía internacional no sacará el dedo de la llaga”. En oposición al coro sionista local y mundial la Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (APEMIA), rechazó la investigación, reclamó la renuncia del fiscal Nisman y la entrega inmediata de la documentación secreta para que una comisión independiente analice las responsabilidades del Estado argentino y de otros estados cómplices del atentado.
El juego de las equivalencias
los puntos débiles del dictamen son los nexos necesarios de una construcción destinada a probar dos afirmaciones capitales: que Irán forma parte el “eje del mal”, como sentenció la Casa Blanca, y que Hezbollah no es un partido patriótico respaldado por el conjunto de la sociedad libanesa, sino una organización terrorista subordinada a los planes de Teherán
Desde un primer momento la investigación del atentado a la sede de la AMIA cayó en la orbita de influencia de las operaciones de la CIA y el Mossad, interesados en obtener un resultado en línea con la política del imperialismo norteamericano y su socio israelí en Oriente Medio. A su vez la SIDE, controlada por el menemismo, hizo lo posible por orientar las pesquisas en esa misma dirección con la colaboración del impresentable juez Galeano. En este contexto los puntos débiles del dictamen son, en realidad, los nexos necesarios de una construcción destinada a probar dos afirmaciones capitales: que efectivamente Irán forma parte el “eje del mal”, como sentenció el sabio habitante de la Casa Blanca, y que Hezbollah no es un partido patriótico que, respaldado por el conjunto de la sociedad libanesa resistió victoriosamente la invasión del Estado sionista, sino una organización terrorista subordinada a los planes de Teherán.
Si estos dos puntos son aceptados, a continuación es posible inscribir la política de Israel en Oriente Medio en el marco de la lucha mundial contra el terrorismo y, por lo tanto, asignar un nuevo significado a sus crímenes en el Líbano y Palestina. La afirmación de la diplomacia norteamericana de que “Israel tiene derecho a defenderse”, mientras la aviación sionista demolía la infraestructura del Líbano y hacía estragos entre su población, es la consecuencia lógica del paradigma construido por la Casa Blanca luego del 11 de septiembre de 2001.
Ese paradigma afirma que entre el antiimperialismo radical de los pueblos oprimidos y el terrorismo, considerado la encarnación del mal, amenaza permanente para la civilización occidental, no hay más que una relación de equivalencia. Así, en torno a la lógica binaria del bien contra el mal articuló su discurso el ala derecha de la burguesía norteamericana y logró imponer rígidas reglas de control sobre una sociedad rigurosamente vigilada, en la cual las libertades públicas y los derechos democráticos fueron drásticamente recortados. El grado de homogeneidad alcanzado por la interpelación del poder a la ciudadanía, llegó al punto de hacer creíbles las mentiras más burdas sobre la presencia de armas de destrucción masiva en Irak y respecto a una vinculación entre el régimen iraquí y la organización Al-Qaeda. En Israel ocurrió algo similar durante el reciente conflicto en el Líbano. En una sociedad unificada en torno al polo recalcitrante de la burguesía sionista, las principales críticas a la conducción de la guerra provinieron de la derecha por no haber ido más lejos en la obra de destrucción que dejó al país invadido en ruinas.
Sionismo y antisemitismo
el acto inmediato de la construcción simbólica que identifica la lucha antiimperialista con el terrorismo, es volver equivalentes la crítica al sionismo y el antisemitismo. En Argentina esta fue la empresa montada por organizaciones como la DAIA, la AMIA y la Organización Sionista Argentina, en momentos que crecía la indignación popular por los crímenes de las fuerzas armadas israelíes en el Líbano
El acto inmediato de la construcción simbólica que identifica la lucha antiimperialista con el terrorismo, es volver equivalentes la crítica al sionismo y el antisemitismo. En Argentina esta fue la empresa montada por organizaciones como la DAIA, la AMIA y la Organización Sionista Argentina, en momentos que crecía la indignación popular por los crímenes de las fuerzas armadas israelíes en el Líbano. De acuerdo con sus términos, toda crítica al Estado de Israel queda inmediatamente envuelta en un clima de sospecha acerca de un contenido oculto, que evoca siniestras experiencias históricas de discriminación, persecución y muerte contra la comunidad judía. Recientemente el significado de la hipocresía de hacer pasar al victimario por víctima se hizo evidente a la luz de viaje realizado en agosto pasado a Israel, por los dirigentes de las organizaciones sionistas locales, para expresar su solidaridad al primer ministro Ehud Olmert por las acciones emprendidas en el Líbano.
La mistificación emprendida por el sionismo respecto a la política de Israel en el Cercano Oriente tiene el más amplio alcance. Recientemente el diario La Nación publicó en la sección destinada a difundir la opinión de los intelectuales sobre la marcha del mundo, un reportaje realizado a Edward Kaplan, “profesor estrella de la ciencia estadística en la Universidad de Yale”, cuyas investigaciones “han sido tapa de The New York Times, editorializadas en el Wall Street Journal y desplegadas en grandes notas en las revistas Time, Newsweek y New Yorker, entre otros medios”, según la elogiosa presentación del diario de los Mitre.
De acuerdo con la investigación de Kaplan y de Charles Small, director del centro de estudios interdisciplinarios sobre antisemitismo de la Universidad de Yale, el 56 % de quienes tienen un sentimiento extremo contra Israel también son antisemitas. Según la ciencia de estas eminencias, “las personas que más critican a Israel son unas seis veces más propensas a tener sentimientos antisemitas que quienes son menos críticos”. Contó Kaplan que “las referencias a Israel como un Estado nazi o a los enclaves palestinos ocupados por Israel como campos de concentración me parecían deliberadamente incendiarias y particularmente ofensivas para los judíos”. Sin embargo el “profesor estrella” se cuidó de dar su opinión sobre la legitimidad de la ocupación por parte del Estado sionista de zonas de Palestina, el Líbano y Siria, y otro tanto hizo sobre el trato dado a los palestinos en las áreas ocupadas, o sobre la situación de los prisioneros árabes en las cárceles israelíes. Naturalmente tampoco comunicó su impresión sobre el bombardeo y destrucción de zonas residenciales de Beirut, o respecto de las descargas de fósforo blanco y bombas de fragmentación sobre la población civil libanesa. Seguramente a su juicio esas acciones no deberían resultar “particularmente ofensivas para los judíos”.
Cuando la periodista preguntó ingenuamente si no son las acciones de Israel las que provocan el antisemitismo, la respuesta de este prodigio de la estadística no ofreció la menor duda: “nuestro estudio sugiere que no es así”. Y para que todo el mundo pueda entenderlo afirmó que la prueba de la vinculación entre el antisionismo y el antisemitismo es Hezbollah, organización a la que atribuyó ser explícitamente antisemita y responsable del atentado contra la AMIA. Señaló que, por ejemplo, en Londres los manifestantes contra la guerra de Israel en el Líbano llevaban carteles que decían “Todos somos Hezbollah”, una suerte de confesión de la identidad existente entre el odio a los judíos y el odio a Israel.
Todo este razonamiento ramplón, que desaprensivamente pasa por alto el hecho de que en el momento crítico del ataque de las fuerzas armadas israelíes al Líbano, Hezbollah se convirtió en la expresión de la voluntad nacional del pueblo agredido, tiene el único propósito de enmascarar el verdadero papel del Estado gendarme que el imperialismo norteamericano sostiene en el Cercano Oriente, con la finalidad de enfrentar todo proceso de radicalización de las masas árabes y de bloquear toda tendencia a la unificación nacional de esos pueblos.
la investigación sobre la masacre de la AMIA ha estado dirigidad a obtener un resultado político, el trabajo de los fiscales y las decisiones del juez han sido sesgados en esa dirección, alejados, en consecuencia, de la posibilidad de establecer la verdad sobre el atentado que hace más de cinco lustros le costó la vida a 85 compatriotas
En Argentina la investigación sobre la masacre de la AMIA ha estado desde su origen sometida a fuerte juego de presiones, dirigido a obtener un resultado político a tono con los intereses de la burguesía sionista y el gobierno norteamericano en Oriente Medio. El trabajo de los fiscales y las decisiones del juez han sido sesgados en esa dirección, alejados, en consecuencia, de la posibilidad de establecer la verdad sobre el atentado que hace más de cinco lustros le costó la vida a 85 compatriotas.
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