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Con un mesurado estilo posmoderno la editorial Capital Intelectual está ofreciendo la “Colección Fundadores de la Izquierda Argentina.” Aquí el pensamiento débil se torna raquítico y la modernidad líquida se evapora. No se sabe bien si con ironía o con sarcasmo la publicidad proclama la primera unidad de la izquierda que, en este caso, se limita a una ligazón meramente bibliográfica. Desde una estructura expositiva esquemática, que se repite en cada entrega, diferentes autores han coincidido —hasta ahora— en producir unas biografias donde la dramática de la militancia se diluye en la narración de circunstancias anecdóticas que no desbordan el ámbito de la curiosidad fútil.
en la “Colección Fundadores de la Izquierda Argentina” desde una estructura expositiva esquemática, que se repite en cada entrega, diferentes autores han coincidido —hasta ahora— en producir unas biografias donde la dramática de la militancia se diluye en la narración de circunstancias anecdóticas que no desbordan el ámbito de la curiosidad fútil
El libro dedicado a Jorge Abelardo Ramos que escribió Cristina Noble no constituye una excepción dentro de la serie. Domina en él la superficialidad que lo integra mansamente en esa liviandad que caracteriza la colección. La autora, ya alejada de la militancia de la corriente, ahora no logra alcanzar un sello diferencial para referir la vida y la obra de quien afuera su jefe político. El tiempo no sólo se empecina en trascurrir, además se obstina en que su derrotero no resulte imperceptible.
Lo primero que merece ser objetado es el título. La izquierda nacional no es el resultado una creación individual sino colectiva. Tres posicionamientos básicos caracterizan su origen singular. En primer lugar el reconocimiento de la cuestión nacional en los países semicoloniales en donde se prestigia la conformación del frente antiimperialista sobre la lucha clasista contra la burguesía local. Otro rasgo identitario es la interpretación del peronismo como movimiento nacional ubicado en el cauce de las grandes luchas del pueblo argentino. Finalmente corresponde destacar la postulación de la unidad estadual socialista latinoamericana. El planteo de la cuestión nacional fue sostenido por primara vez en el país por Liborio Justo hacia 1940. La interpretación correcta del peronismo la produjo Aurelio Narvaja desde las páginas de Frente Obrero durante las cruciales instancias de 1945. La definición en favor de la construcción de los Estados Unidos Socialistas de América Latina proviene de enseñanzas de León Trotsky en las postrimerías de la década del treinta. Todo esto queda dicho sin pretender menoscabar la gravitación de Ramos, tantas veces decisiva, en la trayectoria ideológica y política de la izquierda nacional.
debe señalarse que ningún grupo por sí solo elaboró los lineamientos estratégicos y tácticos necesarios para la conformación de un posicionamiento y de una práctica revolucionarios en la semicolonia argentina
Debe señalarse que ningún grupo por sí solo elaboró los lineamientos estratégicos y tácticos necesarios para la conformación de un posicionamiento y de una práctica revolucionarios en la semicolonia argentina. Fueron diversas las contribuciones convergentes para la generación de una izquierda diferente a la tradicional que habían conformado el socialismo juanbejustista, el comunismo codovillista y el trotskismo raurchista. Que sus principales precursores hayan sido marxistas formadas en las filas del trotskismo no constituye un dato concluyente, acabadamente explicativo de una corriente nacida en los albores del peronismo que desde entonces, viene recibiendo aportes valiosos de hombres procedentes de distintos ámbitos del campo nacional. Por un lado se reconoce una herencia incuestionable del socialismo revolucionario a escala internacional y, por otro lado, se enlaza con las mejores gestas del pueblo argentino en procura de la emancipación plena.
Ramos, desde su adolescencia, tuvo militancia en grupos anarquistas, etapa sobre la cual nada se aporta en esta biografía. La falencia queda balanceada con la ausencia de referencias a la participación final en el gobierno menemista. No se da explicación sobre la determinación de disolver el Movimiento Patriótico de Liberación para incorporarse de lleno a las filas del justicialismo, hecho que Ramos no pudo concretar por su muerte, pero que algunos de sus seguidores cumplieron en forma deplorable. El libro cae en la reiterada apelación hernandiana sobre la necesidad de que un criollo comience a mandar.
Estas deficiencias se conjugan con las características generales de un trabajo donde no se indagan las razones que llevaron al biografiado a participar en el Partido Socialista de la Revolución Nacional (1953), a fundar después el Partido Socialista de la Izquierda Nacional (1962) y posteriormente con él a establecer las bases del Frente de Izquierda Popular (1971). La integración del Movimiento Patriótico de Liberación (1987), por ejemplo, se presenta de esta forma: “En rigor, en esa etapa de su vida, saca una conclusión que recién termina de madurar al sentirse emancipado de la matriz trotskista en la que se genera su pensamiento político: que desde mucho tiempo atrás, Nacional ha dejado de ser para él un adjetivo de Izquierda, y en cambio, constituye el eje sustantivo de su concepción. Seguramente producto de esa reflexión, su partido cambia de nombre: el FIP se convierte en MPL (Movimiento Patriótico de liberación)”. En realidad no se trataba de un simple cambio de denominación ni la mutación correspondía a meditaciones íntimas del conductor de la agrupación. Ese subjetivismo e individualismo impregna la obra, para encontrar en una cita de Laura Ramos su expresión superlativa, propia de su conocida columna del diario Clarín. La presentación de un Ramos inefable permite eludir la ponderación de los méritos verdaderos (que ahora se pretenden olvidar) y desechar cualquier tipo de análisis crítico comprometedor.
Si el ensayo configura una biografía política pobre, como biografía intelectual resulta desvalida. El arduo y fecundo trabajo historiográfico de Ramos tampoco ha merecido un análisis detenido. Centrado en tres obras (América Latina: un país, 1949; Revolución y contrarrevolución en la Argentina, 1957 e Historia de la Nación Latinoamericana, 1968) concentró la critica más profunda de la versión oficial mitrista y de la contraversión revisionistas rosista. Realizó con ellas una renovación hermenéutica despreciando desviaciones europeístas para encuadrar el proceso histórico argentino en el marco de la nación latinoamericana fragmentada y dependiente. Todo ello conforma un logro valioso pero incompleto y perfectible que queda como tarea para las nuevas generaciones necesitadas de superar el silenciamiento y el desdén de las cátedras universitarias por la producción historiográfica de la izquierda nacional.
Como muestra de la ligereza con que Noble trata el pensamiento de Ramos puede subrayarse que el libro Crisis y resurrección de la literatura argentina (1954) sólo es mencionado en la bibliografía, pese a haber abierto una batalla trascendente en contra de las deformaciones producidas por la intelligentzia gestadora de la colonización pedagógica, que tan brillantemente librara junto a José Hernández Arregui, Arturo Jauretche, Blas Alberti y tantos otros.
Muy poco han hecho los propios integrantes de la izquierda nacional para dar a conocer la autentica historia de la corriente y de sus figuras salientes. En virtud de ello y de la presión ideológica oligárquica, tanto Ramos como Narvaja y Rivera, Terzaga y Spilimbergo llegan a los jóvenes por retazos, cuando sus adversarios los sacan del olvido para hacerlos objeto de sus críticas. ¿Qué muchacho conoce hoy la obra de Ernesto Ceballos? Pero, en cambio, cualquiera puede leer lo que sobre Ramos se dice en los libros de Carlos Altamirano, Milcíades Peña, Néstor Kohan, Horacio Tarcus o Fernando Devoto que circulan por las facultades fluidamente.
la presencia de la Izquierda Nacional es precaria y sus voces no siempre encuentran el auditorio necesario. Por ello se impone con urgencia una tarea de reconstrucción partidaria sobre la base de una autocrítica implacable y una rigurosa actualización que permitan quebrar el ciclo de debilitamiento y dispersión en que se encuentra sumida
Un caso paradigmático fue el acto realizado en la Biblioteca Nacional al cumplirse diez años del fallecimiento de Ramos. Methol Ferré justificó la colaboración con Menem como parte de la defensa general del MERCOSUR. Ernesto Laclau se preocupó por evidenciar su posmarxismo inclinado al democratismo radicalizado. Horacio González prefirió resaltar las semejanzas de fondo que según él unían al recordado con Jorge Luis Borges. Nadie sostuvo los aportes de Ramos para la existencia de la izquierda nacional. La presencia de la corriente es precaria y sus voces no siempre encuentran el auditorio necesario. Por ello se impone con urgencia una tarea de reconstrucción partidaria sobre la base de una autocrítica implacable y una rigurosa actualización que permitan quebrar el ciclo de debilitamiento y dispersión en que se encuentra sumida.
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