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  • BAHÍA BLANCA: LOS AÑOS 70
  • Artículo cargado el 30 de septiembre de 2006

Bahía Blanca 1975, Dictadura adelantada

NAZARENO L. FURGUELLE

 
     
 
Este artículo es un homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado,
y a los que creen en la memoria terapéutica.
Gente como Vero y Jesi,[1] de cuyo informe esto es un mero abstract,
o Gaby de la Fuente.

Un día como hoy, 30 de setiembre, pero en 1974, se promulga la ley 20.840 de Seguridad Nacional, que en su artículo 1º reprime las actividades políticas que alteren o supriman «el orden institucional y la paz social de la nación, por vías no establecidas por la Constitución Nacional y las disposiciones legales que organizan la vida política, económica y social de  la Nación». Las connotaciones que tendría en la UNS eran insospechadas.

La bahía de los malos vientos

Bahía Blanca es la Wecuvú Mapu, la tierra del diablo, según los nativos. Son kilómetros de seudo salinas que despiertan la desesperanza y la desesperación en cualquier ser vivo.

Para colmo de males viene a fundarla un milico asesino, obsesionado con encañonar a los únicos seres inteligentes que vieron la no comercial proyección de esta región. Como puerto era hermosa, pero el maldito viento, las endemoniadas petroquímicas, el mal de ojo de muchos de sus habitantes, y los osarios cimientos de la ciudad no pueden prologar una historia grata y constructiva para el hombre.

Pero no quiero que digan que los predispongo mal con la puerta y puerto del sur argentino. La historia de por si nefasta que voy a reseñar será suficiente para ello.

Es, en parte, la historia de la Universidad Nacional del Sur, un testimonio que aparece negado: no hay actos conmemorativos oficiales, por ejemplo, en ninguna de las «fechas infelices«. Nada sucede a nivel institucional el 24 de marzo. Nada sucede oficialmente el 3 de abril, fecha que se incluye —formalmente— en el calendario como «Día del Estudiante Universitario», conmemorando el día del asesinato —en los pasillos de la UNS— del estudiante y militante universitario, David “Watu” Cilleruelo. En la actualidad, sólo sus compañeros y agrupaciones de estudiantes se encargan de recordar este crimen impune. La falta de justicia acompaña el olvido oficial.

Esa laguna pantanosa de la Dictadura tuvo como secuela al continuismo de Estado:[2] en 1983, se decidió reincorporar a quienes habían sido cesanteados durante la intervención de Remus Tetu y durante la dictadura, y —simultáneamente— preservar a los docentes que habían ingresado en ese mismo período, solicitando a estos últimos una voluntaria puesta en disposición de los cargos para llamar a concurso. Esta política abrió las puertas a una situación de latente conflicto institucional y a una sistemática omisión de la justicia. En este contexto, obviamente, muchos de los docentes que habían sido cesanteados jamás regresaron. Pero se quedó el gorilaje que a más de prejuicioso es ignorante, cosa imperdonable en los formadores de profesionales. A esto se suma el que aún existe un maquiavélico aparato represor, de mucha menor medida, pero no de despreciable poder, como demuestran los ejemplos que van de los casos de gatillo fácil hasta la reciente desaparición de Julio López.

Cambio de vientos

Comienza la normalización asumida por el interventor Víctor Benamo el 2 de Junio de 1973, que se extendería hasta octubre de 1974.[3] Es la época de la peronización que le cambió la cara a una Universidad emboscada por la Base Naval Puerto Belgrano (de donde partió la gloriosa Revolución Libertadora), el V Cuerpo del ejército (comandado en 1975 por Carlos Guillermo pajarito Suárez Mason y Ramón Genaro Díaz Bessone), y la Unidad Regional de la policía de la Provincia de Buenos Aires.

El estudiantado se movilizó a niveles tales que —valga como signo— la Universidad pasó a llevar el nombre del «Doctor Miguel López Francés»;[4] el nombre dado como homenaje al Salón de Actos del edificio del rectorado: «Mártires de Trelew», la renominación de la Federación Universitaria del Sur (que nunca resucitó después de la represión) que pasó ser Federación Universitaria para la Liberación Nacional del Sur.

Reintervención

En 1974, quien continúa la política intervencionista, pero esta vez con el signo antipopular lopezrreguista, es Dionisio Remus Tetu, un rumano colaboracionista nazi, orgánico anticomunista, contratado en el Instituto Tecnológico del Sur (antecedente de la UNS) en 1956, y luego en 1968, siempre cerca de militares revolucionarios. Terminadas sus funciones en 1973 vuelve con el gorilaje peronista, designado rector interventor el 26 de febrero de 1975, luego de demostradas sus dotes de interventor en la Universidad Nacional del Comahue.

A través de la regulación del ingreso y el control de la regularidad pretende controlar al estudiantado sureño; arancela la distribución de certificados y libretas —medida que no ha perdido vigencia en la UNS—; prohíbe las asambleas de curso y cierra las cátedras paralelas; cesantea a 225 docentes que no le eran adeptos —ni académica ni ideológicamente—; cierra el comedor universitario; fusiona los departamentos (facultades en la UNS) en Ciencias Exactas (Matemática, Física y Electrotecnia) y Ciencias Sociales (Economía, Geografía y Humanidades), cuya matriculación suspendió.

Sí, cosas normales en cualquier dictadura. Pero seguimos sin movernos de 1975, siendo nominalmente una república, con una vicepresidente en ejercicio de sus funciones por la muerte natural del presidente constitucional.

Seguridad nacional hasta la muerte

La Ley de Seguridad Nacional de setiembre del 74 no solo condicionó la participación política en las universidades, sino que, invocándola, el interventor y asesino Remus Tetu expulsa de la UNS a un grupo de seis alumnos: José Dante Patrignani (hoy referente del sindicato docente ADUNS), Graciela Lusky, Jorge Berstein, Marta Resnicof, el excelente recomendador y vendedor de libros José Pietrángelo (si están por Bahía pasen por Raíces) y Marcos Canova.

Más tarde todo termina con Jorge Argibay, custodio de Tetu, que el 3 de abril de 1975 asesina al estudiante de ingeniería civil, militante de la Federación Juvenil Comunista y secretario general de la Federación Universitaria para la Liberación Nacional del Sur, David «Watu» Cireluello: le dispara por la espalda, a la vista de todos, en el pasillo que lleva a dependencias de Ingeniería de la U.N.S. Repetimos: Argibay le dispara por la espalda en un pasillo, y después se va, en un coche con patente del Rectorado (y el crimen aun está sin esclarecer). Al día siguiente, recuerdan, «en la universidad no quedó nadie».

Semanas más tarde, los compañeros de militancia de «Watu» deciden realizar un acto en repudio a Tetu, un Juicio Ético, en un hotel de la Avda. Colón. Antes del horario de convocatoria aparecen en el lugar Argibay y otros matones (no sé cómo no nos vieron..« dirá Dante), e inmediatamente después la Policía Federal, quien detiene al grupo de estudiantes que ya estaba en el lugar (algunos de los cuales estarán 3 años detenidos a disposición del P.E.N.). Dos meses después del asesinato, en la Resolución 586 del 25 de julio de 1975, Tetu los expulsa de la UNS y ordena dar aviso sobre su peligrosidad a las Universidades Nacionales y privadas del país y a las principales Universidades de América Latina...

Muy pocos de estos exalumnos volverán a retomar sus estudios en la UNS.

Bibliografía

Verónica Gattari  y  Jessica Visotsky  (2003) Recordar en el olvido. Dictadura adelantada en la universidad argentina: La represiçon en la Universidad Nacional del Sur (1975). Inédito.

María Seoane y Vicente Muleiro (2000) El Dictador.

Notas:

[1] Las compañeras Verónica Gattari y Jessica Visotsky escribieron, en 2003, la ponencia “Recordar en el olvido. Dictadura adelantada en la universidad argentina: la represión en la Universidad Nacional del Sur” (1975), de donde se extraen párrafos que era imposible e innecesario reescribir.
[2] Con este concepto, proveniente de la historiografía italiana, se alude en la Argentina al hecho de que «la vuelta a la democracia se hizo en lo esencial, sin tocar el aparato administrativo: los cambios políticos pueden ocultar la continuidad de las estructuras reales de poder» (Groppo; 2001: 27). Cita en “Recordar en el olvido…”.
[3] Benamo fue amenazado por la Triple A. El cargo de Interventor pasó a ocuparlo —en primera instancia— Tridenti y luego el Ing. Héctor Arango.
[4] López Francés, joven diputado nacional durante el primer gobierno peronista, había jugado un papel decisivo en la creación del Instituto Tecnológico del Sur (Romero; 1997, Weinberg; 1982).
 
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