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NACIONALES | Artículo cargado el 20 de agosto de 2006

¿Por qué la Izquierda Nacional debe
sostener una propuesta de
Ingreso Ciudadano?

JOAQUÍN FONT

 
     
 
Nosotros y los nuestros, todos hermanos nacidos de una sola madre, no creemos que seamos esclavos ni amos unos de otros, sino que la igualdad de nacimiento según naturaleza nos fuerza a buscar una igualdad política según ley, y a no ceder entre nosotros ante ninguna otra cosa sino ante la opinión de la virtud y de la sensatez.
Aspasia

Históricamente las clases dominantes han buscado formas de ampliar su control sobre las capas populares de la población, capas que por su situación de subordinación suelen entrar en estallidos sociales que desestabilizan las bases de los regímenes sociales; y si bien muchas veces pesan más los factores subjetivos de las clases dominantes para evaluar la profundidad de las llamadas crisis de hegemonía, las formas de control de las clases subordinadas —y de las no tanto— son profundas y complejas. La evolución de las formas de control social merecería un estudio particular, en profundidad, que ilumine aquellas zonas oscuras del conocimiento de las ciencias sociales sobre un problema que es la otra cara de la moneda del movimiento emancipatorio, y que en general ha sido tratado en forma apologética. (Véanse al respecto los trabajos de Javier Auyero, por ejemplo). Es así que somos conscientes de la situación de dependencia de los sectores populares para su existencia de una extensa red clientelar que las mantiene socialmente subordinadas, en el marco de una fuerte indiferencia ideológica —excepto a los vínculos mercantiles con las estructuras partidarias—. Es así que planteamos la necesidad de estructurar un programa de corto a mediano plazo que pueda incluir dentro de una propuesta un amplio sector de fuerzas políticas con anclaje en los sectores populares. Dentro de esa nueva estrategia es que proponemos la inclusión —como programa intermedio, de transición— del Ingreso Ciudadano. Hablamos de programa intermedio, porque consideramos que con su implementación en Argentina y en otras repúblicas sudamericanas no se resolverían los problemas derivados de las distintas formas de dominación, sean éstas de género o de clase —menos aún las relativas a la soberanía nacional—, pero sostenemos que sería un principio de ruptura con las formas de dominación política derivadas de las diversas formas de clientelismo, así como de las formas de dominación patronales, no resolviéndolas ni superándolas, pero si generando márgenes más amplios de autonomía para los trabajadores.

Un programa de transición como este no puede estar separado de otras políticas que apuntalen nuestra libertad social y nacional. Si planteamos la necesaria reforma tributaria como paso para captar los recursos para la implementación del ingreso ciudadano, no podemos dejar de tener en cuenta la necesidad de captar aquellos recursos del producto bruto nacional que son transferidos, a través de los diversos mecanismos de dependencia, a las metrópolis, a los países centrales del sistema capitalista.

Nuestra lucha por la construcción de una república de ciudadanos “no es posible sin las condiciones sociales de la libertad”. La lucha por el socialismo es la lucha por la ciudadanía plena; los socialistas tenemos que hacer una renovación programática que proponga a la sociedad las herramientas para recrear las condiciones sociales que permitan el desarrollo pleno de los trabajadores. Esas condiciones sociales son las que aseguren el sostenimiento material de las condiciones de vida, y no pueden estar atadas a la esclavitud del trabajo asalariado. La ruptura con las viejas formas de dependencia patronal generará mayores márgenes de autonomía, y posibilitará la organización libre de los trabajadores. Porque es necesario terminar con la división analítica de la ciudadanía en las tres esferas liberales —civil, social y política—, y empezar a pensar desde un concepto de ciudadanía plena, que recupere la centralidad de la noción trabajo y no de la noción empleo — como trabajo mercantilizado—, en dirección a aquello que Marx señalaba: “[…] El valor trabajo queda totalmente destruido si no se lo vende continuamente. A diferencia de las verdaderas mercancías, el trabajo no es susceptible de acumulación y ni siquiera de ahorro. El trabajo es vida y si la vida no se entrega cada día a cambio de alimentos, sufre y no tarda en perecer. Para que la vida del hombre sea una mercancía hay que admitir pues, la esclavitud”[1]

¿Qué es el ingreso ciudadano?

El Ingreso Ciudadano o Renta Básica es “un ingreso pagado por el Estado a cada miembro de pleno derecho de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva”.[2] Esta es la definición más común de ingreso ciudadano.

“Un ingreso pagado por el Estado…” hace referencia a que el ingreso puede ser pagado por cualquier nivel estadual, sea el nacional, provincial o municipal, incluso por una organización que nuclee a diversos Estados-Nación, como podría ser una hipotética Unión de Estados Sudamericana, los Estados Unidos de Sudamérica o cualquier otro proyecto de unidad.

“…a cada miembro de pleno derecho de la sociedad…” esto significa que el ingreso lo cobran todos quienes son ciudadanos de un espacio donde se afirma la soberania de ese Estado, un espacio geográfico determinado, dentro del cual se define esa ciudadanía. Para el caso argentino significaría que toda persona que habite el territorio argentino accedería al ingreso, aunque en algunas propuestas se hable de que exista un cierta cantidad de años de residencia continuada para que los extranjeros accedan a este beneficio. Podrían tomarse en consideración los mismos requisitos, por ejemplo, que pide la Constitución para que los residentes extranjeros accedan al derecho de votar en las elecciones locales.

“…incluso si no quiere trabajar de forma remunerada…”, pues el ingreso ciudadano no tiene como condición demostrar que se ha trabajado durante un determinado tiempo; o que para obtener la prestación se deba probar que se está desempleado; o que se está buscando un trabajo remunerado, o sea que está buscando “empleo”, y por tal situación tiene derecho al beneficio, como en el caso de algunos “seguros de desempleo”. Al referirse a “no trabajar en forma remunerada” se está explícitamente aceptando la posibilidad que el sujeto realice otros trabajos que no sean un empleo, o sea, que no sean remunerados. Las amas de casa trabajan, produciendo un beneficio enorme para la sociedad —que para el caso de nuestro país no está cuantificado— y sin embargo no reciben ninguna remuneración a cambio. El hogar parece el lugar designado por la sociedad buguesa como el lugar de realización de la mujer: cuando esta “sale” del hogar para buscar un tranajo remunerado es por necesidad, no por vocación. Si en esa misma sociedad el trabajo dignifica, pareciera que dignifica pero no tanto, al menos para algunos; en el caso de las mujeres pareciera que el trabajo las aleja de su función meramente reproductiva. De alguna forma el IC fomentaría que  las mujeres puedan decidir sobre su destino, puedan tener una vida más independiente.

Hay otros trabajos que la sociedad no remunera, muchos sujetos participan de organizaciones sociales que también producen para la sociedad enormes beneficios (organizaciones de mujeres que luchan por la igualdad de género, militantes sociales que trabajan en comedores sociales al margen de las estructuras clientelares, con sólo su esfuerzo personal como capital; otros que dan a niños de los barrios y villas de “excluidos” apoyo escolar o alfabetización; todos ellos generan valor que beneficia al conjunto de la sociedad, sin obtener ingresos a cambio).

 “…sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta…” significa que el ingreso ciudadano se da independientemente de la situación socioeconómica. No es necesario ser parte de un “censo” que “focalice” sobre una población particular “pobre”, y por lo tanto estigmatice al beneficiario del ingreso. Lo cual permite romper con lo que se llama “trampa de la pobreza”. Como todos son ciudadanos, sean ricos o pobres, todos reciben el ingreso. Como señala Raventos “el derecho ciudadano al sufragio universal no impone condiciones adicionales a las de ciudadanía”. Además, los defensores del IC, plantean que es administrativamente más barato pagar un ingreso a todos los ciudadanos, que realizar costosos análisis para obtener una muestra de una porción de la población. Por otro lado el IC debería sostenerse sobre un sistema tributario progresivo, lo que implicaría en el caso argentino una profunda reforma tributaria, que capte la parte del ingreso pagado a aquellos que no lo necesitan.

 “…sin importar con quien conviva”, señala que el ingreso ciudadano se paga a cada trabajador, a cada ciudadano, independientemente de si vive en pareja, con sus padres, o es un abuelo que vive con su familia, o es una ama de casa. Para ellas, las mujeres en general, que entran al mercado de trabajo por necesidad y no por opción, el ingreso ciudadano representa una posibilidad de independencia. Los hombres “entran en la carrera” —laboral—, las mujeres por el contrario “desertan del hogar”.[3] Creemos además que el ingreso ciudadano permitiría a las mujeres salir de esa dependencia de los varones en tanto éstos, como “jefes de hogar” son los proveedores, en una buena proporción, de los ingresos que éstas necesitan. No más dependientes serviles de un “patrón”, sino ciudadanas, ciudadanos, varones y mujeres compañeros.

Para acercarnos más a la premisa de la indivisibilidad del individuo se debe asegurar que éste tenga un mínimo de ingresos garantizados por el conjunto de la sociedad para poder ejercer su libertad. No se es ciudadano por recibir un ingreso, sino que se recibe un ingreso porque se es ciudadano. La condición fundamental que posibilita la existencia de una comunidad es la autonomía de sus miembros. Esa autonomía debe ser garantizada como una responsabilidad previa y fundacional de la comunidad toda, y no como consecuencia de una carencia o un estigma. “…en la Economía Política el proletariado, es decir, aquel que, desprovisto de capital y de rentas de la tierra, vive sólo de su trabajo, de un trabajo unilateral y abstracto, es considerado únicamente como obrero. Por esto puede la Economía asentar la tesis de que aquél, como un caballo cualquiera, debe ganar lo suficiente para poder trabajar. No lo considera en sus momentos de descanso como hombre, sino que deja este cuidado a la justicia, a los médicos, a la religión, a los cuadros estadísticos, a la policía y al alguacil de pobres.”[4]

¿Por qué estamos a favor del IC?

Porque en una primera etapa permitiría romper con todas aquellas estructuras de dominación que están relacionadas en las sociedades capitalistas con el sostenimiento de la vida material, y en especial en las del cono sur, permitiría romper con la dependencia de otros particulares para el sostenimiento de la supervivencia.[5] Serviría, por lo tanto, como política de sostenimiento de los ingresos al margen de las estructuras clientelares o patronales. Además, y en términos de un programa de corto plazo, la pérdida de consenso sobre las políticas de ingresos del Estado de Bienestar —relacionadas exclusivamente con la posibilidad de obtener un trabajo asalariado o tener la fortuna de ser seleccionado en un “test de recursos”— y la imposibilidad, en las condiciones actuales, de llegar a niveles de pleno empleo que garanticen una cobertura de ingresos derivados del salario a toda la población, hacen aún más necesaria la opción por una política de sostenimiento de los ingresos del tipo propuesto.

Resolvería el problema estructural de amplias sectores de la población que no pueden sostenerse en condiciones de vida mínimas por no encontrar ningún trabajo remunerado, ya que el curso del sistema de acumulación imperante va en la dirección de la destrucción de empleos y no en su creación. El no generar empleo para el conjunto de la comunidad hace que las perspectivas de supervivencia de amplias capas de la población se vuelvan casi imposibles. Y si no hay perspectivas de supervivencia menos aún podemos esperar que las personas puedan educarse, desarrollar sus capacidades dentro del estrecho marco de una sociedad capitalista. Por ello creemos que es necesario la implementación de una política de sostenimiento de los ingresos como programa de transición.

Una política de “sostenimiento universal de los ingresos” permitiría romper el marco de dominación existente bajo las políticas de “planes de empleo” focalizados. Si un sujeto se ve atado por sus necesidades a la voluntad política del político o el funcionario, a través de sus punteros, se aliena como ser político. Si el Hombre en la sociedad capitalista se ve alienado de su ser social por el modo de producción, se ve “alienado” de su ser cultural, en tanto su identidad nacional está bajo el dominio de una oligarquía servil del capital foráneo; la sociedad política le es vedada en tanto su ser político es apropiado por la casta parasitaria de la burocracia política que representa al capital foráneo.

Entonces, ¿por qué es el IC una salida a esa situación? Porque si los trabajadores excluidos —y los incluidos para quienes también aumentaría su autonomía relativa— del sistema de producción pudieran acceder a un ingreso que posibilitara sostener sus condiciones de vida, podrían actuar en la esfera política con indiferencia de sus necesidades primarias, permitiéndoles en primera instancia evadir la situación de dominación directa derivada de las políticas clientelares, dejando de ser cliente del patrón y pasando a ser un actor político, a ser ciudadano de pleno derecho. La liberación de sus capacidades individuales y colectivas le permitirá desarrollar sus capacidades políticas, dedicar tiempo a participar en su comunidad, en su barrio, quizás en un partido. El proceso de toma de conciencia política no es un acto reflejo producto de una situación de clase, sino que es, por el contrario, una actividad social que desarrollan un conjunto de individuos que solidariamente emprenden ese proceso de toma de conciencia, una toma de conciencia que significa liberarse.

Para nosotros no hay esferas diferentes de ciudadanía. Para nosotros no es posible la República en donde existe la ciudadanía política pero millones carecen de ciudadanía social. Entendemos al sujeto de ciudadanía como un ser indivisible, y a la vez inalienable. La concepción republicana-liberal que supone la existencia de tres esferas de ciudadanía es una pantalla que oculta, bajo el discurso de la progresividad del desarrollo de cada esfera, las forma de dominación inscripta en las relaciones de patronazgo, en las relaciones de empleo. Marx, quien es heredero de la tradición de 1789, expresó muy claramente el sentido antirepublicano de la sociedad capitalista al señalar que  “[…] el hombre que no dispone de más propiedad que su fuerza de trabajo, tiene que ser, necesariamente, en todo estado social y de civilización, esclavo de otros hombres […]” (K. Marx, Crítica del Programa de Gotha, versión electrónica).

Notas

[1.] Marx, Karl; Manuscritos: economía y filosofía, Alianza Editorial, Madrid, 1968, n. i, pág. 66.

[2.] La definición es de uso común, la tomamos de un artículo de Daniel Raventos.

[3.] Laura Pautasi, “¿Primero… las damas? La situación de la mujer frente a la propuesta del ingreso ciudadano?”, Contra la exclusión: la propuesta del ingreso ciudadano, CIEPP - Editorial Miño y Dávila, Buenos Aires, 19952da.

[4.] Marx, Karl; Manuscritos: economía y filosofía, Alianza Editorial, Madrid, 1968, pág. 59.

[5.] “(…) que los pobres tengan muchos hijos no es un indicador de que quieran tenerlos, sino de que tienen bloqueado el acceso a la salud reproductiva. Esto determina asimismo, el «fenómeno de la reproducción intergeneracional de la pobreza», por el cual los pobres tienen muchos hijos en períodos cortos, sin servicios de salud, todo lo cual determina que al hijo de un pobre le sea muy difícil emerger de la situación de pobreza. Cita de Laura Pautasi, “¿Primero… las damas? La situación de la mujer frente a la propuesta del ingreso ciudadano?”, Contra la exclusión: la propuesta del ingreso ciudadano, CIEPP - Editorial Miño y Dávila, Buenos Aires, 19952da. Pautasi lo toma de Torrado, Susana; Estratificación social, dinámica demográfica e informalización. La experiencia argentina. Valencia, trabajo presentado en Jornadas de Demografía Urbana y Regional, 29-30 junio.

 
En esta edicion
OSVALDO CALELLO | Como era previsible el juez Canicoba Corral convalidó el dictamen de los fiscales en el caso de la AMIA y ordenó la detención de ocho altos ex funcionarios de la República Islámica de Irán, algunos en ejercicio de cargos públicos aún, y de un dirigente de la organización libanesa Hezbollah.
HONORIO A. DÍAZ | Con un mesurado estilo posmoderno la editorial Capital Intelectual está ofreciendo la “Colección Fundadores de la Izquierda Argentina.” Aquí el pensamiento débil se torna raquítico y la modernidad líquida se evapora. No se sabe bien si con ironía o con sarcasmo la publicidad proclama la primera unidad de la izquierda que, en este caso, se limita a una ligazón meramente bibliográfica.
NAZARENO L. FURGUELLE | Un día como hoy, 30 de setiembre, pero en 1974, se promulga la ley 20.840 de Seguridad Nacional, que en su artículo 1º reprime las actividades políticas que alteren o supriman «el orden institucional y la paz social de la nación, por vías no establecidas por la Constitución Nacional y las disposiciones legales que organizan la vida política, económica y social de  la Nación».
Osvaldo Calello
JUAN MANUEL LUCAS TOHME
RICARDO GORDILLO
NAZARENO L. FURGUELLE
Osvaldo Calello
PABLO RIVERA
MARIELA GARCIA
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OSVALDO CALELLO
HONORIO DÍAZ
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