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CORONEL DORREGO | Artículo cargado el 15 de julio de 2006

Parsifal, Betinotti y los Cuatro Locos...

Alberto Aparicio

 
     
 

Parsifal, es el nombre de una ópera de Wagner, tiene textos, música, drama, en definitiva todo lo que una ópera guarda en sí misma, pero es también el fin de una forma de canto, esa característica estereotipada y épica del canto operístico alemán que se inclina al ocaso, que marcha al olvido para dejar paso a otras formas estéticas. A formas melódicas distintas, hacia otros rumbos expresivos como si una cuerda se rompiera definitivamente para dejar lugar a otros visos del canto, que guardará su esencia pero caminará sin retorno a otro proceder expresivo más abierto al conocimiento del hombre común, sin que por ello pierda la esencia de un canto con mensaje: una cuerda rota, una voz quebrada que marcaban la llegada de otros soñadores.

El hombre, reafinó la guitarra con la mirada perdida tras un horizonte de recuerdos, las voces de Curlando y Gabino lo saludaban desde el aire con una mueca de ausencia definitiva, entonces ocurrió… la cuarta —aunque entorchada— no soportó el cimbrón y con un estallido seco sonó argentosa y jovial como un adiós que guardara la inocencia del regreso trunco: “¿Se te ha cortado una cuerda..?” dijo una voz contigua desde el escaparate de un toilette en el cuarto vecino, José repuso: “...no mujer, es mi alma”[1]

Betinotti, el ultimo payador había muerto… ya no eran necesarios los cronistas que improvisaban desde el canto la noticia o el comentario más saliente de un hecho destacado o puntual… —¿Quién podía retener, guardar en su memoria, aprehender, o reelaborar esos versos repentinos, robados en un instante al aire o a “las musas”, con sólo presenciar un contrapunto entre dos payadores…?

El canto de los decimistas con marco de guitarras, —que improvisaban por milonga o cifra los comentarios sobre la noticia descollante de la semana o el mes— iba a pasar de este modo a ser sólo una artesanía, si se quiere, una muestra ingeniosa de habilidad y consonancia, a la que —no obstante— le faltaría ahora la novedosa contundencia de suplir al periódico, al semanario de actualidad o al comentario de las comadres. Los cronicones payadoriles ya no volverían a concitar miles de espectadores como en el café o el circo. Los primeros 20 años del siglo traían la música del fonógrafo, el disco llegaba a la Buenos Aires “Tierra del Plata”, los terratenientes seguirían tirando manteca al techo en las ubérrimas márgenes de la pampa húmeda, que por supuesto terminaban en París junto al modelo de “…cualquier bonne vivant que se precie de argentino…”[2]

La grabación de temas musicales con marco instrumental y voz, marcó la imperiosa necesidad de adaptarse a una duración que dependía de la técnica de grabación y del tamaño del acetato o la pasta del disco, (casi nunca mayor a tres minutos). En ese escaso margen de tiempo no era posible desarrollar un tema con pelos y señales. Aun en la alternancia de opiniones, se necesitaban más de 15 minutos para cerrar la crónica dejando constancia —en el cierre a media letra— de una postura crítica que cada uno de los contendores asumían y firmaban: “…y aunque duela a quien le duela/ con el pensar en la voz /así lo sienten Curlando/ y Gabino el payador…”[3]

Una canción de formato convencional (2 minutos, 30 segundos), podía, a diferencia del canto payadoril, ser oída varias veces mediante el registro fonográfico, podía recordarse y ser memorizado su texto, reinterpretado su contenido… En fin, el avance sobre experiencias anteriores era notable, todo servía de marco, de esplendoroso camino de entrada para el nuevo invento que llevaría voces, noticias, canciones y “jugosos consejos comerciales” a todas las casas… La radio iniciaba su pisada hacia el glamoroso desafío de entrar hasta lo impensado no sólo en el alma de los pudientes, —donde era una “moda Chic”—, sino también en el oído y el alma popular.

Aquel rumboso 1915 era el preludio: desde entonces a Enrique Susini, Miguel Mujica, César Guerrico y Luis Romero, sus vecinos, amigos, y la gente que los “auscultaba” como “portadores de una extraña enfermedad” los llamaban los locos de la azotea…!

Guillermo Marconi

En las terrazas de sus casas, armadas sobre los techos como extraños monstruos de hierro alambre y cables, las antenas, formaban parte de ese planeta extraño que los convocaba desde la tecnología y el ingenio criollo para radioaficionarse hasta con cierto fanatismo, a la ola creciente de cultores de la radio, que —a la postre— los transformaría en pioneros de la radiodifusión en la Argentina de la primera mitad del siglo XX. Había sido en 1910, cuando el mismísimo Guillermo Marconi había visitado a Susini y merced a esta experiencia los amigos, —entusiastas del invento del italiano— habían comenzado su derrotero hacia la noche del 27 de agosto de 1920 cuando se convocaron con el fin de transmitir —para unos pocos adelantados que contaban con receptores aptos—, la función en directo de la ópera “Parsifal” que se estrenaba en el Teatro Coliseo. Inauguraron pues, de esta forma, la primera emisora Argentina de Radiodifusión: L.O.R., Radio Argentina de Buenos Aires. La carrera por el predominio del éter no se demoró y dos años después surcaron el aire las palabras y tandas comerciales de LOX Radio Cultura, la primera emisora comercial (o sea con más de trescientos anuncios), que era abonada por “los anunciantes y firmas comerciales que confiaban en la nueva empresa”[4]

Este es el comienzo de la historia, unos años después Susini y sus amigos vendieron “Radio Argentina” y crearon RADIAR dedicándose a las comunicaciones de larga distancia, y hacia 1930 vendieron aquella compañía, obteniendo en pago 200 millones de dólares con los que construyeron los estudios LUMITON, la “Hollywood” argentina, pionera del cine nacional y matriz generadora del 7° arte criollo, que ganó los cuatro rumbos de América Hispana, asegurando la difusión del arte del celuloide en todo el continente. Demás está decir que el rumbo de los cuatro locos, pese a disímiles caminos, deparó a todos ventura y elevación artística: Sussini fue médico especialista en Otorrinolaringología, profesor de canto y violín, Director de Cine y Director del Teatro Colón. Su sobrino, Manuel Mujica, fue ministro de comunicaciones durante la presidencia de Arturo Frondizi en 1958. Luis Romero Carranza tuvo una vida dedicada al cine y fundó la primera productora de celuloide para cinematografía en blanco y negro, y más tarde, para cinecolor, en el período de despegue de la industria nacional en el ciclo 1946-55, durante el gobierno del Gral. Perón. Más tarde, será parte de la Ferrania Color junto a Ferrán y otros pioneros, derrotando las multinacionales y sus monopolios (Kodak-Gevaert), y después del ocaso y los desaguisados de Alsogaray y Krieguer Vasena, terminará por caer en manos de la multinacional alemana que, no obstante la adopción de la fórmula y distribución de la línea foto, aun conserva su nombre: Ferrania Color Argentina. Cesar Guerrico fue fundador y artífice de Radio Splendid de Bs As, hacedor de grandes títulos de la radiofonía argentina, y especialmente dentro del radioteatro, tema del cual esta nota es preludio. En nuestra próxima nota abordaremos detalles del radioteatro, sus caracteres y a qué intereses sirvieron, más allá de la apariencia.

Notas:

[1] Homero Manzi: “El último payador” (del guión cinematográfico homónimo)
[2] Pedro Sauville, La París de Güiraldes, Cap. 4 pag 25, Editorial Hachette. 1957
[3] Payada de contrapunto Gabino Ezeiza-José Curlando. Café “El Ateneo” de Palermo, Junio 14 1916, de la copia taquigráfica realizada por Silverio Manco para los cuedernillos “De hacha y Tiza” Edit. Caymi, Bs As, 1932
[4] Palabras de apertura 21 de Julio de 1922, Radio Cultura de Bs As. LOX, Capital Federal
 
En esta edicion
OSVALDO CALELLO | Como era previsible el juez Canicoba Corral convalidó el dictamen de los fiscales en el caso de la AMIA y ordenó la detención de ocho altos ex funcionarios de la República Islámica de Irán, algunos en ejercicio de cargos públicos aún, y de un dirigente de la organización libanesa Hezbollah.
HONORIO A. DÍAZ | Con un mesurado estilo posmoderno la editorial Capital Intelectual está ofreciendo la “Colección Fundadores de la Izquierda Argentina.” Aquí el pensamiento débil se torna raquítico y la modernidad líquida se evapora. No se sabe bien si con ironía o con sarcasmo la publicidad proclama la primera unidad de la izquierda que, en este caso, se limita a una ligazón meramente bibliográfica.
NAZARENO L. FURGUELLE | Un día como hoy, 30 de setiembre, pero en 1974, se promulga la ley 20.840 de Seguridad Nacional, que en su artículo 1º reprime las actividades políticas que alteren o supriman «el orden institucional y la paz social de la nación, por vías no establecidas por la Constitución Nacional y las disposiciones legales que organizan la vida política, económica y social de  la Nación».
Osvaldo Calello
JUAN MANUEL LUCAS TOHME
RICARDO GORDILLO
NAZARENO L. FURGUELLE
Osvaldo Calello
PABLO RIVERA
MARIELA GARCIA
JOAQUÍN FONT
OSVALDO CALELLO
HONORIO DÍAZ
JUAN MANUEL LUCAS TOHME
DANIEL YÉPEZ
OSVALDO CALELLO
NAZARENO L. FURGUELLE
GUSTAVO CANGIANO
RICARDO GORDILLO
OSVALDO CALELLO
 
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