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Coronel Dorrego | Artículo cargado el 15 de julio de 2006

Instantáneas

Manuel Juan

 
     
 

Prima noctes

La pupila abierta devora el horizonte.

Manos callosas de nudos y cuerdas se entrecruzan en una forma indescriptible. La oscuridad carcome el mar que fluye sereno, como un dios con visos de locura.

Noche… calor… fiebre de días en espera vana.

Abajo, todos duermen: el sol del día quema fuerte en estas latitudes; la mente evoca anchas y voluptuosas mujeres, colores propios, sabores de aquello tan lejano y querido que se ha dejado atrás.

no habremos de tornar

El silencio es un interrogante vacío en el cielo: estrellas que se cruzan en puntos de luz indescriptibles. No hay norte ni sur en las latitudes de un calor que aturde, como la imagen de la isla de San Brandán y los mil tentáculos del pulpo gigante, o la noción asfixiante de ese mar caliente y definitivo que se sabe tan cercano.

padre nuestro que estás en los cielos…

Una mano se santigua en un gesto nada heroico, pero sí necesario. La noche devora los rastros de un dios lejano.

¿Y ahora?

Negro sobre negro de la noche. Una lengua oscura que pinta el horizonte de miedo.

¿El diablo, la muerte, el fin del mundo?

Y ahí está, enfrente suyo: poblado de hechiceros y mujeres ataviadas con ámbar, plata y perlas. Guerreros feroces corren por sus costas y el Gran Khan contempla al sol desde un pedestal cósmico.

por el Rey! Por Castilla y por Aragón!

Consternado, Rodrigo de Triana grita tierra.

El doblón en el mástil está manchado de sal y viento.

Presagios I

Es noche cerrada.

Los nombres de las cosas rondan alrededor del sueño. Una luna llena se mece suavemente sobre los árboles, como una canción triste.

Todo duerme.

De pronto, los ojos se abren, la asfixia se presiente, el hombre se incorpora otra vez en plena noche. El miedo muerde cada uno de sus músculos.

Él sabe bien que desde la huida de Aztlán, desde el asentamiento en el lago Texcoco y la caza de serpientes y alacranes, Huitzilopochtli los ha acompañado: los ha acompañado sobre otros pueblos, sobre Tlaxcaltecas y Zapotecas. Los ha acompañado sobre el auga, el sol, el aire, la tierra, sobre las estrellas.

Pero ahora sueña con Quetzalcóatl: el mítico, el único, el que de un grito borra el horizonte, el poderoso, aquel que puede doblegar a Tlalteuctli y a los pájaros, el que sostiene los pies de Ometehutli, el creador.

Respira hondo en la noche estrellada y mira la ciudad: canales, templos, movimientos de trajinar místico.

Tenochtitlán. Texcoco. Tlatelolco. Mexica en el antiguo lago. Sabor a cacao amargo  en la noche despejada y fresca, plumas de pájaros multicolores, flores rojas y el encanto del aire.

Desde las alturas, Moctezuma tiene malos presagios.

Desencuentros I

Los ojos alucinados observan la cruz y la espada.

Los labios murmuran sílabas que se pierden en la arena caliente que pisan los recién llegados. Un hombre de pelo largo escupe al viento, maldiciendo al calor que lo enloquece.

Palabras de dos dioses: uno que castiga, y otro que crea la mandioca y el agua que canta en los ríos.

Vicente!

Las bocas azoradas y pequeñas detallan caribes y canoas, en tanto un hombre brillante prueba en hebreo y latín.

¿En qué fablan?

Las naves, a dos palmos de la costa, relumbran sus caderas de madera zarandeándose mansamente, como una indecisión.

Los pájaros respiran en el cielo lluvioso. Los ojos de los recién llegados observan la tierra, el mar, las plantas y los otros hombres con unos ojos dignos de revelación divina. Alguien arrastra un arnés. El hombre brillante prueba ahora el arameo.

Finalmente el Almirante, vencido y sudoroso, pregunta:

¿Dónde está el oro?

Los otros ojos no entienden ni la palabra, ni la brillantez extraña en sus ojos…

 
En esta edicion
OSVALDO CALELLO | Como era previsible el juez Canicoba Corral convalidó el dictamen de los fiscales en el caso de la AMIA y ordenó la detención de ocho altos ex funcionarios de la República Islámica de Irán, algunos en ejercicio de cargos públicos aún, y de un dirigente de la organización libanesa Hezbollah.
HONORIO A. DÍAZ | Con un mesurado estilo posmoderno la editorial Capital Intelectual está ofreciendo la “Colección Fundadores de la Izquierda Argentina.” Aquí el pensamiento débil se torna raquítico y la modernidad líquida se evapora. No se sabe bien si con ironía o con sarcasmo la publicidad proclama la primera unidad de la izquierda que, en este caso, se limita a una ligazón meramente bibliográfica.
NAZARENO L. FURGUELLE | Un día como hoy, 30 de setiembre, pero en 1974, se promulga la ley 20.840 de Seguridad Nacional, que en su artículo 1º reprime las actividades políticas que alteren o supriman «el orden institucional y la paz social de la nación, por vías no establecidas por la Constitución Nacional y las disposiciones legales que organizan la vida política, económica y social de  la Nación».
Osvaldo Calello
JUAN MANUEL LUCAS TOHME
RICARDO GORDILLO
NAZARENO L. FURGUELLE
Osvaldo Calello
PABLO RIVERA
MARIELA GARCIA
JOAQUÍN FONT
OSVALDO CALELLO
HONORIO DÍAZ
JUAN MANUEL LUCAS TOHME
DANIEL YÉPEZ
OSVALDO CALELLO
NAZARENO L. FURGUELLE
GUSTAVO CANGIANO
RICARDO GORDILLO
OSVALDO CALELLO
 
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