• AMÉRICA LATINA / ARGENTINA
  • Artículo de diciembre de 2004

Mientras el salario continúa deprimido crece la concentración del ingreso
Las falacias del modelo kirchenrista

RICARDO GORDILLO

 

Cara : la economia del pais crece

Los datos de agosto contra el mismo mes de 2003 indicaron que la economía crecio un 8,8% en relación al mismo mes de 2003. Este dato le dio aire al ministro Lavagna para elevar una vez más la proyección de crecimiento asegurando que el Producto Bruto Interno (PBI) aumentará el 7% en todo el año, muy arriba de la estimación del 4% que inicialmente tenía en enero. El INDEC informó que el EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica, que funciona como un adelanto de la evolución trimestral del PBI -conjunto de bienes y servicios que se producen en el país-) ya acumula una suba de 8,6% en los primeros ocho meses del año. La mayoría de los estudios económicos establecen como muy probable que el PBI del 2004 se acerque al 8%. En el 2003, la economía tuvo una suba récord del 8,7%. Esto fue confirmado por el Banco Central (informe que presentó Martín Redrado ante el Senado) al sostener que este crecimiento a ritmo sostenido está mostrando que el PBI terminará cerrando el año con un crecimiento para 2004 muy cercano al 8%, pronóstico que fue dado hace tres meses (cuando parecía que la actividad se amesetaba) por el ex titular del Banco Central, Alfonso Prat-Gay. Pero el nuevo jefe del BCRA fue más allá. Supone que por efecto del "arrastre estadístico" el 2005 ya se está asegurando un crecimiento cercano a 1,6%, calculando que el año próximo el PBI tiene altas chances de crecer no menos del 5%.

Ceca: ¿quién se queda con el crecimiento?

Lo manifestado arriba brevemente es claro: la torta se agranda. Sin embargo el reparto no mejora. Se repite el mismo fenomeno que se dio durante los primeros años del menemismo. Mientras los números muestran que la economía sigue creciendo a una tasa elevada, los propios datos oficiales señalan también una persistente desigualdad a la hora de repartir los beneficios de ese crecimiento.

La participación de los trabajadores en el PBI toma en cuenta los salarios e ingresos de los trabajadores y cuentapropistas ocupados, tanto en blanco como en negro, con relación al tamaño de la economía. Los datos del INDEC señalan que entre 1974 y 2003 el 40% más pobre perdió 31% del ingreso nacional, el 40% medio redujo su participación en 10% y el 20% más rico ganó 22%. Lejos (no solo en años) están los días de gloria (para los trabajadores) cuando su mayor nivel de participación en el PBI se registró entre 1946-49, durante la primera presidencia de Juan Perón, cuando orilló el 50%. Desde entonces, con altibajos, fue declinando en forma persistente, con desplomes muy pronunciados durante los momentos de crisis, como en 1975 con el Rodrigazo; 1989/1990 con la hiperinflación; 1995 con el Tequila, y 2001-2002 con la devaluación.

Hoy, el nivel de producción de la Argentina se acerca a los niveles anteriores a la recesión iniciada en 1998. Sin embargo (como lo mostró Redrado en su exposición en el Senado) la masa salarial equivale hoy al 29% del PBI, luego de llegar a un piso del 28% en 2002, pero lejos del 37% alcanzado en 2001.

La deducción es sencilla: hoy los trabajadores reciben 7 puntos del PBI menos que en 2001. Como el PBI anual hoy es de 430.000 millones de pesos, un simple calculo nos da una pérdida relativa de ingresos por año por parte de los trabajadores del orden de los 30.000 millones de pesos (10.000 millones de dólares) que pasaron a manos de los que más tienen.

Como conclusión: la distribución de la riqueza en la Argentina sigue siendo regresiva.

Desde la devaluación, los costos laborales bajaron en un 50%, lo que demuestra que el crecimiento aún refleja iniquidades; este proceso reconoce dos etapas: Durante 2002, la caída se debió a que tanto los salarios como la cantidad de gente ocupada se deterioraron en mayor proporción que el desplome de la economía. Así la "torta" se achicó, pero en mayor medida afectó a los trabajadores. Desde 2003 hubo un fuerte repunte económico a tasas anuales del orden del 9%. Aunque en términos relativos la gente ocupada aumentó al mismo ritmo del PBI, los salarios reales crecieron menos. Entonces, la "torta" se agrandó, pero la porción o proporción que recibieron los asalariados fue más pequeña. Es decir, solo migajas. Esto nos muestra claramente que no solo el costo de la crisis las pagan los sectores populares, sino que estas representan de hecho oportunidades para que las clases dominantes aumenten leoninamente sus porcentajes de distribucion en la torta.

Otro aspecto importante, señalado en el informe del Banco Central, es que desde 2001 los costos salariales por unidad de producción se redujeron a casi la mitad. Esto se debió a varios factores combinados: Los precios industriales se duplicaron mientras que el salario promedio aumentó la mitad. Así, bajó el costo salarial industrial con relación al valor de la producción. Más acentuada fue la brecha entre las actividades vinculadas a la exportación, por el aumento del dólar. La productividad laboral se incrementó porque cada obrero ocupado produjo más que en los años anteriores. Entonces, con un costo salarial más bajo se produjo más, reduciendo el costo laboral por cada unidad producida.

Esta situación sigue sin variar, a pesar de que en dos años se habrá acumulado un crecimiento del 17,5%, porque los salarios reales dejaron de crecer durante el segundo trimestre y parte del tercero, debido a una menor suba de los salarios nominales junto con mayores incrementos en el nivel de precios. El reciente trabajo del Instituto de Estudios y Formación (IDEF) de la CTA, que dirige el diputado "transversal" Claudio Lozano confirma el deterioro distributivo registrado en lo que va del año, aun incorporando el efecto del incremento de las jubilaciones y pensiones.

¿Y el "derrame"? : bien, gracias

La contracara fueron las ganancias de las 100 empresas que más facturaron durante ese período, que alcanzó un promedio de casi el 48 %. La expansión de la economía, que acumula dos años ininterrumpidos, vuelve a demostrar que la "teoría del derrame" es solo una ¿buena? intención que no se refleja en la realidad. El término Belindia, que aún sirve para describir a Brasil con un sur con niveles de vida similares a Bélgica y un norte como la India, también se está instalando en la Argentina.

Una nota reciente de Clarín es ilustrativa al respecto: "Cuando el país comenzó a normalizarse, lo primero que se estabilizó es la parte de mejores ingresos.

Basta ver los números de negocios que estaban casi desahuciados como Freddo o Musimundo que no sólo recuperaron ventas. También, empleados y management", señala a Clarín el experto Fernando Moiguer. Empresas como Chandon, con un portafolio más pequeño, razonan parecido: "Relanzamos Baron B para el segmento de mayor poder adquisitivo", dijo su presidenta Margareth Henriquez. Surgió para las grandes empresas la existencia de un consumo polarizado: productos para ricos y para pobres con la misma marca. Un grupo de compañías (entre las que se cuentan Arcor, Unilever, Coca Cola, bajo la tutela del IAE de la Universidad Austral) se congregó para analizar qué pasa y cómo venderles... a los que no tienen plata. "Es central en un país con la mitad de la población considerada pobre", dijo Luis Castro de Unilever al explicar una canasta de productos con versiones para todos los bolsillos. Castro apunta que entre el 10% más rico y el 10% más pobre hay cada vez una distancia mayor.

Coca Cola definió al consumidor argentino de los años 90 como "probador", alguien que adquiría primeras marcas en un país que se consideraba primer mundo.

Pero en 2001 se transformó en un nuevo pobre, de acuerdo a su titular James Quincey. "Se desenvuelve en un país fragmentado, es selectivo, compra segundas marcas", contó. Coca se dio una estrategia para llegar a ese público y desempolvó los envases retornables, un hábito que Argentina había abandonado en los 90 y que hoy representa el 30% del negocio de esta gigante de las gaseosas. Por lo que ellos mismos denominan polarización económica y social se ocupan de atender todos los frentes. Así, hay una Coca de envase plateado con la que se puede participar en una promoción de un auto de lujo y envases retornables o segundas marcas como Tai para la población de menores ingresos.

Pero no toda son malas noticias; los trabajadores recibieron algunas migajas pues tras la devaluación sí creció la cantidad de empleos, según indicó otro trabajo, elaborado por el Centro de Estudios Bonaerense (CEB, que orienta el ex secretario de Industria, Dante Sica). "En los últimos seis trimestres la economía generó más de un millón de puestos de trabajo a jornada completa. Esto permitió absorber medio millón de desocupados, cerca de 200.000 subocupados y casi 300.000 nuevos ingresantes al mercado de trabajo". Al menos (algunos) trabajadores tienen la dignidad del trabajo

 
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