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Ante la sangienta invasión a Irak perpetrada por los imperialistas angloyanquis, no se puede ser neutral. Los trabajadores y pueblos oprimidos del mundo entero deben acompañar desde la retaguardia la heroica resistencia de los patriotas irakíes. El “conservador compasivo” Bush y el socialdemócrata Blair se lanzan sobre Irak no sólo para apropiarse del petróleo. Buscan, además, aterrorizar al mundo entero con su maquinaria bélica y ya están anunciando que si ayer fue Afganistán y hoy es Irak, mañana el blanco apuntará a Corea del Norte, Irán o Colombia, y que no se detendrán hasta llegar a los confines de Asia, donde esperan una batalla final contra China. Es el nuevo orden imperialista que pretende un siglo de hegemonía norteamericana impuesto a sangre y fuego.
Hay que pararlos. Hay que responder al fuego de los misiles con el fuego purificador de la concientización colectiva y la movilización de masas. Hay que batallar en todos los terrenos, desde el ideológico hasta el militar.
En vísperas de las elecciones del 27 de abril, la partidocracia que arruinó la Argentina en los últimos 20 años y pretende perpetuarse en el poder, ha dado muestras una vez más, a propósito de la invasión a Irak, de su servilismo e hipocresía. Salvo Carlos Menem, que proclama abiertamente su alineamiento con el imperialismo angloyanqui, el resto de los candidatos partidocráticos oculta ese mismo alineamiento haciendo llamados vacíos a la paz y al respeto de las resoluciones de Naciones Unidas. El propósito es obvio: congraciarse con el masivo repudio popular a la agresión anglonorteamericana sin afectar las “buenas relaciones” con el amo del Norte. Si el gobierno de Duhalde quisiera ser neutral, debería empezar por restablecer las relaciones diplomáticas con Irak, del mismo modo que las mantiene con los yanquis y los británicos, y debería dejar de llamar “dictador genocida” al presidente legítimo de los irakíes, del mismo modo que se cuida de no herir la susceptibilidad de Bush diciendo lo evidente: que es un criminal de guerra y un fascista que debería ser apresado por la justicia internacional, si es que ésta existiera. Ni Elisa Carrió, ni Adolfo Rodríguez Saa, escapan a la miserabilidad política, intelectual y moral del conjunto de los políticos partidocráticos.
La primera, renunciando a alinearse abiertamente con Bush sólo para adherir a las posturas del imperialismo francés y alemán, cuyo humanismo y pacifismo se limita a perseguir una tajada propia en el programado saqueo de las riquezas irakíes. “El Adolfo”, diciendo que no hará lo que nadie le pide que haga –enviar tropas de nuestro descuanjeringado ejército al Golfo-, pero cuidándose de hacer o decir lo que debería. Por ejemplo: que un gobierno del movimiento nacional y popular no puede mantenerse neutral cuando un país oprimido del Tercer Mundo es agredido por una potencia terrorista.
Los imperialistas llaman “liberación” a la invasión de Irak. Se proclaman amigos de los irakíes, al tiempo que los bombardean día y noche. Presumen de combatir al terrorismo, mientras implantan el terror a una escala jamás vista. Denunciando fantasmales armas de destrucción masiva que no aparecen por ningún lado, descargan las suyas propias sobre mujeres, niños y ancianos indefensos. Un presidente surgido del fraude electoral más escandaloso, llama “dictador” a un presidente legal y legítimo de un país soberano. No son los irakíes los que están a un paso de la Casa Blanca amenazando con asesinar a Bush, sino que son los norteamericanos los que marchan sobre Bagdad para cometer un magnicidio. Y para conseguir sus propósitos, siempre invocando la libertad y la democracia, censuran a la prensa, reprimen a sus propios ciudadanos pacifistas y amenazan con sancionar a los países que no acompañen su aventura genocida.
Los imperialistas constituyen el enemigo número uno de la humanidad. Son el verdadero Eje del Mal, al que hay que destruir en defensa de la paz, del futuro y de la vida.
VIVA LA RESISTENCIA PATRIOTICA DEL PUEBLO Y EL GOBIERNO IRAKIES
ABAJO EL IMPERIALISMO ANGLOYANQUI
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