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Recientemente se ha conocido el último libro de Juan José Sebreli dedicado a la Crítica de las ideas políticas argentinas. Era difícil suponer que el autor llegase a peldaños más bajos aún en la degradación de su pensamiento, pero no imposible. La obra expresa un nuevo y verdadero retroceso que la ubica como una de las expresiones más reaccionarias de su vasta producción.
Para dar ejemplos salientes puede mencionarse que, para Sebreli, la victoria radical de 1916 fue un resultado electoral lamentable pues puso término a las progresistas reformas que venía implementando el liberalismo conservador. Por su parte Perón se vio obligado a volcarse a los obreros en 1946 (más allá de sus propios deseos) debido a la estúpida oposición que le presentó la Sociedad Rural, la Unión Industrial y la Cámara de Comercio.
Como si esta concepción de los movimientos populares del siglo XX resultase insuficiente para acreditar el retroceso del autor, puede agregarse que le asigna un papel progresista al alfonsinismo y al menemismo, que permitieron lograr una democratización de la sociedad argentina y de los grandes partidos políticos hasta que los sucesos finales del 2001 quebraron tristemente el acertado emprendimiento.
Debe celebrarse que Alfonsín no haya sido un Yrigoyen y que Menem no fuese un Perón, pues de ese modo ganó la democracia que puso término a un tipo de liderazgo anacrónico.
Pese a la amplia difusión que se le imprimió a la publicación, se trata de un libro que no resulta merecedor de un análisis detenido. Pero "En Lucha" no puede omitir las mentiras preferidas por Sebreli con relación a la Izquierda Nacional, en medio de un panorama plagado de tergiversaciones.
No es verdad que la categoría de bonapartismo aplicada al peronismo fuese extraída de Carlos Marx (El 18 brumario) Aurelio Narvaja en Frente Obrero y Jorge A. Ramos en América Latina un país (1949) aplicaron al peronismo esa categoría tomada de las tesis de León Trostky destinadas a caracterizar los movimientos nacionales de los países atrasados en su enfrentamiento con el imperialismo.
Sacando de contexto citas de J.J. Hernández Arregui, el autor pretende demostrar que no existe diferencia alguna entre el nacionalismo de derecha y el nacionalismo de izquierda. Según él la propuesta de la izquierda nacional se emparentan con el corporativismo reaccionario haciendo en los hechos “fascismo sin saberlo y sin quererlo” . La fobia de Sebreli al nacionalismo carece de parangón. En cada de una sus múltiples manifestaciones encuentra rasgos fascistas. Se trata de un odio simétrico a su amor las más recientes manifestaciones republicanas del alfonsinismo y del menemismo.
Sebreli ha cambiado mucho con los años y la prédica de la libertad que expresa su nombre se ha modificado sucesivamente hasta llegar a su inversión total.
El joven que a mediados de la década del cincuenta se acercaba a Ramos y a Puiggrós buscando una interpretación del peronismo desde la izquierda, ahora se ha puesto al servicio de la reacción procurando, desde la derecha, defender a la partidocracia y a su “democráticIa”, es decir que se ha convertido en un encendido sostenedor de la antomía y de la fisiología de la opresión. Esa es su celda actual y desde ella convoca a sus seguidores al cautiverio.
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