AMERÍCA LATINA / BRASIL | Artículo de octubre de 2002
Lula «paz y amor» cerca del cielo
Fuente: brecha de montevideo
 

Gustavo Codas,
Corresponsal del semanario uruguayo «Brecha» en San Pablo, 27-9-02

El nuevo Lula

Fue el propio candidato del Partido dos Trabalhadores (PT) quien, semanas atrás, autodefinió su capaña como «Lulinha paz y amor». Ahora, requerido por la prensa, respondió que no atacará a los otros candidatos, que le lanzan gruesos dardos: desde haber traicionado a su base social hasta realizar acuerdos secretos con la banca.

En esta campaña surgió una faceta más del «nuevo» Lula. Tal vez la más llamativa haya sido la contratación del publicitario Duda Mendonça, cuya fama se forjó cuando en 1992 consiguió rehabilitar a un recalcitrante político derechista, acusado por corrupción, Paulo Maluf, derrotando al pt en las elecciones municipales de San Pablo.

Pero no terminaron ahí las sorpresas. En un lance osado, Lula ungió a un gran empresario textil, senador del Partido Liberal, como candidato a vicepresidente. El grueso de la bancada de diputados liberales, vinculados a las iglesias evangélicas —que en las elecciones presidenciales de 1989 hicieron campaña contra Lula afirmando literalmente que era la encarnación del diablo en la tierra—, también se pasaron a las filas petistas. El ex dirigente obrero obtuvo también apoyos de políticos de centro: el senador y ex presidente José Sarney (1985-1989), el ex gobernador de San Pablo (1986-1990) hoy candidato a senador Orestes Quercia, y el ex presidente (1992-94) y actual gobernador de Minas Gerais Itamar Franco. Algunos grandes empresarios se sumaron a su campaña (véase recuadro). Más allá de intereses electorales, hay entre todos ellos un hilo conductor que permitió tales alianzas: una crítica al actual modelo económico y un cierto nacionalismo.

Pero Lula hizo también gestos fuertes hacia el centro. Frente a los intentos de vincular la turbulencia económica del país a su crecimiento electoral, a mediados de año lanzó su «Carta al pueblo brasileño», en la que prometía explícitamente no romper compromisos de pago de deuda externa contraídos por el actual gobierno (el documento fue bautizado maliciosamente por sectores de la izquierda del PT de «Carta a los banqueros»). Y cuando el gobierno de Fernando Henrique Cardoso firmó un leonino acuerdo con el fmi para «calmar al mercado», Lula se entrevistó con el presidente para afirmar que mantendrá lo acordado. Al visitar instituciones empresariales (Bolsa de Valores, Federación de Bancos) el candidato del PT constituyó grupos de trabajo conjuntos, entre su asesoría y la de esas instituciones, para formular propuestas económicas.

En cuanto a su formulación estratégica, Lula alimenta la idea de un «nuevo contrato social» entre trabajadores, empresarios y sociedad en general, que lo tendría como árbitro, ya que a partir de su experiencia sindical en los años setenta se define como el mejor negociador del escenario nacional. Al ser abordado insistentemente por los periodistas sobre «quién perderá» con su gobierno, se niega a hablar en esos términos y sólo se refiere a «quienes ganarán»: todos, al mismo tiempo.

Los movimientos sociales, pese a diferencias de matices, apoyan a Lula. La Central Única de Trabajadores (CUT) decidió meses atrás entrar oficialmente en la campaña petista. Lo mismo hizo la Asociación Brasileña de ong (ABONG), al tiempo que la totalidad de la dirección del Movimiento de los Sin Tierra (MST) está empeñada en la victoria de Lula, aunque no definió una posición oficial. João Pedro Stédile, uno de los principales dirigentes del MST, resumió en una reciente entrevista que a pesar de que Lula giró hacia el centro, las fuerzas sociales del cambio lo apoyan porque su triunfo abrirá un período de cambios profundos en la sociedad por el impulso de las expectativas y movilizaciones que desataría (véase nota aparte).

Adversarios

El principal contendor de Lula es José Serra, quien deshizo de hecho la alianza de gobierno con la que contó Fernando Henrique Cardoso, la más amplia y fuerte alianza conservadora constituida en décadas en Brasil. Aliados del actual jefe de Estado migraron hacia otras candidaturas, sobre todo hacia la de Ciro Gomes pero también hacia la de Lula.

Si bien es el candidato del oficialismo, Serra no quiere admitirlo. Su estrategia electoral alimenta una posición ambigua frente a Cardoso (que lo apoya, pero que apareció sólo el primer día en su campaña televisiva). Es probable que esa estrategia electoral haya sido alimentada por las encuestas que muestran que la mayoría de los electores quiere votar por un candidato de oposición. El problema es que así Serra no ha conseguido atraer los votos, ni siquiera de los que apoyan al actual gobierno.

Serra despierta hondas antipatías. Para hacer viable su candidatura tuvo que destruir la reputación de la candidata liberal —la hija de Sarney—, uno de los puntales de la alianza de gobierno tejida por Cardoso. Para acercase a Lula tuvo que atacar a Gomes y bajarlo del segundo puesto, acusándolo de tener problemas de carácter (lo pescó diciendo pequeñas mentiras sobre su biografía que, según su equipo, denunciarían una personalidad problemática). En ambos casos se trata de políticos nordestinos, lo que alimentó el rumor de que Serra sería un agente de los intereses de los grandes grupos económicos paulistas en perjuicio de las otras regiones del país. Destruido Gomes dos semanas atrás, Serra giró sus ametralladoras contra Lula. Su campaña en la tevé trabajó varias líneas. Afirmó que había «un Lula» (el neomoderado) producido por el publicista Duda Mendonça y «otro Lula» que sería el verdadero (el radical de siempre). Comparó sus biografías y se dijo mejor preparado (ya que Lula no tiene curso universitario ni ejerció en ningún gobierno). Hizo un montaje sobre imágenes de años atrás de tal forma que el presidente del PT, José Dirceu, parecía estar azuzando a huelguistas para que golpearan al entonces gobernador de San Pablo (Mario Covas, hoy fallecido).

El efecto fue inusitado: no provocó una caída de Lula pero aumentó el rechazo a Serra, el candidato que tiene la más alta tasa de rechazo entre los electores, muchos de los cuales dicen que no votarían por él en ninguna hipótesis. Mientras, a sus espaldas, las cosas se iban moviendo.

Pequeños grandes cambios

Gomes, un político de origen conservador que se afilió al heredero del Partido Comunista «moscovita» (Partido Popular Socialista), montó un frente en el que coexisten desde partidarios del expresidente Fernando Collor y Chicago boys hasta el líder populista Leonel Brizola. Aparecía como la más sólida alianza anti Lula, ya que por su origen y trayectoria podía arrastrar votos tanto de la oposición como de la base del oficialismo. Pero en las últimas semanas hizo algunas declaraciones desastrosas que, junto a la propaganda serrista, lo empujaron al cuarto y último lugar.

Esos votos, sin embargo, se repartieron entre Garotinho, candidato del Partido Socialista Brasileño, y Lula quien, en algunas encuestas alcanza el 44 por ciento de las intenciones de voto y en otras roza el 48. Es decir, está cerca de conseguir la victoria en la primera vuelta. Algunos de los asesores de Gomes y de Garotinho defienden una renuncia de estos candidatos que aseguraría la victoria de Lula el mismo 6 de octubre, ya que temen que Serra utilice los más bajos recursos en su intento de parar a Lula en el segundo turno.

La última carta de Serra podría ser las acusaciones de corrupción de gobiernos municipales petistas que circulan con insistencia en la prensa, buscando salpicar al presidente del PT, Dirceu. Pero es probable que Serra no siga ese camino ya que en su contra pesan acusaciones mucho más contundentes. Enfrenta así un dramático dilema. Por un lado quiere impedir la victoria de Lula en la primera vuelta y para eso debe continuar atacándolo. Por otro lado, si Lula cae, sus votos pueden transferirse en la segunda vuelta a Garotinho, ya prácticamente empatado con Serra.

Actualmente Lula está siendo atacado por todos y por todo un abanico de razones, pero él continúa olímpico en su estilo «Lulinha paz y amor», sin responder directamente a los ataques. Hasta ahora le ha dado resultado: su tasa de rechazo entre los electores es la más baja entre todos los candidatos y también en toda su trayectoria político-electoral. Lo que es fundamental para la segunda vuelta.

Empresarios con Lula

La revista Exame publicó en julio una encuesta a los presidentes de 100 de las 500 mayores empresas de Brasil. Un 71 por ciento dijo que su candidato era José Serra, seguido de Ciro Gomes. Lula sólo obtuvo el 1 por ciento. Pero las cosas están cambiando a marcha forzada conforme se acerca el día de las elecciones y la ventaja de Lula crece. «Lula está más cerca de ser elegido y nadie quiere perder el barco. Es tan simple como eso. El empresario es un animal pragmático, no tiene ideología», reconoce un especialista. En la recta final, el comité de campaña del PT prepara un golpe de efecto, como la declaración de algún peso pesado del mundo empresarial (se habla de Horacio Lafer, presidente de la poderosa asociación patronal de San Pablo, fiesp) que, sin pedir explícitamente el voto para Lula, declararía su confianza en un gobierno del PT.

En la campaña electoral del pt aparecen más empresarios que ningún otro sector social, sobre todo en la última etapa. Ivo Rosset, presidente de Valisère, empresa textil con 4.000 trabajadores, sostiene que «la idea de Lula es buscar más entendimiento entre todas las clases. Políticamente, es el dirigente más articulado y el candidato que tiene mejores condiciones para lograr este entendimiento con empresarios, trabajadores e, incluso, con el sector financiero». «No soy petista ni pienso pertenecer a ningún partido, pero si la gente observa la vida de Lula, no puede sino admirarlo», declaró a su vez Eugenio Staub, presidente de Gradiente, una de las mayores empresas del sector electrónico de Brasil.

Staub provocó el sábado 21 por la noche un terremoto político cuando apareció en las pantallas de televisión en un espacio de propaganda electoral del pt. El empresario es amigo desde hace 20 años del candidato oficialista, José Serra, y votante tradicional del Partido de la Social Democracia de Brasil, del presidente Fernando Henrique Cardoso. Dos meses atrás había dicho que votaría a Serra. A dos semanas de las elecciones, ha cambiado de opinión y anuncia que Luiz Inácio «Lula» da Silva es el presidente que necesita Brasil.

Los pasos de Staub fueron seguidos por otros empresarios, como Fernando Gasparián, de la editorial Paz y Tierra, y el banquero Amador Aguiar. «Entendemos que Lula es la única alternativa capaz de aplicar un programa de gobierno concentrado en el crecimiento económico, con creación de empleo, reducción de las desigualdades, fortalecimiento del mercado interno y apoyo a las empresas nacionales», señala un documento que ya tiene la firma de 500 empresarios de todo el país. La mayor parte procede del sector productivo, según resalta Lawrence Pih, presidente de Moinho Pacífico, la mayor molinera de trigo de América Latina.

 
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