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La página Izquierda Nacional y el periódico En Lucha han tenido la virtud de provocar malestar, irritación y bronca en algunos amables interlocutores.
Días atrás, a uno de los foros de los jóvenes nacionales y populares (juventudmnp2003soberanaylibre@gruposyahoo.com.ar) llegó una nota de un ciudadano llamado Nahuel que dice tener 36 años, vivir en Villa Gesell y que según su propia información nació en Lanús, donde se crió, estudió y se hizo a la política. En 1978 el ciudadano Nahuel, con apenas 12 años, tuvo el orgullo de hacerse montonero. En una nota dirigida a Gustavo Cangiano dice que “existen personajes que ante la incapacidad de construir necesitan destruir, una vez más son los mismos que con palabras similares subestiman a compañeros y borran permanente con la derecha lo que escriben con la izquierda”. La interesante observación está referida al artículo de tapa del ejemplar N° 5 de En Lucha, que por cierto no cayó muy bien a unos cuantos.
Sin embargo lo importante no es esto. Más adelante el ciudadano Nahuel dice que en ocasión de haber participado de un homenaje a los jóvenes secuestrados y asesinados por la dictadura durante el episodio conocido como La noche de los lápices, le ocurrió lo siguiente: “Pero también desgraciadamente me vino a la memoria, que el centro de la traición que se constituía en Madariaga y Lacarra (Avellaneda), era ni más, ni menos que un local de eso, que en algún momento se llamó Izquierda Nacional, y coordinaban sus movimientos con la FJC (Federación Juvenil Comunista). A que viene esto.
Que desde aquel momento en que nos enteremos de donde provenían las informaciones para que desaparezcan compañeros, me prometí que nunca más dejaría que un estúpido con buena dialéctica invauque (sic) a jóvenes que como jóvenes, quieran una revolución permanente”.
Más adelante dice: “Porque en aquel momento, como en este tengo ganas de hacer sonar el bombo y ver como aquella columna de la gloriosa JP, cantaba Ni Yanquis, ni Marxistas. PE-RO-NISTAS”.
En 1978 el ciudadano Nahuel, a los 12 años, era un niño precoz que luchaba contra la dictadura en las filas de Montoneros. En 2002 el ciudadano Nahuel, a los 36 años, es un cretino o un provocador. Para el caso da lo mismo.
El Frente de Izquierda Popular (organización de la Izquierda Nacional en los años 70’) nunca tuvo un local en Lacarra y Madariaga. Estas dos calles son paralelas y corren a más de veinte cuadras de distancia. El local del FIP en Avellaneda estaba ubicado en La Laprida y Zevallos, a 11 cuadras de Lacarra y 25 de Madariaga.
El FIP jamás coordinó acciones con la FJC. Por el contrario sus militantes en la mesa de las juventudes políticas de los años 70’ enfrentaban las posiciones coincidentes de la JP Montoneros y de la FJC, sosteniendo una política de movilización obrera y popular para romper la tramposa convocatoria electoral destinada a impedir la candidatura de Perón.
Independientemente de todas estas groseras mentiras, es ciertamente canallesco acusar al FIP y a la FJC, con todas las diferencias existentes entre las dos organizaciones, de haber delatado militantes a las bandas del terrorismo de Estado.
Por último, en la época en que el ciudadano Nahuel dice hacer ingresado a la política no había local abierto de ninguna fuerza partidaria. Antes del golpe de Estado de marzo de 1976, cuando todavía estaban abiertos los locales, lo que se producían eran secuestros y la inmediata aparición de las victimas ejecutadas por la Triple A. Esto, los que militamos en el FIP lo experimentamos en carne propia. No sólo secuestros y ejecuciones. El jueves 3 de julio de 1975 a las 00:30 el local de la Junta Nacional del FIP, ubicado en Jujuy y Alsina, en pleno barrio del Once, fue destruido parcialmente por dos granadas antitanque. Los atacantes dejaron la esquina regada de volantes que proclamaban: Ni Yanquis ni Marxistas: Peronistas. Igual que el ciudadano Nahuel.
Este tipo de ataques se descalifican por sí solos. Sin embargo la consolidación de una posición independiente de Izquierda Nacional es, asimismo, una realidad molesta para muchos “nacionales y populares”. En los últimos tiempos esto ha sido evidente a la luz de las críticas dirigidas contra los artículos de En Lucha por los jóvenes enrolados en las filas de Adolfo Rodríguez Saa. También de otros que hace rato dejaron de ser jóvenes y dicen representar a la Izquierda Nacional, siguiendo a la misma jefatura. En definitiva, se nos acusa de ignorar la irrupción de un Frente Nacional Antiimperialista, y colocarnos objetivamente en la nada recomendable compañía de las fuerzas habituales del campo antinacional. Por lo visto la tendencia al seguidismo político no tiene edad, y hay algunos jóvenes, de ideas viejas, ansiosos por consagrar el continuismo de un ciclo agotado históricamente, velando el contenido del proyecto del ex gobernador de la época menemista, bajo una máscara “nacional y popular”.
Para éstos jóvenes y para quienes dejaron de serlo, y han hecho del “apoyo crítico” un negocio político habitual, la presencia de una política y de una práctica de Izquierda Nacional independiente, no es precisamente una buena noticia. Sin embargo, una línea orientada en ese sentido cobra ardiente actualidad de cara a la crisis del capitalismo semicolonial y en correspondencia con la tarea estratégica central de impulsar el desenvolvimiento de posiciones políticas autónomas en los cuadros avanzados de la clase trabajadora. Sin la iniciativa política y el programa independiente de la clase obrera, el Frente Nacional no pasará de ser, en el mejor de los casos, una experiencia de derrota reiterada. Sin embargo, mejor mirado el asunto y tomando nota de la presencia de los personajes conocidos que convocan al nuevo reagrupamiento político, lo más apropiado es recordar a Marx cuando decía, completando a Hegel, que todos los grandes hechos y personajes de la historia se producen algo así como dos veces: una vez como tragedia y la otra como farsa.
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