| AMERÍCA LATINA / ARGENTINA |
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Artículo de septiembre de 2002 |
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| La asamblea constituyente
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| Foro de la izquierda nacional |
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El planteo de la convocatoria a una Asamblea Constituyente está desde hace meses en el centro del discurso de las diferentes corrientes que animan la movilización popular y reclaman “que se vayan todos”. En su periódico Alternativa Socialista, el MST, por ejemplo, sostiene que “Con la movilización hay que imponer la elección a una Constituyente Libre y Soberana, como se aprobó en la Interbarrial, para que se pueda discutir y votar la ruptura con el FMI, el no pago de la deuda, la reestatización de las empresas privatizadas y bajo el control de sus trabajadores y los usuarios, la nacionalización de la banca, los impuestos progresivos a los que más tienen, la cárcel a los corruptos y el embargo de sus bienes”. El Partido Obrero, por su parte, reclama una Asamblea Constituyente “con poder”. Los añadidos “libre y soberana” , “con poder” u otros semejantes sirven a los partidos de izquierda para diferenciar su propuesta de la del centroizquierda, que pretende apropiarse del reclamo limitando los alcances de la Constituyente a la caducidad de los mandatos de diputados y senadores y de la Corte Suprema.
Ciertamente, la convocatoria a una Asamblea Constituyente es una necesidad que se inscribe en el curso mismo que han tomado los hechos desde los levantamientos del 19 y 20 de diciembre. La crisis de representatividad afecta al conjunto de las instituciones del régimen, y ello determina que sea preciso recurrir a mecanismos democráticos refundacionales para superarla en beneficio de las mayorías populares. Sin embargo, la efectivización de una Constituyente no aparece como condición previa para resolver la crisis, sino que es más bien el resultado de su resolución. Si la movilización popular se impone, la Constituyente “libre y soberana” o “con poder” no será otra cosa que la legitimación jurídico-política de la nueva correlación de fuerzas vigente. Si la particocracia consigue derrotar la movilización popular canalizándola por la vía electoral, entonces sólo puede esperarse, en el mejor de los casos, una Constituyente acotada y sin poder real para vehiculizar las profundas transformaciones que el país necesita.
El problema de la Asamblea Constituyente se presenta, entonces, como el problema de quién la convocará. De ello dependen tanto sus alcances como su propia naturaleza. Una convocatoria que intente sentar las bases de un programa de emancipación nacional y social —ruptura con el FMI, no pago de la deuda externa, recuperación del patrimonio público extranjerizado, etc.— supone la previa constitución del sujeto político que la haga posible. La izquierda tradicional elude esta cuestión, por lo que se condena a dejar la consigna que agita flotando en el vacío. O, peor aún, a servírsela en bandeja al travestismo partidocrático, que no dudará en recurrir a ella, desvirtuándola, si resulta conveniente para su reoxigenación política.
Para la Izquierda Nacional, la convocatoria a una Asamblea Constituyente libre, soberana y con poder debe constituir el desemboque natural de un cambio en la correlación de fuerzas signado por la irrupción de los sectores patrióticos, civiles y militares, que pongan nuevamente en pié el Frente Nacional y Antiimperialista. |
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DE JUAN D. PERÓN A NESTOR KIRCHNER
Osvaldo Calello | El presidente Kirchner declaró recientemenste que el día del pago de la deuda al Fondo Monetario “lloraba en silencio porque terminaron las ataduras”. Ese día de enero pasado el país desembolsó 10.000 millones de dólares y saldó, de una vez, los compromisos pendientes con la institución que representa los intereses de la usura internacional. Al parecer Kirchner lloraba en silencio una vez ejecutada la decisión. Sin duda debería haberlo hecho, aunque no por las razones aludidas.
PABLO RIVERA | El poder nunca es individual, todo poder tiene una base social sobre la cual apoyarse. El individuo que lo ejerce, ya sea un monarca o un presidente es sólo la cabeza visible, la personificación del poder. Si el rey se muere se lo sustituye por otro rey, pero el feudalismo no desaparece. Entonces, para saber quién tiene el poder político, hay que ver qué intereses están detrás de éste, en otras palabras, hay que buscar sus bases sociales.
MARIELA GARCIA | El documento del Ministerio sostiene que “la nueva ley debe reafirmar muchos de los fines y principios ya acordados (...) y avanzar hacia nuevos principios orientadores de la educación pública nacional hacia el futuro". Los fundamentos de esos "nuevos" principios, que el documento escamotea al debate, son indiscutiblemente los del Banco Mundial: una educación con fecha de vencimiento; una educación al servicio del mercado mundial.
JOAQUÍN FONT | El Ingreso Ciudadano o Renta Básica es “un ingreso pagado por el Estado a cada miembro de pleno derecho de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva”. |
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