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Paul O'Neill, Rodríguez Saá, Elisa Carrió, Luis Zamora, Hugo Moyano, la CTA, algunos de los actores de un drama cuya salida es una sóla: Un frente patriótico antiimperialista, inicialmente heterogéneo y conflictual desde el punto de vista ideológico, pero sólidamente unificado tras el objetivo de la liberación nacional en la unidad Latinoamericana.
Paul O'Neill, zar económico del imperialismo norteamericano, visitó Sudamérica, recorriendo así parte de sus dominios. Se hizo anunciar, como los antiguos enviados imperiales, con dádivas y regalos.
Para Brasil un "paquete" de 30.000 millones, para Uruguay 1.500 millones de urgente transfusión para reabrir sus bancos de feriado, para la Argentina souvenirs para los chicos de la escuelita de Merlo y promesas conmovedoras a Duhalde.
Hay que entender que la Argentina está en cuarentena, puesta a dieta y prohibida la ingesta de "dólares de los torneros y carpinteros estadounidenses". Cínicos comunicadores han asegurado, con la "seriedad" de Morales Solá o Mariano Grondona, que esto se debe a que Rodríguez Saá, presidente efímero, declaró el "default" mostrando toda su perfecta dentadura, lo que en Washington, donde no reina la sutileza, fue interpretado como risa de felicidad y menosprecio al poder mundial de los banqueros y a la calidad académica del FMI, su instrumento internacional de alquilones domados con la paga.
Los mismos comunicadores, junto a otros que se venden como la quintaesencia del "progre" televisivo, se dedican ahora con afán a la dentadura de Rodríguez Saá, reverencian su pragmatismo que lo lleva de los brazos de Rico a los de Moyano, y de ahí a los de Raúl Castells. ¿Por qué? Los encuestadores, dioses paganos de la politicracia y de los altos ejecutivos del stablishment, muestran números de crecimiento de la expectativa electoral del precandidato, el mismo que siendo presidente una semana huyó de Chapadmalal a San Luis sin pasar por la Rosada, porque ante la conspiración de sus "compañeros gobernadores", que lo eyectó, no tuvo, no fue capaz de levantar un programa convocante de las masas obreras y populares. Destino al que están condenados aquellos que pretendan levantar una suerte de nacionalismo burgués en una época en que el imperialismo y la ideología de la globalización ocupan, pese al desastre neoliberal, los intersticios del poder real.
La revalorización mediática de Rodríguez Saá ocurre en el momento en que los mismos encuestadores encuentran que se detiene la afluencia hacia Elisa Carrió, lo que la indujo a apelar al aniversario primero de su "informe sobre lavado y corrupción" para restablecer la emoción de un potencial electorado de centro izquierda, socialdemócrata de periferia, a la "realismo mágico". Zamora, fenómeno emergente de las elecciones de octubre de 2001, en expansión durante meses en la Argentina post De la Rúa, parece que se debate entre "que se vayan todos" y la pena de no ofrecer su boleta en el cuarto oscuro.
Otros actores del drama
En otro lugar del mismo espectro político-social, Hugo Moyano, Secretario General del MTA (CGT rebelde), dijo que la devaluación era inevitable y pura "obra del mercado", y se encogió de hombros respecto de la perspectiva de un planteo de lucha para recomponer el salario. Pero no olvidó el elogio a Rodríguez Saá, por ser "el más peronista de los candidatos", obviando toda mención al control de cambios y de precios, la nacionalización de los depósitos y el crédito bancario y del comercio exterior, la industrialización, la nacionalización de los servicios estratégicos y del subsuelo (petróleo y demás minerales), tal como lo dispone el artículo 40 de la Constitución Nacional de 1949, y, en especial, al nivel salarial, deteriorado hasta mínimos criminales ante la pasividad sindical.
Si el peronismo al que se le puede y debe reconocer este patrimonio ha dejado de tener existencia política ¿qué sentido tiene la advocación de Moyano?
En cuanto a la CTA, se mantiene abroquelada en la formulación del "shock distributivo", elaboración de Claudio Lozano, a la vez insuficiente y abstracta.
Si bien define el endeudamiento del período de la convertibilidad como la consecuencia necesaria de la apertura económica, la desregulación y las privatizaciones, es decir, que el creciente endeudamiento es una necesidad estructural en el "modelo" elegido, la propuesta de industrialización, soberanía, supresión de la apertura y nacionalizaciones, sólo puede inferirse como implícito, pero no se transforma en bandera de lucha.
En cambio se insiste en demostrar, en términos aritméticos, que la eliminación de la pobreza y la indigencia es posible mediante una redistribución de ingresos que el PBI argentino tolera. Esto convierte a la CTA en denunciante consecuente de la creciente pauperización de la sociedad argentina y de la necesidad de revertirla.
Pero el limitarse a la consigna "plan de empleo y formación, más 60 pesos por hijo de hasta 18 años", transforma el instrumento en mero subsidio, de mayor monto que el que estableció Duhalde y los anteriores "planes trabajar", pero insuficiente como programa de independencia nacional, industrialización, desarrollo económico y pleno empleo verdadero, es decir, verdadero en los términos de inserción efectiva en la economía real.
Todo está diciendo que esta Argentina pre-comicial no está incubando para las elecciones de marzo ninguna alternativa a la depredación de medio siglo.
Romper las cadenas
El señor Openheimer, agente de la CIA que colabora en La Nación, razona sobre las perspectivas de Brasil y dice que el próximo gobierno estará más a la izquierda, será más nacionalista y distante de los Estados Unidos, pero no demasiado.
Desarrolla una serie de motivos, de los cuales uno es importante. Los 30.000 millones de dólares acordados a Brasil serán receptados por el próximo gobierno en un 80%, pero éste, para poder recibirlos, deberá ajustarse a las estrictas pautas de astringencia en el gasto público en base a las cuales fueron otorgados.
Es decir, explicitado por un vocero del imperialismo, la "ayuda" del FMI es un salvavidas de plomo. Es fácil imaginar qué le espera a Uruguay, Argentina y a toda Latinoamérica, en la medida en que acuerde con el Fondo Monetario, policía financiera del imperialismo.
Un frente patriótico antiimperialista, inicialmente heterogéneo y conflictual desde el punto de vista ideológico, pero sólidamente unificado tras el objetivo de la liberación nacional en la unidad Latinoamericana, protagonizado por el dinamismo de la clase obrera, por los excluidos del mercado y de la vida, por los socialistas revolucionarios y los nacionalistas, por civiles, curas y militares patriotas, es el factor nacional popular que estará en condiciones de librar una batalla clave, para no sumirnos en un nuevo período de mayor degradación.
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