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Calificado “insuficiente” por el FMI pese a su esfuerzo, fracasado el “plan Bielsa” y salpicado con sangre de piqueteros, Duhalde anticipó para el 30 de marzo las elecciones presidenciales.
Reutemann, un ex Fórmula 1 que no alcanzó la gloria de Fangio, un invento político de Menem al igual que Ortega (Palito), se negó a asumirse como delfín del presidente, cuyo aparato provincial hace agua.
El “polo” de conservadorismo progresista (ARI, Kirschner, Frepaso Ibarrista) débil en cuanto a implantación territorial y desarrollo organizativo, contraatacó desde la Casa de la Provincia de Santa Cruz con la caducidad de todos los mandatos, que se ha convertido en consigna popular.
Carrió se definió allí como el “Harry Potter” que derrotará al Maligno, en un rapto de cholulismo adecuado para encubrir la ausencia de programa alternativo.
Menem, con la interna justicialista facilitada por Reutmemann, aterrizó en el palco acolchado por el sub comisario Patti, con los sones de una milonga que canta las maravillas de su gobierno y anuncia el retorno del 1 a 1, que en la tertulia de “los técnicos” se llamó sin eufemismos dolarización, ALCA, cerrar filas junto a EEUU. Para no quedar fuera del juego, Rodríguez Saa anunció el riesgo de un magnicidio (o crimen político) contra él o Kirschner, que el santacruceño no descartó.
Al fin y al cabo se trata de reconstruir la institucionalidad colonial, cuestionada desde los sucesos de Diciembre. Se buscan realineamientos en aparente confrontación, uno para encabezar el próximo gobierno y otro para el rol de oposición consentida. Es el “casting” del régimen.
Pero en el marco de tumultuosos movimientos de masas en América Latina (Venezuela, Colombia, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil...) y en la condición límite de la crisis social en la Argentina, parecería que solo falta el resurgimiento de la combatividad política de la clase obrera, para conformar una fuerza revolucionaria aglutinante de la rebelión asamblearia de clase media y de los piqueteros y excluidos. O sea, falta mucho o muy poco. La crisis recupera el valor de la militancia.
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