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- Artículo cargado el 26/04/2010 - 02:40
Los planes quinquenales en la Revolución Nacional
Como nos enseñara Jorge Abelardo Ramos, a la historia se la interroga desde el presente. Es decir, nos sumergimos en el estudio del pasado buscando explicaciones al presente.
Desde esta perspectiva, no es extraño que nos inclinemos por explorar en el pasado reciente la más importante experiencia revolucionaria que vivió el país. Nos referimos al proyecto nacional y popular que representó el peronismo. Y esto es por la simple razón de que consideramos que sólo se saldrá del atolladero presente, a través de la reconstrucción de un frente antiimperialista que lleve a delante las tareas democrático-burguesas pendientes por estos lares. En otras palabras, consideramos que sólo un frente nacional antiimperialista, con un programa nacional y popular, podrá resolver los problemas sociales, políticos y económicos que nos mantienen sumergidos en el subdesarrollo. Un programa que lleve como banderas principales la liberación nacional, la soberanía política, la libertad económica y la justicia social.
Cuando comenzamos a pensar en un proyecto de esa magnitud, miramos hacia atrás en busca de experiencias a las cuales asirse para darle a la idea una cierta realidad o posibilidad de concreción. Así, nos encontramos con la primera experiencia que tuvo el país: el peronismo.
Efectivamente, el peronismo fue la más importante experiencia frentista que hubo en el país, con un proyecto nacional y popular claramente determinado, y con las herramientas políticas y económicas necesarias para cumplir con su rol histórico.
Este proyecto fue institucionalizado en los primeros diez años de gobierno peronista, a través de los Planes Quinquenales, el primero de 1947-1951 y el segundo iniciado en el año 1953, y que fuera interrumpido por la contrarrevolución del año 1955.
Una vez en el poder, Perón, que encarnaba a la perfección los intereses del pueblo argentino, se dispuso a llevar a delante un transformación radical del país. Conciente de la dependencia a la que estaba atada la nación, a través de una intricada red de económico-jurídica-administrativa, se comprendía la necesidad de transformar esa estructura a los fines de que sirvieran para el bien del país y del pueblo, y no para el bienestar de una pequeña clase de terratenientes y burgueses intermediarios al servicio del imperialismo.
Esa estructura existente, manejada por el imperialismo ya sea directamente a través de los transportes, el comercio exterior y la banca, o indirectamente a través de la organización de la nación mediante un estructura política-judicial que respondía a sus intereses, ataba la nación y le impedía desenvolverse libremente en beneficio propio. Por ello, desde el principio, el movimiento nacional peronista se percató de la necesidad de acabar con esas estructuras de la dependencia y reorganizar a la nación en su conjunto según las propias necesidades.
Para ello, el gobierno de Perón dio forma a su gobierno a través de los planes quinquenales. Con ellos se daban los lineamientos generales de la acción de gobierno que se llevaría a cabo durante los sucesivos años, con proyectos de ley presentados al Congreso a los efectos de poder llevar a delante su plan de realizaciones e inversiones.
De esta manera, con los planes quinquenales se pretendía, a partir de una serie de proyectos de ley a ser sancionados por el Congreso: reorganizar los ministerios, conceder derechos electorales a las mujeres, organizar la sanidad pública, reformar la educación para que sirviera a los fines de la nueva argentina en construcción, fomentar, descentralizar y diversificar la industria formando nuevas zonas productivas, fortalecer el mercado interno a través del reconocimiento constitucional de los derechos del trabajador, reorganizar el comercio exterior, desarrollar un programa mínimo de inversiones y obras necesario para asegurar un suministro adecuado de materias primas, combustibles, equipos mecánicos y movimiento interno de mercancías, desarrollar racional y armónicamente la industria y la agricultura.
Sin lugar a dudas el peronismo en el poder pretendía llevar adelante una fenomenal revolución económico-político-social de envergadura desconocida hasta entonces, sacudiéndose el yugo imperial y construyendo una nueva argentina, más próspera e igualitaria, en libertad, con soberanía y justicia social.
Así, durante esos años surgió el IAPI, se nacionalizaron los servicios públicos, lo elevadores de granos y usinas eléctricas, se creo la flota mercante y se realizaron infinitas obras portuarias, se reorganizó el trasporte, se sancionaron los derechos de los trabajadores dándoles rango constitucional, se reformuló la educación en todos sus niveles (argentina fue el primer país en tener educación pública preescolar) construyéndose edificios para los colegios Nacionales, Normales, Industriales, Comerciales y complejos universitarios, se creo la Universidad Obrera (hoy UTN). Se construyeron viviendas, hospitales, obras fluviales, usinas eléctricas, térmicas e hidroeléctricas, caminos, puentes y acueductos. Se relazaron obras de provisión de agua potable y desagües clocales en todo el territorio nacional, como así también obras de riego, saneamiento rural y adjudicación de tierras agrícolas y pastoriles. Se amplió la explotación petrolera y minera…
Refiriéndose a esta monumental obra de liberación nacional y justicia social, Perón dijo:
“Para aumentar otras conquistas sociales, necesitamos aumentarla riqueza y aumentar el trabajo. Nuestro plan considera en esta segunda etapa, multiplicar la riqueza y repartirla convenientemente; y con ello las nuevas conquistas sociales han de salir fecundamente de nuestro propio trabajo, sin perjudicar a nadie. Sin bases económicas no puede haber bienestar social es necesario crear esas bases económicas. Para ello es menester ir ya estableciendo el mejor ciclo económico dentro de la Nación y a eso también tiende nuestro plan. Debemos producir el doble y a eso multiplicarlo por cuatro, mediante una buena industrialización, es decir enriqueciendo la producción por la industria; distribuir equitativamente esa riqueza y aumentar el estándar de vida de nuestras poblaciones hambrientas, que son la mitad del país; cerrar ese ciclo con una conveniente distribución y comercialización de esa riqueza; y cuando el ciclo de la producción, industrialización, comercialización y consumo se haya cerrado, no tendremos necesidad de mendigar mercados extranjeros, porque tendremos el mercado dentro del país”