- Bolivia
- Artículo cargado el 26/01/2009 - 17:59
Evo y el destino nacional
Andrés Soliz Rada
Desde el primer gobierno de Paz Estensoro (1952-1956), ningún presidente boliviano acumuló tanto poder como Evo Morales, en el marco de la democracia formal. VPE basó su legalidad en su triunfo en las elecciones de 1951, anuladas por la oligarquía, y su legitimidad en la Revolución del 9-IV-52, el suceso más importante de nuestra historia. Evo ganó los comicios del 18-XII-05, con el 54 %, pero su triunfo en el referéndum revocatorio del 10-VIII-08, por 67 %, dio legitimidad a los Movimientos Sociales (MS), base de su régimen.
Las movilizaciones populares permitieron descabezar a dos prefectos y encarcelar a un tercero, además de someter a importantes opositores a una semiclandestinidad asfixiante. Los periódicos del sistema y la Iglesia Católica, último refugio de los descontentos, han perdido influencia. La falla “geológica” con que nació la República, en 1825, por la exclusión indígena, ha comenzado a soldarse, aunque, como era inevitable, con conmociones jurídicas y políticas, que han potenciado al régimen. Si se suma a lo anterior el respaldo de UNASUR al gobierno, se convendrá que en manos de Evo ha quedado el destino nacional.
Son tres los grandes enemigos que Evo debe vencer para transformar al país: La mentalidad neoliberal, heredera de Sánchez de Lozada, atrincherada en el Banco Central, que acaba de licitar parte importante de las reservas monetarias, para que sean administradas por organismos financieros extranjeros, mediante contratos sujetos a leyes foráneas, que autorizan prestarlos al interés anual del 2.5 %, mientras el país obtiene créditos al 8 %. El segundo enemigo es la corrupción interna y el tercero la crisis mundial.
Mientras los 7.700 millones de dólares de reservas sean manejados en estas condiciones, se mantendrá el atraso boliviano. Una sola obra, el Gasoducto Boliviano de Occidente (GABO), de 23 pulgadas en su punto de partida, que debe unir los mega campos de Tarija con el Salar de Uyuni, en Potosí, Oruro y La Paz, con un costo de 650 millones de dólares, cambiaría la faz del país. YPFB ha conseguido un crédito de 1.000 millones de dólares del TGN para lograr su despegue. Es demencial que el GABO no esté en sus planes. Bolivia vende enormes cantidades de gas al Brasil y proyecta aumentar sus ventas a la Argentina con otro gasoducto de 33 pulgadas. El que vincula a Santa Cruz y La Paz tiene 6 pulgadas.
El GABO fue propuesto en mi gestión ministerial por el Ingeniero Jorge Tellez y aprobado por Decreto del 6-III-05, el que debe ser complementado por el Corredor Energético del Sur (CESU), que vinculará, con menos costo que el GABO, Tarija, Chuquisaca y el occidente cruceño, con lo que se complementará la irrigación energética del país, lo que anulará los efectos negativos que ocasionará el dar vida artificial a 36 naciones indígenas en el texto constitucional. Con energía barata, Bolivia garantizará su seguridad alimenticia, el desarrollo armónico del altiplano, tierras bajas y valles meso térmicos. Varios países vecinos han conectado sus regiones con gas boliviano. Es inconcebible que Bolivia aún no lo hubiera hecho.
Este proyecto vital estaba bloqueado por el Prefecto Mario Cossío, vinculado al “gonismo”, y por los senadores de PODEMOS, Roberto Ruiz, partidario de vender gas natural a Chile y EEUU, y Carlos D´Arlach, ex Ejecutivo de Occidental Petróleum, así como por cívicos de la “media luna”, que impiden la articulación de la República. Si los proyectos GABO y CESU se concretan y el MAS evita que la corrupción devore sus entrañas, Bolivia, al fortalecer su economía real, estará en condiciones de consolidar su unidad interna y enfrentar con solvencia la recesión mundial que se avecina.