Ninguna de las maquinarias electorales que medirán fuerzas el 28 de junio constituye alternativa alguna para el país • Debemos construir un gran Frente Nacional que lleve a la práctica un programa revolucionario
La irrupción en junio de 1943 del grupo de militares nacionalistas nucleados en el GOU, marcó el fin de la década infame y la apertura de un ciclo ascendente en la vida nacional
El 11 de junio último, a las 8 y 15 horas, la red de emisoras indigenistas ALER – Contacto Sur, que se difunde en Bolivia a través de ERBOL, informó que pueblos de la selva peruana planteaban que la Amazonía fuera declarada “Patrimonio de la Humanidad”. El anuncio, que esperemos sea una voz aislada, es, sin embargo, una advertencia de lo que podría convertirse en la victoria final del euro centrismo sobre el frustrado proyecto bolivariano, repudiado también por el retrógrado vicepresidente del Congreso de Perú, Álvaro Gutiérrez.
La patriótica decisión del gobierno venezolano de estatizar las plantas siderúrgicas pertenecientes al grupo trasnacional Techint disparó de forma inmediata los múltiples mecanismos defensivos de la dependencia latinoamericana en Argentina, irradiando desde allí su influencia al resto del subcontinente.
Nunca como ahora, en la historia de Bolivia, las Fuerzas Armadas de la Nación tienen el desafío y la responsabilidad de asumir una clara posición de defensa de la Patria frente a los intentos de fragmentar y dividir el país creando poderes paralelos o territorios libres y quebrando la soberanía nacional.
Que menos de 500 personas hayan asistido a los festejos organizados por Israel y el macrismo está indicando que la comunidad judía argentina empieza a tomar distancia de quienes torturan y matan palestinos en su nombre. Es un hecho auspicioso que debe ser saludado por todos los enemigos del racismo y del imperialismo.
La vuelta de Tinelli a la televisión argentina no es una simple boludez como algunos pretensiosos de intelectualidad —¿O respondiendo a intereses encubiertos?— gustan representar. Es mucho más que eso y la densidad que tiene el tema no merece para nada la subestimación erudita.
El republicanismo es un modelo europeo. Nacido, criado y apropiado a las sociedades europeas –sociedades, por cierto, que no tienen nada que ver con las nuestras: una composición social resultante de un desarrollo industrial de alta tecnología, una cultura largamente curtida en el tiempo y con índices iniciales que le permitieron forjarse como el centro neurálgico del universo durante mucho tiempo. Es un principio que se adapta a la organización política de las naciones europeas que nosotros admiramos y nos sentimos tan mal por no alcanzarlo, tanto como desencaja de la realidad latinoamericana.
La propuesta fue que el sábado 28 marzo pasado a partir de las 20:30 hs apagáramos la luz por una hora, para alertar sobre el “calentamiento global”. A nivel planetario aspiraban a que 1.000 millones de personas apagáramos la luz.
El día 18 de marzo de 2009, fue recibido en la Mesa de Entrada de la Cámara de Diputados de la Nación, un proyecto de ley enviado por el Poder Ejecutivo Nacional, mediante el cual se prevé un régimen especial para el desarrollo del Plan Nuclear Argentino, que había sido ya anunciado por el gobierno en agosto de 2006, con el objetivo de “la reactivación como cuestión estratégica, de la generación nucleoeléctrica y el desarrollo de las aplicaciones y los servicios de la energía nuclear en los sectores de la salud, la industria y la actividad científica”. Dentro de tales objetivos se encuadran los decretos del 23 de agosto del 2006, que decidió la puesta en marcha de la Central Nuclear Atucha II y el del 24 de agosto del mismo año, que declaró de Interés Nacional la construcción y puesta en marcha del Prototipo de Reactor CAREM para generación nucleoeléctrica.
La muerte del ex presidente Alfonsín ha conmovido al conjunto de los partidos políticos en momentos en que aprestaban fuerzas con vistas a una nueva campaña electoral. Ha sido tal el impacto, que las dirigencias, mientras competían en el elogio al demócrata desaparecido y se ubicaban en las primeras filas de la solemne liturgia republicana que dominó al país durante interminables días, se han visto obligadas a revisar apresuradamente las tácticas previstas y hacer nuevos cálculos sobre los posibles realineamientos que tal acontecimiento ha producido. Así, el llamado “efecto Alfonsín”, presente desde entonces en todo pronóstico electoral, se ha convertido en el punto de condensación de toda la hipocresía y falsedad de la partidocracia colonial y de la canalla mediática que le dicta los discursos.
El fundamentalismo indigenista se complementa con los grupos oligárquicos, de terratenientes y neoliberales, que aspiran a fracturar al país. Ahora proponen un Estado federal binacional. La sugerencia tiende a fortalecerse de manera peligrosa.
No porque haya sido el “símbolo de la democracia”. Más bien fue el símbolo del fracaso de la democracia colonial para resolver la miseria social y la entrega del país, que se profundizaron bajo la gestión que él inauguró. Si algo me enseñó Alfonsín fue justamente la ficción de una democracia sin revolución, sin transformació n de la organización social. Alfonsín es el modelo de la política como trampa puesta al servicio del mantenimiento del statu quo.
La muerte del ex presidente Raúl Alfonsín ha puesto nuevamente sobre el tapete las trágicas complicidades de una partidocracia nacional siempre predispuesta para afianzar las cadenas de la opresión nacional y social.
Observando la coyuntura encontramos que el retroceso del nivel de empleo no ha llegado a su fin ni mucho menos. Las cifras son, sin dudas, impactantes y, gracias a esto, las patronales ajustan los tornillos, con el total desprecio hacia los trabajadores como siempre las caracterizó, hasta perforar capas sociales que difícilmente puedan ser reconstituidas y acarreara consecuencias imprevisibles.
Clarín publica diariamente, en su página dos, una breve columna titulada “Cómo nos ven”. Se reproducen total o parcialmente opiniones aparecidas en diferentes medios del exterior. Ayer (16/3) fue el turno de The Jerusalem Post, de Jerusalén. Y el tema abordado fue “La expulsión de Williamson”.
No vamos a profundizar en este artículo en algo que estamos de acuerdo las diferentes vertientes de la izquierda nacional popular argentina: que en los países atrasados y dependientes como el nuestro, las contradicciones de clases entre burguesía y proletariado están sobredeterminadas por una contradicción de carácter nacional entre país opresor y país oprimido. Es por ello que se considera necesaria la conformación de un Frente Nacional Antiimperialista, que lleve adelante una revolución nacional que cumpla las tareas democrático-burguesas pendientes.
El domingo 25 de enero de 2009, el pueblo boliviano acudió masivamente a las urnas para decidir si aprobaba o rechazaba in totum el nuevo texto constitucional de 435 artículos que fuera consensuado[1] entre el oficialismo y la oposición luego de más de un año de impasse político-institucional que ha sido pródigo en conflictos político-sociales y económico-distributivos, cristalizados a través del ya conocido enfrentamiento entre el Gobierno nacional y las regiones de la llamada “media luna oriental” por la cuestión del las autonomías y por la naturaleza, alcances y atribuciones que las nueva Constitución Política del Estado debía incluir como parte de un proyecto refundacional de la nación boliviana.
Es evidente que el proceso de liberación encabezado por Hugo Chávez ha conseguido grandes logros para la clase trabajadora de Venezuela y ha permitido al país mismo reflotar de la miseria en la que históricamente se vio inmerso. Los números hablan por sí solos y se reflejan en el bienestar alcanzado por las franjas eternamente desfavorecidas durante los años de sumisión al imperio y dominio oligárquico.
Continúa la ofensiva ideológica terrorista y antidemocrática que amenaza con imponer en la Argentina la penalización de la llamada “negación del Holocausto” .
En el día de hoy, jueves 13 de febrero, el diario La Nación dedica toda su página 15 y parte de la 14 (el editorial del diario) al tema.
El incontenible aluvión que el lunes pasado arrasó Tartagal, tajo por donde la naturaleza herida se desangró enlodando sin piedad y cubriendo de desesperación a una ciudad desprevenida, representó —a modo de gredoso manto mortuorio— un acto más de la interminable tragedia que agobia a esa comunidad.
En la autobiografía que ha publicado recientemente (Mis diversas existencias. A-Z editora, Buenos Aires, 2008), Gregorio Klimovsky dedica algunas páginas a informar sobre sus relaciones con el judaísmo, con el sionismo y con el estado de Israel.
Notable, el artículo que publica hoy Clarín, en su página 21, bajo la firma de Daniel Feierstein. Se titula “Genocidio, delito mal tipificado”.[1]
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